Mi desgracia ajena o como no quejarme

Dijo el poeta uruguayo Mario Benedetti que Un pesimista, es solo un optimista bien informado y en base a esta premisa del brillante bardo oriental suramericano y parafraseando a Teodoro, al decir que a pesar de que vamos mal, podemos estar peor; asumiremos que no todo en esta crisis lo tenemos que ver con el oscuro cristal de la amargura. Miremos por qué:

Ahora estamos en mejor forma física, ya que hacemos más ejercicios sin estar inscritos en esos caros, calurosos y húmedos espacios como son los gimnasios con ese poco de fetichistas y narcisistas mirándose en un espejo para compararse entre sí. Hoy en día nos trasladamos de un lado a otro caminando, debido a que nuestro carro se encuentra parado por falta de repuesto o falta de dinero para comprarlos o porque no queremos hacer interminables colas para obtener gasolina y no pagar la institucionalizada zona VIP o en el mejor de los casos, porque el transporte en camiones de ganado es costoso e incómodo. Somos miles y miles de potenciales atletas de pruebas de resistencia denominadas carreras de medio fondo o fondo, que podríamos competir en algunos juegos nacionales e internacionales.

Entre las decisiones costosas de las personas que no tienen mayores o ni siquiera menores preocupaciones en los países desarrollados, es decidir si convertirse en vegetarianos o veganos. La diferencia entre uno y otro, es que el vegetariano además de su dieta de "come lechugas" le adicionan algunos trozos de proteínas que contienen las llamadas carnes blancas: aves o pescado. En el caso de los veganos, comen solo vegetales sin ningún tipo de proteína de origen cárnico, por aquello de que no quieren comerse una animalito (así sea una hormiga) que fue sacrificado irrespetando su vida, para alimentar a los indolentes y voraces humanos. En Venezuela somos favorecidos ya que nuestra quincena nos permite escoger entre ser vegetarianos y llegar a ser veganos y hasta hemos avanzado un poco mas allá, creando el término de acuagerianos porque complementamos el consumo de vegetales, con bastante agua. Aquí, respetamos no solo al animalito o a la lechuga sacrificada, sino por sobre todas las cosas, al precio de su carne y de las hojitas. Pero en fin, respeto es respeto.

Venezuela tiene bajo su subsuelo las reservas mas grandes de petróleo del mundo, por eso no debemos quejarnos que haya desabastecimiento de gasolina en ciertos estado del país o de manera eventual, en el resto del territorio, porque mas tarde que temprano (creo que era al revés la frase) ese petróleo será convertido en el embriagante combustible. Ostentamos la segunda mayor reserva mundial de oro y si invertimos nuestros ahorros (no se cuales, pero imaginemos que los tenemos) en el refulgente metal y a cambio nos dan un título en papel con letras doradas, no debemos sentirnos mal. Si te dan limones, hagamos limonada. Si nos dan un certificado haremos anillos, dijes o collares con el papel de ese certificado, que para el caso de nuestro país, funciona igual. Además, poseemos incalculables depósitos de gas, no importa si en las bombonas o por el gaseoducto no llegue a nuestros hogares ¿Para que sirve la leña o ya se olvidaron? En el caso de las cocinitas eléctricas, debemos tener paciencia porque los bajones y subidas de voltaje dependen del nivel del agua que tenemos en nuestras represas y los cortes, por los innumerables sabotajes. Lo trascendental de todo esto es que nuestro orgullo debe estar por las nubes (también poseemos abundante nubosidad) ya que hemos sido certificados como el país con mayor riqueza mineral, hidrológica y de bosques en todo el mundo. Eso es lo que importa.

Hemos aprendido mucho de botánica, no solo para la nutrición, sino aplicada a la medicina ¿Por qué debemos seguir dándole nuestro pequeño y tierno estipendio a los inhumanos laboratorios farmacéuticos, si en nuestro patio o en potes, podemos cultivar hierbas, ramas y raíces, para combatir la fiebre, las infecciones, los parásitos, los cambios hormonales, el insomnio, la tensión baja y alta, el azúcar en la sangre (me imagino que las cifras nacionales de esta dolencia han bajado) hasta la caída del pelo y de otras partes? Basta con ver un tutorial en Internet, para convertirnos en doctos y preparar cualquier menjunje que alivié nuestras dolencias del cuerpo y hasta podamos aspirar olores que nos calmen y nos den risa, como lo canta Arjona.

Si hablamos de moda, ahí si en verdad somos vanguardistas y no lo digo por nuestra Carolina Herrera. La vestimenta de las venezolanas y venezolanos la podemos encuadrar actualmente como moda vintage porque cuando "hurgamos" nuestros armarios, las viejas cajas de cartón, y hasta debajo de la cama, descubrimos tesoros muy fashion que con un poco de planchado, zurcido, remendado, pintado y hasta cortado, todos esos trapos y zapatos que no mirábamos ni de reojo y que afortunadamente no regalamos, están en boga actualmente. Es en serio. Si tienes un pantalón roto, una camisa descolorida y unos zapatos medio raros, póntelos con confianza y desfila por las pasarelas en que se han convertido nuestras calles, porque en otros países eso es carísimo. ¡Que privilegiados somos!
En el plano ecológico en nuestro país, a pesar de no existir cifras oficiales, la actividad del reciclaje se ha extendido. Actualmente nos cobran un dineral por cada bolsa plástica y por eso ahora las apreciamos, doblándolas con mucho cariño hasta formar un pequeño triángulo para guardarlas para otra ocasión, extendiendo su vida útil y evitando la acumulación contaminante en los ecosistemas. Tenemos gavetas especiales para depositar cualquier recipiente plástico que nos sirven para guardar o recolectar productos, las botellas de salsas son unos vasos fabulosos y los potecitos de margarina son ideales para cargar comida al trabajo (se jodió Toperware o topergüer en criollo). Aquí nada se bota, porque a cada momento descubrimos nuevos usos o beneficios de las cosas que iban directo al aseo urbano, sin reparar si servían o no. Por primera vez, la educación ambiental ya no es un conocimiento idealista utópico, es una realidad.

Nos hemos convertidos en todos unos banqueros transnacionales, pero con un pequeño defecto. Aun nos confundimos con el nuevo cono monetario y los precios en bolívares soberanos, pero somos unos linces a la hora de valorar los bienes muebles e inmuebles en pesos colombianos y dólares. Todavía hay resistencia con el Petro porque etimológicamente significa piedra y eso causa dudas para su uso. Solo hay que esperar que los colombianos lo acepten y veremos colas en los centros de comunicaciones y los denominados cyberg minando y tranzando con estas monedas tan virtuales, como nuestra fortalecida economía.

Y así podríamos enumerar una serie de situaciones que han convertido al venezolano en un ser creativo y que ha sabido vivir en un desmadre algo organizado. Pero en verdad quise redactar con guasa nuestra realidad, pero al releer mi artículo me he dado cuenta que las cosas son así, tal cual las he descrito, porque sobrevivo dentro de ellas, porque esto es lo que me circunda, porque no me lo han contado, porque lo estoy viendo en estos momento, porque es difícil reírse de las desgracias a menos que uno sea un desgraciado o en verdad cause gracia la situación. Y esta circunstancia crece de manera exponencial e indetenible diariamente, sin visos de detenerse por los responsables de hacerlo, solo letanías de anuncios mesiánicos que en el próximo y enésimo anuncio oficial se encontró la formula para detener la megahipergigainflación inducida y vendrá la tan ansiada reactivación y el fortalecimiento de la economía de nuestra patria. La moraleja a todo esto, en verdad no se me ocurre ninguna, están escasas, acaparadas o lo peor, se acabaron.



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Carlos Contreras


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