¿Quién lo iba a pensar? Al venezolano, en ninguna parte le quieren ni a tres por locha

¡Cónfiro, verdad! ¿Quién lo iba a pensar? ¡Cómo se ha devaluado, en este continente nuestro, el gentilicio venezolano! Donde llegamos se disparan las alarmas, la gente pega la espalda a la pared y hasta guarda el celular y la cartera en el sitio más seguro y hasta aprieta las piernas. “No vaya a ser cosa, pues llegaron de esos carajos y mucho guillo con eso”. ¡Ni a tres por locha!, como decíamos cuando esa moneda, la locha, una octava parte del bolívar que de paso era este de plata, ella de níquel, tenía valor adquisitivo en el mercado, no nos quieren en ninguna parte del mundo.

          Es cierto que,  adecos y copeyanos de provincia, de aquellos pegados al corte, con ingresos superiores a los que deberían tener por los cargos que desempeñaban u ocupaciones habituales, preferían enviar sus hijos a estudiar a USA  pues por la dureza de nuestra moneda les resultaba más barato que enviarlos a Caracas. Y las clases altas de esta ciudad, también por lo de la moneda y que sus hijos en las universidades de entonces, donde hasta los jesuitas de la UCAB estaban contaminados de izquierdismo, se salvasen de aquella como enfermedad, optaban por hacer lo mismo. Y uno les escuchaba decir, a ellos que eran los gobernantes y como los dueños del país, “es mejor que vayan allá a estudiar y hasta a quedarse porque este país es una mierda”. Pero eso sí, ellos, los padres, no se iban, por lo menos a quedarse, sino a dar sus vueltas y a comprar, como lo último salido al mercado, porque con los reales que llevaban se podían traer lo que quisiesen, hasta la estatua de la libertad. Acá pues estaban sus negocios y la gallinita de los huevos de oro y siendo así cómo dejar esta vaina.

            Qué los hijos se vayan, por allá estudian, sobre todo la técnica de hacer negocios buenos, para lo que aquí sobra oportunidad, sale más barato, tiene así también uno su casa buena donde llegar las tantas veces al año que allá vamos, como en diciembre a ver a Papá Noel y escuchar una música mejor que esa ordinariez de aguinaldos orientales o gaita maracucha. Les alejamos del peligro izquierdista que acecha en todas las universidades de aquí. Lo malo de ese izquierdismo es que la cogen con la vaina de pensar en justicia social y equilibrio en lugar de los buenos negocios como manda nuestra fe cristiana. Corremos el riesgo entonces de perder nuestras fortunas. Y de paso, a uno, sus padres, los mal juzgan y terminan hasta cuestionándonos por ser adecos o copeyanos olvidando que eso es lo que nos puso donde estamos.  Mejor es mandarlos para allá y alejarlos de esta mierda, donde nada sirve, aunque seamos nosotros quienes gobernamos, pero la verdad sea dicha, esto no sirve, sobre todo cuando uno se siente como rodeado de izquierdistas por todas partes que cuestionan lo que hacemos y no nos dejan disfrutar a plenitud nuestro bienestar.

            Eran los tiempos que venezolanos en donde llegasen, haciendo ostentación de sus reales, decían aquello de “Ta´ barato, dame dos” y vaciaban las tiendas de las ciudades donde iban y en cada bar o restaurant montaban sus fiestas que “yo pago lo palos o la cuenta corre por mi cuenta”. La bonanza del venezolano que no ocultaba, más bien ponía empeño que fuese como su estandarte, hasta hacía aparecer a todo aquel que eso hiciese que era más que eso que tenía y exhibía. Y entonces le tomaban por tipo como por encima y sus puntos subían en la estimación como para que dijesen, “esos venezolanos como dicen ellos mismos, son chéveres, se pasan de buena gente, se les ve por encima y ojalá aquí vengan puros de ellos”. Eran los tiempos de aquel capitalismo de bonanza porque el petróleo tenía un valor estimable, pese en veces tenía sus caídas que la OPEP cuidaba no fuesen tan bruscas como para arruinar a todos los países que de ella formaban parte y los gobiernos nuestros “cuidaban con verdadero celo” sus relaciones con USA, tanto como no salirse de las normas que desde allí dictaban, entre estas hacer lo posible para que el hidrocarburo no subiese mucho, pues allí estaban nuestros principales compradores y entonces decían ellos “quien le tira a su familia se arruina”, que es lo mismo o exactamente “le arruinamos”. Porque en esa relación familiar, íntima nosotros somos los familiares de ellos o los destinados a servirles y pagar los platos rotos. Y el gringo quería estar seguro que ese petróleo estaba allí para ellos y hasta para cogérselo dado el caso en cualquier momento con la anuencia de quienes gobernasen.

            De repente vino un capitalismo que no sé, algún día tendremos que despejar esa incógnita, empezaron a llamar socialismo y donde los hijos de anteriores gobernantes y clases acomodadas emergidas bajo el amparo de ellos, pasaron a gobernar. Quizás, habría que hacer un censo, son muchos de aquellos formados en las universidades públicas y hasta privadas, hijos como dije de quienes antes gobernaron y estos acompañaron, los que pasaron a gobernar y a llamar lo que hacían socialismo. Le compraron fábricas quebradas a sus dueños, a eso le llamaron expropiación y aquellos favorecidos porque por sus propiedades el Estado les dio mucho más de lo que valían y además les quitaron aquella preocupación de la cabeza. Casi se podría decir que “fabricaron” o sacaron de un sombrero empresarios que llamaron “boliburgueses” que terminaron comportándose exactamente igual como quienes definieron como enemigos y la propiedad de todo siguió siendo igual. La sagrada propiedad no fue vulnerada, salvo que alguien pueda decir, sin dejar de tener razón que la suya, personal, fue vulnerada, pero el modelo quedó inmaculado y si no lo creen preguntemos empezando por Polar que nunca no solo ha dejado de ser de los Mendoza, sino también monopolio que como tal hace lo que le viene en gana.

         Eso sí se empezó a pronunciar un discurso tremendista que nada tenía que ver con lo que pasaba, como que los corruptos se fueron ilesos y hasta aumentaron en número y audacia. Y que este socialismo está hecho para acabar con la explotación de los mantuanos –porque hasta así se ha hablado-. Mientras los trabajadores vieron sus contratos secuestrados. Y hasta nos creímos capaces de derribar el orden mundial, quizás un poco obcecados por aquel como complejo de superioridad sustentado en el petróleo y la moneda dura y desafiar a cuanto gigante se nos antojase. Y lo peor es que nunca nos creímos David, que con una honda y la habilidad necesaria podíamos derribar a un gigante, sino que intentamos igualarnos con este y nos auto nombramos vigilantes del espacio.

         Y entonces comenzó a llegarnos la crisis. Menos mal que se vino paulatinamente como con los frenos casi a fondo para bajar por inercia pero sin pausa. Y los venezolanos por primera vez y no por placer o” porque me sale del forro, pues aquí en esta vaina no hay disneylandia y mi papá que es del gobierno y hasta gobierna dice que esto es una mierda”, empezaron a irse. Entre ellos una multitud lleva apostillados sus títulos y enorme experiencia forjada y conocimientos forjados en el país que fuimos pero también unos cuantos demasiados vacíos. Eso sí, todos o casi todos, se fueron sin los dólares de antes porque aquello, lo de antes, fue una loquera de la abundancia y ahora no hay nada de aquello. Llega ahora pues afuera buscando trabajo, no como antes a divertirse, gastar sus reales y para más vainas con una enorme capacidad competitiva y actitud distinta al viajero del pasado.

            Y esto último a nadie le gusta; que venga nadie a la casa de uno a cogerse lo que es mío, quitarme lo que me pertenece, hasta la misma novia o el novio, porque en eso también se cree competitivo como el rico viajero de antaño. Como por la plata baila el perro, antes al venezolano soportaron pero ahora no porque siempre, en todas partes, acá y allá se pregunta ¿cuánto hay pa´ eso?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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