Las pícaras aventuras de Paquita la vende-maní

Una ciber-crónica garabateada por el metiche de El Tal Cucho Berbín.
Dedicada con cariño al Doctor Toñito Vivas Santana.

La Ubicación Espacio-temporal de esta Ciber-crónica son los años setenta y nuestros viajes, de Cumaná a Mérida. A la ULA, con más precisión, donde cursamos nuestro pregrado. Partíamos, temprano en la noche, de Cumaná al Nuevo Circo, Caracas, en un catanare de autobús. Amanecíamos en Caracas y había que esperar todo el santo día para abordar, temprano en la noche, de nuevo, "Expresos Alianza" o "Expresos Mérida", para llegar a Mérida.

Ello dejaba todo el día libre para explorar las inmediaciones de "El Nuevo Circo" en busca de aventurillas picantosas. Por ese tiempo, a instancias de panas bachilleres de El Tigre, "buenas juntillas", conocimos los burdelitos econónicos -¡Jejeje!- , "de precios solidarios", que se ubicaban en La Avenida Baralt.

Justo allí, una dulce tarde sorpresiva, conocí a una chica singular e inolvidable: "Paquita La Vende-Maní". Así llamada porque expendía maní tostado en los burdelitos. A poco descubrí que la venta de maníes era una fachada para evadir a los tombos "martilladores", que extorsionaban a todo lo que se moviese y tuviera uñas. Ya se dijo: de los maníes, Paquita no se mantenía. "La Moña", como me diría después la misma Paquita, -cuando nos volvimos panas-, estaba en la otra mercancía oculta que solía arrastrar en un pesado fardo de lona. Paquita vendía mentol, brochita china y otros retardantes sexuales, condones -de serio y circunspecto latex y algunos ¡bochincheramente! polícromos; o el obsceno condón "cresta de gallo"-, cigarrillos de contrabando, Ying Seng -para la energía constante y las virilidades débiles. Los "depurativos colombianos" -¡la propia panacea salutífera!: para purgarse y "limpiar" el organismo, aclarar la piel, alisar "el pelo chicharrón", bajar el colesterol dañino, aminorar pedorreas, meantinas, sofoquillos y temblores, remedio infalible para insomnios y despechos, espantar "la mabita" ... -y muchísssimas más cosas. Pero no quiero abrumar al ciberlector. A pesar de lo estrambótico de la oferta, los "depurativos" se vendían "como pan caliente", para decirlo con un lugar común muy manoeado. Para las putas, Paquita vendía Las Pantaletas Floreadas con Encajes (e ¡incluso! -¡Jejeje!- algunas con "pequeños faralaos fru-frú") y Las Pantaletas de Pechera de Huequitos con fines refrescantes. Con fuerte refajo sujetante en la entre-nalga. Así como también los sostenes "Tetica", furor de la moda en aquel lejano y brumoso entonces. Ropa interior que alguien le hacía llegar de Conejeros, Margarita.

Y cosa harto curiosa: cuando Paquita La Vende-Maní se desocupaba de la venta de sus mercancías, -¡también!-, alquilaba el tesorito de su entrepierna para ganar, según me confesaría mucho tiempo después, ...¡DINERO EXTRA!

Por ese mismo tiempo abrigaba yo en mi sesera el febril y delirante deseo de convertirme en escritor ...-¡Muy serio! Y con esa osadía que da la ignorancia, me decía que iba a arrancar con Un Extenso Volumen de Relatos Urbanos. "Espantajos, Esperpentos y Piltrafas Humanas de La Jungla de Concreto" era el título rumboso y estridente que había escogido yo. Y que yo, -chico ignaro de la escena literaria-, juraba me catapultaría directo al Hall de La Fama Literaria Nacional. Con los derechos de autor y probable versión cinematográfica de mi producción ficcional, me vendría billete parejo y a borbotones. -¡Yo iba "a salir de abajo"!, Yo te aviso, Chirulí.

Para ayudar a cimentar, investigativamente, "Mi Gran Proyecto de Literatura Urbana", yo procuraba conocer, codearme, departir y amistar con personajes citadinos de carne y hueso: pícaros, tipejos de dudosa moral, parguetes banderudos, jóvenes noctámbulos, snobs y cachaperas showy de "Sabana Grande", uno que otro malandro no tan peligroso, gente cerrícola, mujeres prostis y rueda-libres, borrachos que habían sido víctimas de infames cachazos y que "ahogaban su barranco sentimental en alcohol", tombos retirados con pasado represivo y sádico, taxistas chismosos, barberos parlanchines, choferes de diputados adecos, vende tuttis (...) Fauna y especímenes rotundamente urbanos, pues. Llené enormes cartapacios de anotaciones porque hacía entrevistas disimuladas.

Por ello, por ser citadina a rabiar y muy singular ... invité una tarde a Paquita La Vende-Maní, después de desocupada de esto, lo otro y estotro. Iríamos a departir copas en un bar de mala muerte de los alrededores de El Nuevo Circo. Nos recibió una atmósfera de denso humo cuasi-irrespirable. Se escuchaban deliciosas rancheras a todo volumen y pegajosa y bullosa música costeña colombiana. Paquita reía una risa dulce y cantarina. Como que palomas volanderas y no sonidos escaparan de su boca."Hay que bamboleo, hay que bamboleo, se va la hija de Guillermina/ todos se alborotan, todos al verla cuando camina", sonaba la música envolvente. Hablábamos, casi a gritos Paquita y yo. Y sorbiendo ¡ávidos! mucha cerveza. Ahí me fijé yo, por vez primera y a plenitud, lo muy buenotota, lo ricotona, lo exhuberante y atractivota que estaba "Paquita La Vende-Maní". Y de lo cual yo -¡en mis nubosas loqueteras literarias!- NO me había percatado.

Paquita descendía de padre guajiro y "una negrota sólida" (así la describía y contaba Paquita) de Birongo. Y Paquita había heredado -genéticamente- lo mejor de Papi y Mami. ¡Jíjoles, Chigüagüa! Tenía el pelo negrísimo, lacio, brillante y los ojos rasgados de la etnia wayuu esta Paquita. Y la piel de azabache y pantera, la cintura breve y el pompi macizo, protuberante, saludable y saltarín de las negras de Birongo. Yo -de puro necio y dado que habitaba en celestiales lares narrativos - no hice insinuación erótica alguna. Una rebajita solidaria. "Un poquito de tu amor, Un poquito (...)", dice el merengue. Al cierre de la "entrevista", lancé una pregunta como al desgaire: "Paquita, eres una dama extremadamente elegante; ¿Por qué, entonces, vendes tu hermosura e intimidad a desconocidos en La Jungla de Concreto?" Aquella parrafada mensa de fandanguillo rockolero pegostoso debió haber sonado extremadamente güebeta a oídos de una mujer corrida y experimentada como Paquita. Pero sin inmutarse me contestó: -"¿Por qué hago lo que hago, Bachiller? ¡PORQUE LOS REALES ME GUSTAN POR DEMASSS!"

Y uno recuerda, -¡forzosamente!-, a Edgard Zambrano. Es responsable de La Bancada Adeca en La Asamblea Nacional. Según El Patriota Cooperante "Perro Chucuto", además de ello, "le chorrea por ahí", de otras muchas fuentes, su gordo billullo. Usted le ve la cara seriesota, el flux cortado a la medida y, seguramente, el tufo de colonia cara en el estudio televisivo. Y se preguntará: -"¿Por qué hizo lo que hizo, ah?" ...

En el caso de Luis Florido la cosa es peor. Tiene real como para tirar para arriba. Posee su compañía -"Servi-Food"- con la cual importa comida y víveres mil. Huelga decir que vende su mercancía a los mismos precios -¡Jejeje!- solidarios, humanitarios y accesibles de los árabes agallúos y los mercachifles chinos lambucios y locheros. ¿Por qué "se dejan ver la hilacha" tan harto re-feo? ¿Será que, -como a Paquita La Vende Maní-, les gusta el dinero ¡POR DEMASSS!?

Falta un tercer escándalo, de mayor magnitud y cuantía, según El Patriota Cooperante "Leche 'e Puerca".

AL QUE SI QUE NO LE CHORREA UNA MOÑITA CHIQUITICA DE BILLULLO POR NINGÚN LADO ES A ESTE CIBERCRONISTA. ¡Qué de cosas ... ¿no?!

POST SCRIPTUM:
Usted es ADECO de pura cepa, Doctor Vivas Santana. Decente, creo yo. Pero estos gáifaros malucos, a los cuales les dan real, para que viajen a Europa a denunciar "El Neo-totalitarismo", como usted lo define, con envidiable precisión léxica, y se embolsillan el dinero, "le están echando la burra pal monte". A usted, como BUEN ADECO QUE ES y al otrora Partido del Pueblo. Y -¡carajo!- así no se vale. Mi solidaridad para con usted.



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Cruz Berbín Salazar


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