Mi brutalidad y el maestro adeco...

Una reveladorra ciber-crónica, esperanza naciente para tontorrones, pánfilos y babiecas. Garrapateada por El Tal Cucho Berbín.

Según El Doctor Peñalver, uno nace bruto o tontorrón y después "se va dejando de eso". Vale decir: Se "des-embrutece" o "des-tonturrece", poco a poco. Y si se agüebonea se queda, irremediable e irreversiblemente brrrruto o babieca toda la vida. Yo soy prueba viviente de que uno, merced a mucho esfuerzo ,-¡No es fááácil!, como solía decir El Afamado Mata-Curas-, ... se puede ir "des-asnando", "des-burrizando" o dejando de ser tontorrón. Deja la naturaleza de borrico rebuznante, tontorrón y comienza a pensar de manera creativa, inteligente. Cada vez eres menos "bocabierta", gilipollas y güebetas.


Yo vine al mundo con una escasa dotación neuronal. Un poquitín así nomás y salgo un soberano y redomado tontorrón. Estaba como destinado ¡Por La Providencia! a ser Dirigente Juvenil de AD en mi adormilado, bucólico, ingenuote y capocho pueblecillo. Cierto, -¡también!-, que a nadie le falta Dios.
Entonces, vino a ocurrir que algunas viejas vende-pepitonas y chipichiperas me hicieran descubrir las propiedades fosfatantes, fosfatosas o fosfatíferas del coro-coro, el boquita de güebo, el bagre jüínche y ... ¡el cataco! Sobretodo, principal y casi abosolutamente este último: EL CATACO.

Me volví "cata-quívoro" (consumidor compulsivo, voraz, insaciable, constante de catacos). El cataco tiene fósforo en demasía. Fósforo que provee nutrientes y hace crecer, robustecer y densificar la red neuronal. Pero no hace milagros el cataco. No es que hoy eres un bruto-tapao-tapara, te "jartas" dos maras de cataco y mañana amanaces vuelto Una Lumbrera, Una Suerte de Rafaelito Caldera Playero. ¡Qué ni Einstein te llega por los garretes! El proceso lleva tiempo. El Tontorrón-Brutacho, El Bocabierta Nato ha de tener paciencia consigo mismo. No exigirse cosas para los cuales su cabecita lerda no le da. Incluso, llevar a cuestas su brutalidad, gilipollés y bocabiertismo con desenfado y un poquitín de orgullo. Del talante de: ¡Sí soy babieca, tontorrón, panga-panga, pánfilo ... ¿Y QUÉ?!

Yo fui bruto ¡bastante bruto y a mucha honra, carajo! como hasta los diez años. No soy avispado, ríspero del todo. Quedan en mi totora, cacúmen o materia gris, trazas de cernicalía, mensismo, lerdismo y escloncería.
Pero sacudirme, desemabarazarme de aquella naturaleza tontuela, de agarrado a lazos y caído de la mata no fue fácil. En absoluto.

Sentía como una suerte de estopa, allá dentro en las entretelas del cacúmen, totora, molleja o materia gris, que me impedía, -como un gruesa tela de caqui reforzado- me impedía, vuelvo y digo, pensar, reflexionar, barruntar, hipotetizar, teorizar, discernir, anticipar o concluir pensamientos. Crear una sola -¡no pedía mucho!- ideíta cuzurra propia era recontra difícil. Me dejaba exhausto.

Casi que me desplazaba en sentido prospectivo, rectilíneo ... porque veía a mis semejantes hacer la misma acción de locomoción bípeda. Vale decir: "caminaba para adelante porque veía a los demás". Y el aguijón verbal sádico de mis contemporáneos adultos: "Sigues así, carajito bocabiertica, y terminarás soportando pesadas pancartas en ese lomo". O de "carga-sánguche" en La Casa del Partido de El Pueblo. Nunca pregunté por el color de tan mentado partido, pero una llamita dentro de mi cerebro de chorlito tontorrón, me indicaba, vagamente, cual era.

Una vez, todo orondo yo, le dije a Tío Lencho, bodeguero de toda la vida: "Cuando yo sea Científico en la Universidad te quito la bodega, Tío"; -¿Tú Científico, Cuchito-Cuchito ...Tú? Si sigues así de apendejecido y caído de la mata ... si llegas a portero de Acción Democrática en Cariaco será como mucho.

"¿Y policía de Cariaco, Tío Lencho? Me han dicho que es Una Carrera Llena de Futuro y Luminosa";-"Menos que menos Cuchito-Cuchito. Los policías de Cariaco tienen bien ganada fama de brutachos, mensos y quedados ... pero no son tan burro-tapaos como la gente lenguaracha opina. Fíjate que algunos de ellos, con bastante esfuerzo mental, por cierto, hasta han reflexionado y ... ¡NO se han inscrito en A.D.!". Tío Lencho era rabiosamente anti-adeco y anti-romulero.

También influyen las juntillas "intelectuales" en la escuela primaria. Yo, en lugar de juntarme con Selmita Troconis, que aparte de estar bien pero bien buena esa carajita, era ... ¡muy pilas, la mar de inteligentita!, andaba Con Plutarco, El Hijo de "Burro con Sueño".

Y mi madrina Licha Montes de Antúnez, me llamaba la atención: -"¿Qué sacas tú de esa amistad, Cuchito-Cuchito si es que Plutarco salió más rrre-bruto que "Burro con Sueño", su papá?. Y decir, Cuchito-Cuchito, que alguien es más rre-bruto que "Burro con Sueño" es decir bastante. ¡Que rre-bruto es ese "Burro con Sueño", carajo! ¡Es insuperable: es quizás El Hombre Más Bruto de esta Orilla de Playa!".
Era Un Modelo Cuasi-Insuperable de Brutalidad el tal "Burro con Sueño". En tal forma y medida que a los niñitos de mi escuela le decían: -"¿No vas a hacer la tarea? ¿No vas a estudiar nadita-nadita? ¡Échale pichón: vas a terminar tan rre-bruto como "Burro con Sueño" o peorrr!

¿Era posible ser más brutacho que "Burro con Sueño"? Mi mentecita de carajito tontorrón, no alcanzaba a concebir aquella desmesura, aquella enormidad, aquel agigantamiento. ¡Más bruto, más rrebruto que "Burro con Sueño"! ... y me acogotaban insomnios, tenía horrendas pesadillas donde me veía en el salón de mi escuela con el vergonzante atuendo de "Tonto de Capirote".

Aunque pareciese imposible: más bruto que Plutarco, El Heredero Genético Des-Intelectual de "Burro con Sueño", era Benavídez Cazorla. En el Horizonte Des-Intelectual de los güarichos de mi pueblo, Benavídez era amateur con fortísimo chance de ser Bruto Peso Pesado. "Burro con Sueño" y su afamada Brutalidad quedarían para el recuerdo y los chistes malos.

Benavídez, de las tablas aritméticas, no pasó más allá de seis más dos. Yo nunca entendía como era que Benavídez no entendía lo que era un triángulo, un rectángulo o un círculo. Le venía al pelo la descalificación de "no sabe ni la O por lo redondo". Mala la gente cuando uno es entre tontarrón, babieca y brutacho. Estaban las viejas chismosas chismeando, -no hay redundancia semántica alguna-, ... y veían venir al pobre Benavídez y afirmaban: "Cuando las cosas son ciertas, pasa El Burro por la puerta".

Pagaba para que le hicieran las tareas, mi amiguito Benavídez. Y pagaba muy bien. Una vez El Maestro Fortunato lo sorprendió pagando por tres meses de tareas a un compañerito listo. Una mara de yucas, seis guayabas, tres auyamas puerqueras, una "medida" de ponsigué y un saco de mazorcas, de las más grandes. Una cornucopia alimentaria, si a ver vamos.

El Maestro Fortunato, levantó, en vilo, por una oreja a Benavídez y lo llevó, casi arrastrando, berreante, debajo de la mata de guayabas del patio de recreo. Algunos niños brutitos, que se estaban copiando las tareas, unos de otros, huyeron despavoridos. La brutalidad era como contagiosa, en aquella, mi querida escuelita.

El Maestro Fortunato sometió a Benavídez a un cruento interrogatorio que yo solo había visto en las películas en blanco y negro del cine mexicano. Preguntas irrespondibles como: "¿Qué hacía usted, -¡exactamente!- a las 9:15 de la mañana de primavera de fecha veinte del año 48, mientras los araguatos despavoridos lanzaban alaridos ululantes tras los mogotes y apareció el cadaver de Nemecio El Saca-Muelas destripado, tieso, jipato,sanguinolento y con ese mosquero en la boca, jaaaah?".

Solo que acá, los crímenes perpetrados por Benavídez eran de naturaleza intelectual-escolar. ¡Pagar por tareas! Tan abyecto y vergonzante como pagar por sexo.

-Mira, carajito ... ¿Tú sabes lo que es un "bofe" y un "sebo"?;-"No maestro, usted sabe, muy bien, que yo no entiendo nada de nada". "Un bofe es como una bola de pellejo. No tiene las bichitas, neuronas, pues, esas regorgayas grises conque uno piensa, carajito". -"¿Las regorgayas conque uno piensa, Maestro Fortunato?"; -"Sí, carajito tontorrón, eso es lo que tú tienes allá dentro en la cabezota deforme esa. Tienes esa bola de bofe forrada con bastante sebo adentro. Y afuera tienes el greñero sucio ese. Ahí no puede entrar ni podrá entrar jamás de los jamases ninguna idea. Cualquiera se equivoca y piensa que tú piensas. ¡Pero qué va! Tú NO tienes la culpa de ser tan bruto. Es el poco de sebo de vaca que tienes ahí adentro quien tiene la culpa, ¡carajo!".

Se fue El Maestro Fortunato, refunfuñando solo: "¿Porque estos güarichos de ahora son tan re-brutos si en mis tiempos -¡ah: mis tiempos, caracha!- todos éramos, ¡sin excepción alguna!, listos, reflexivos, profundos y teorizantes.

Y yo me acerqué a Benavídez que tenía la mirada extraviada, ido, como flotando en mares coralinos. Como si El Maestro Fortunato le hubiese hablado de paralelepípedos inmersos en tangentes oblícuas de neta naturaleza post-algebraica.

-"¿Qué te dijo El Maestro Fortunato, mi llave?"; -"No sé, Cuchito-Cuchito. Una vaina rarísima de un sebo y un bofe que yo tenía dentro de las orejas. Por el hueco pa'dentro. Y un pocotón de pelos, también adentro. Por ahí pa'dentro. Pero no entendí nadita-nadita". No sé, no sé ... yo no he estado nunca en Casanay cuando matan vacas. Ahí es que venden sebo y bofe, según me han dicho.

El insulto y vejamen de Benavídez por parte de El Maestro Fortunato, sí que lo entendí. Lo sentí indefenso como un pajarito bajo un torrencial aguacero. Como una hormiguita en un desierto calcinante sin hojitas que cargar. Por ello, fui donde Mi Hermano Mayor. ¡Ese sí qué era listo!

-"¿Así es la vaina?" me dijo Mi Hermano Mayor, cuando le conté en detalle el sadismo de El Maestro Fortunato. "Okey: él jodió a Benavídez. Ahora eres Tú el que tiene que prepararse para que NO te jodan a tí. Por ahora NO vas a SER inteligente. Vas a PARECER inteligente, que es bastante".

-"¿Cómo me preparo, Hermano Mío?"; -"Muy fácil: agarra este Diccionario Larousse gruesototote y este cerro de "Selecciones del Reader's Digest". Léete todas-todas esas revistas. O las más que puedas. Sacas las palabras más raras y las buscas en el diccionario. Las anotas en un papel. Te las llevas en un bolsillo. Y después le picas alante al Maestro Fortunato: antes que él te pregunte a tí ... ¡Tú le preguntas a él!"

Pasé la noche leyendo y anotando preguntas raras.
Al día siguiente, ni siquiera esperé a estar dentro del salón de clases. En el pasillo y a la vista de muchos compañeritos de clase, le pregunté al Maestro Fortunato: -"Maestro, téngase la bondad y la fineza, por favor y con su permiso: -¿Qué es "un coleóptero de pezuña hendida", ah?". Fortunato me miró boquiabierto, desconcertado. "-Ah: ¿No sabe?; ¿Por qué no sabe, ah?" ¿Usted es maestro y no sabe? -le dije, con cierta sañita. -"No es que NO sepa sino que en este instante ... NO me acuerdo", dijo confuso y poco convincente. Sentí el placer de un boxeador que pega su primer recto al mentón.

Fortunato intentó huir. Pero mi hermano, que había aprendido estas tretas, con un primo pícaro en un liceo de Carúpano, me había advertido: -"No dejes que se te escape Fortunato. Es como un pesca'o: si lo tienes bien cojío con el garapiño, no me lo sueltas, a ese carajo Fortunato; ¡duro con él, bien duro!".

¡Tenga la fineza: No se me vaya, Maestro Fortunato, por favooor!, le grité. Los niños, a quien Fortunato había llamado brutos, cerebros de sebo, bofe y burros tapaos -¡qué eran muchos, evidentemente!-, me seguían alborozados. De alguna manera se sentían vengados. Comenzaba yo a sentirme algo así como "El Vengador Literario-Intelectual Errabundo".

-¡Maestro Fortunato!: ¿Qué es "hirsuto", "cuasi-ágrafo". "paralelepípedo" y "nauseabundo", jah?. A estas alturas, Fortunato percatábase que la vaina no era un simple juego inocentón. Que yo quería humillarlo y ponerlo en feo. Aceleró tanto el paso que mis cortitas paticas de chamo no lo alcanzarían. Cuando ya casi cruzaba el pasillo hacia la dirección le grité a todo gañote: -Maestro Fortunaaatooo: ¿Hay Vida en otros Planeeetas? ¿Es verdad que La Luna causa las mareas? ¿Qué es un año luz? ¿Cuánto es de aquí, contado en años luz, de este pueblo playero a Alfa Centauro?; El Maestro Fortunato hizo un gesto como quien se sacude un enjambre de abejas molestas y se esfumó. ¡Y allí sí que arrancó a correr!

En La Noche, le conté a mi hermano mayor, con lujo de detalles, el encuentro con El Maestro Fortunato. Exageré a propósito. Según mi persona, El Maestro Fortunato se había puesto sudoroso, pálido, tembleco y hasta como medio gago. Que los niños lo acoquinaban con alaridos: ¡Contesta, pues! ¿Tú no y que sabes mucho! ¡Contesta, carajo, contesta! Mi Hermano Mayor gozó una bola. Después, a la luz, de una vela, se puso a buscar, personalmente conmigo, palabras más raras y preguntas más extrañas.

Y lo que para mi fue un éxtasis paroxístico: me coloco una mano en el hombro y me dijo: "Usted , Mi Hermanito Querido, está dejando de ser pendejo y bocabierta".

Casi no dormí. Fui de los primeros en llegar a la escuela. Repasé las preguntas con mis compañeros que me esperaban como mi pequeño ejercito vengativo. Esta vez iban a preguntar, aparte de mí, algunos de los que El Maestro Fortunato había humillado con su bendita metáfora atorrante del bofe y el sebo.

Lo esperamos en el pasillo y no apareció. "Ese gran carajo está ya en el salón de clases", dijo Benavídez."¡Vamos pa'llá, no joda!", agregó Benavídez con formidable y resuelto espíritu guapetón y formapeos. En el salón de clase lo esperaban sus alumnos "tontorrones". Nos turnamos y no apareció esa mañana. Ni la mañana siguiente, ni la otra ni la otra.

Pasadas tres semanas completas, fingimos preocupación y fuimos donde El Director de La Escuela a indagar. El director nos comunicó que Fortunato estaba enfermo y había pedido permiso por dos meses. "Está como acongojado de melancolía. Ese hombre tiene una cosa rara: no quiere que le hablen de enciclopedias, conocimientos o escuela. Raro, raro, muchachos. Y ¡precisamente él!... Él que se veía tan culto, ríspero e informado".

Pusieron una interina muy bonita. Tremendas piernotas blancas, senos de melón, sonrisota lindísima y mucho cariño. ¿Quién iba a estarle haciendo preguntas necias a esta "bellezura"? Tiempos después nos enteramos que Fortunato había pedido cambio para Cumaná.

Le eché el cuento a Tío Lencho que no estaba enterado. Rió a mandíbula batiente. Y me dijo: "Ese vergajo es un ADECO COBARDE. ¿Te diste cuenta el poder que da leer mucho-mucho, Sobrino Cuchito-Cuchito?" ...
Con razón llamaban a Tío Lencho, "El Filósofo Auto-Didacto".



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Cruz Berbín Salazar


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