Reinvención de la política

El sistema capitalista siempre está atravesado por contradicciones internas irresolubles, que no se vislumbran si no se mira al origen y al futuro. Lejos de solventar los problemas inherentes al capitalismo, la fase actual de globalización neoliberal los ha agudizado y la mera gestión de los problemas no es sino una forma de justificación. Añadamos que la socialdemocracia ha abandonado este impulso reformista, formando parte en muchos países del impulso neoliberal y, por tanto, más de la contrarreforma autoritaria que de la reforma emancipadora. La fase neoliberal y el proceso de desconstitucionalización, deja al reformismo en un mal lugar y, de no reflexionar sobre el contexto actual, puede fácilmente deslizarse a posiciones reaccionarias.

No en vano, rebeldía, recuperada con el triunfo mundial del mensaje zapatista ("mandar obedeciendo", "parta todos todo", "los rebeldes se buscan entre ellos"), no es sino el alma libertaria que ha perdido todas las batallas (Bakunin frente a Marx; Rosa Luxemburgo frente a Lenin o Kautsky; Trotski frente a Stalin, el anarquismo, durante la guerra civil española, frente al comunismo). Si el reformismo y la revolución implican una discusión sobre estructuras, la rebeldía incorpora la energía, nuevas bifurcaciones en el camino de la libertad. Si reforma y revolución quieren tomar el poder, asaltar el Estado, la rebeldía desafía al poder negándole la centralidad que hasta entonces ha tenido. Se asume la crisis de los grandes relatos y se apuesta por universales concretos. Si reforma y revolución buscan representar el movimiento, la rebeldía insiste en descabezar constantemente el liderazgo de lo múltiple, en negar la posibilidad de una "voluntad general rebelde".

Las formaciones políticas revolucionarias, las que apuestan por cambiar las estructuras mentales y las estructuras sociales, no podrán ignorar el nuevo lugar donde se juega la transformación política, de manera que tendrán que replantear su exigencia militante, su inflexibilidad ideológica, su sacrificio del ahora oscuro por el "mañana luminoso". Tendrán, por tanto, que asumir la enseñanza del zapatismo cuando reclama "un mundo en el que quepan muchos mundos".

¿Es tan complicado trasladar a la política las cosas que merecen la pena? La pedimos al pueblo que nos deje convertir en acontecimientos —referencias de conciencia y celebración— las minúsculas esquinas de la cotidianeidad. Lo frívolo y lo eterno. Mo morirnos de hambre ni de vulgaridad. Habitar en lo que es más grande que nosotros y colaborar en su armazón siendo nosotros mismos. Un proyecto de sentido. Por tanto, colectivo. Desmercantilizado. Politizado.

Frente al shock de la crisis, la reacción popular ante la dictadura de los mercados está teniendo derroteros diferentes a los tradicionales. Se trata de luchar por lo básico, Ahí nace el optimismo. ¿Son acaso mejores los libros de autoayuda o la guía de las vanguardias? Sólo la emoción puede romper la clausura del pensamiento lograda por la sobreinformación, el afán consumista, el miedo al futuro, la negación del pasado y la zozobra ante la incertidumbre y el castigo. Si el sistema sólo entiende de objetos —una hipoteca no satisfecha, un viejo, un enfermo, un interino que encarece la deuda, una protesta que enfada a los bancos—, la sensibilidad devuelve a su lugar al pueblo.

Pero tiene que enfrentar también la hora de la verdad del poder político para que no sea simple humo purificador. Pero sin imitaciones que condenarían al movimiento a repetir los errores del pasado. Sin líderes, sin programa, sin vertebración, el riesgo de desaparición en el reflujo del movimiento está ahí.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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