Maduro, el odio y la falta de respeto

"A little respect (just a little bit)"

Aretha Franklin

"….y terminaron lavando pocetas, como esclavos y mendigos"

Nicolás Maduro

"Por favor, Presidente, respete para que lo respeten"

Teófilo Santaella

I.INTRODUCCIÓN

Respetar es una forma especial de estar, de ser, de actuar. ¿Por qué no respetaron los nazis a sus víctimas? ¿Por qué no respeta quien maltrata a su pareja, o quien contamina los ríos, donde echa sus escombros sin importarle? El mundo de quien respeta no está, en realidad, ante sus ojos, sino detrás de ellos, en el trasfondo de su pensamiento. Quien tortura, maltrata o contamina, ve, y hasta puede ver claro y diáfano. Pero le da igual. Tiene la realidad delante, la percibe como cualquier otro, pero no la toma en consideración. Su mirada no va más allá de lo que ve. Aunque esté atenta, le importa poco lo que percibe, no le envía mensajes al fondo de su pensamiento. El gobierno (autentica fábrica de migrantes) hace lo mismo cuando echa cada mes miles de venezolanos al exterior. El Estado-Gobierno (Maduro) no le importa tratar al migrante como escoria humana; no falta poco para que trate a los migrante como "gusanos contrarrevolucionarios".

Por eso un buen espectador no es necesariamente alguien que percibe bien las cosas que tiene ante él. Porque con tener delante no basta para ver. Esa es la lección de la filosofía romana sobre la griega, tan confiada en la theoría o pura contemplación. También nos contemplamos cada día en el espejo, pero esa imagen no nos dice nada hasta que dejamos de mirarnos al espejo, cuando cerramos los ojos o damos media vuelta. Entonces, en pocos instantes, sentimos que "nos vemos bien" o pensamos "si no estaremos aún despeinados". Es decir, al tiempo de ver hacia fuera le sigue, para ver bien, y considerar lo que vemos, el ver hacia dentro. El respeto recoge eso. Respetar (del latín respectare) es como volver a mirar (spectare), re-mirar, con la vista en retrospectiva hacia atrás, es decir, vuelta al fondo de nuestro pensamiento, para acabar de percibir bien, considerándolo, eso que vemos delante o aquello que vimos allí, momentos o incluso años atrás. Respetar es tener un miramiento. En español se usó antiguamente el verbo respectar con un sentido similar. Quien no respeta evita este volver a lo visto y remirar, por si olvidó algo o se equivocó. Sólo mira hacia delante, que sin mirar también hacia atrás puede ser claramente una forma de escape.

II. Respeto

El respeto es una base sobre la cual se sustenta la ética y la moral en cualquier campo y en cualquier época. Tratar de explicar que es respeto, es una tarea difícil, pero podemos ver en el día a día donde se encuentra: actitudes, palabras, obras, etc. Respetar a alguien es tratarlo de acuerdo a su dignidad. Esta dignidad propia requiere de los demás un comportamiento adecuado, de modo que las faltas de respeto voluntarias son una injusticia, por incumplimiento de ese deber. En cambio, donde hay respeto reina un ambiente cordial y amable, y predispone al diálogo y a la comprensión de sus componentes.

El respeto puede ser considerado como la virtud más básica para la convivencia. Hoy en día se nos muestra muy unido a la propuesta ética kantiana, remitiendo al principio de no tratar a ningún ser humano como puro medio. Lo que planteo aquí es estimularlo como virtud, como disposición interiorizada que se expresa habitualmente en un respeto hacia los demás que se desarrolla en la "consideración debida" y en el "trato" correspondiente.

En cuanto virtud, puede ser concebida como la maduración moral del sentimiento correspondiente que no ignora el principio señalado. Porque "respeto" no solo remite a ese imperativo moral y a su valor de fondo de la dignidad. También remite a sentimiento. Esto se manifiesta en expresiones como "X me infunde respeto" o "siento respeto por ti o por lo que has hecho".

El sentimiento de respeto madurado como virtud pide, para empezar, que se sustente de modo generalizado en vivencias de simetría básica: las que implican la asunción reflexivo-emocional de que todos los seres humanos, por diferentes que seamos en miles de aspectos, somos iguales en cuanto sujetos de dignidad, y que desde ahí nos merecemos unos a otros un mismo respeto, que es el respeto básico, y que se expresa como reconocimiento de que todos somos fines en sí y que, por tanto, no debemos instrumentalizarnos. "Siento respeto por ti, en cuanto sujeto de dignidad". Pero el respeto puede tener también otras dinámicas.

En primer lugar, pasando a contemplar nuestras diferencias de condición, unas involuntarias, otras voluntarias (ser mujer u hombre, tener una religión u otra, o ninguna, haber nacido en un país u otro, tener una orientación sexual u otra, ser de un partido político u otro, etc.), el sentimiento de respeto se vivencia como respeto empático a lo que las personas son, haya o no haya identificación del que respeta con lo que son. Como respeto, también, al derecho a ser diferentes, con todo lo que implique esto. "Siento respeto por ti en lo que eres, en cuanto perteneciente a tal grupo, respeto tu derecho a serlo".

En segundo lugar, el respeto puede dirigirse a las opiniones y acciones que, motivadas por sus decisiones libres, llevan a cabo las personas concretas, más o menos conexionadas con esas resituaciones en grupos identitarios. También a logros globales que han conseguido con acciones constantes en una dirección dada. "Siento respeto por lo que has hecho, incluso aunque no esté de acuerdo con ello; te reconozco tu derecho a hacerlo". "Siento respeto por lo que has logrado ser". Si el respeto es empático, puede avanzar hacia el diálogo y la cooperación, desarrollándose así como dialogaiidad.

El afinamiento ético del sentimiento de respeto, su constitución como virtud, se da cuando se distingue claramente entre lo que debe ser respeto incondicional, el ligado a la dignidad al margen de lo que seamos y hagamos, y lo que es respeto condicionado (todas las demás variables contempladas en las que media la libertad humana). Condicionado precisamente a la primera forma de respeto. Merece respeto el ser humano en cuanto sujeto de dignidad, pero, precisamente por ello, no lo merecen aquellas concepciones de la realidad, expresiones, acciones, construcción de hábitos, etc. que implican que no se respeta la dignidad de alguien. Incluyendo aquí el irrespeto a la dignidad de uno mismo, por ejemplo en ciertas formas de veneración a las autoridades.

Buena parte de estas consideraciones se pueden asumir desde la categoría de tolerancia. Hablaríamos entonces de virtud de la tolerancia. Creo, de todos modos, que es más ajustado asumirlas desde la categoría de respeto, porque la primera tiene siempre un deje de aceptar lo que se soporta, y lo que es de derecho no debe ser ligado a esta actitud. Ahora bien, de la categoría "tolerancia" puede retomarse que queda bien definida moralmente cuando se define bien lo intolerable, aquello que estamos obligados a no tolerar. Este modo de hablar da un énfasis especial a esta cuestión. Pues bien, lo que no se puede tolerar es el quebrantamiento de los derechos humanos, esto es, la violencia en sus diversas expresiones. El tolerante es aquí no el que se inhibe, sino el que lucha denodadamente contra esas conductas, porque es así como se garantizan los espacios legítimos de tolerancia. Solo que, detalle fundamental, lucha contra ellas en el más escrupuloso respeto de los derechos humanos, porque de lo contrario se hace culpable de la intolerancia que pretende combatir.

En definitiva, dicho con el lenguaje de la mesotés se trata de respetar y tolerar en su justa medida, que excluye el tolerar lo intolerable (vicio por exceso) y el no respetar lo respetable (vicio por defecto). Si antes la sociedad empujaba hacia el segundo de los vicios, hoy, en su versión como sociedad liberal, no es raro que nos incline hacia el primero.

♥En la educación para la convivencia y la paz hay que sacar de esto un corolario para el educador. Es en principio bueno y positivo que respete las diversas opiniones morales de aquellos a quienes acompaña en el proceso de formación, que, incluso en espacios educativos como la escuela, se muestre neutral ante ellas, para no coartar su libertad y en el marco de la educación del respeto que debe fomentar. Pero siempre que las opiniones se enmarquen dentro de la legitimidad contemplada por los derechos humanos, pues, si no es así, se le impone la no neutralidad, el rechazo. Ha calado bien que no se puede ser neutral ante la violencia de género. Pero, igualmente, tampoco se debe ser neutral ante opiniones que legitiman o "comprenden" la violencia terrorista (u otras violencias).

La virtud del respeto debería ser la constante de las personas en la esfera privada y pública. La vida ética no deberá contentarse con ella y pedirá además implicaciones de justicia y solidaridad más en positivo, pero siempre asumiendo este mínimo en negativo que supone dejar ser, dejar hacer. En este sentido, el respeto como principio y como virtud es el freno moral básico frente a la violencia.

III. Bibliografía que ha influido en este articulo

  • FETSCHER, I. (1996), La tolerancia. Una pequeña virtud imprescindible para la democracia. Barcelona, Gedisa.

  • SENNET, R. (2003), El respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad. Barcelona, Anagrama.



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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