Alquimia Política

Mi país, mi voto

"…la libertad es más importante que la igualdad…"

Karl Popper

Las elecciones 1983, realizadas el domingo 4 de diciembre, me recuerda mucho al nuevo proceso electoral a darse el próximo 20 de mayo del 2018, por que aquellas elecciones se realizaron en medio del inicio de una severa crisis económica, producto, sobre todo, de la depreciación del bolívar, la cual había comenzado diez meses antes en el famoso viernes negro; el gobierno saliente de Luis Herrera Campins, tenía un alto índice de rechazo, el cual se extendió a su partido, COPEI, y a su candidato, Rafael Caldera. El partido Acción Democrática, que postuló a Jaime Lusinchi, un candidato sin carisma ni discurso, con una oposición interna fuerte de su propio partido, ganó los comicios electorales con un 52,72%, contra un 34,54% del candidato de COPEI. La izquierda participó en estos comicios dividida, como siempre, por un lado, el ala centro-izquierda de Teodoro Petkoff, quien obtuvo 4,17% de los votos, por otra, el ala, un tanto más a la izquierda, de José Vicente Rangel, con un 3,34%, y otros partidos alcanzaron un 5,23%. Si el bloque de Gobierno se hubiera unido entonces a la izquierda y a los demás partidos, hubieran alcanzado un 47,28%, todavía AD ganaba con una diferencia del 5,44%, solamente por el inmenso peso de la crisis económica.

En aquellos días contaba yo con quince años, no votaba por supuesto, y mis padres estaban adheridos a COPEI, recuerdo con suma tristeza la noche del 4 de diciembre al ver a mis padres congojados por la derrota, pero entendidos que ese era el camino que el propio partido se había labrado ante decisiones económicas tan desacertadas y con una carga burocrática asfixiante que doblegaba duramente la posibilidad de ganar adeptos para seguir posesionándose del Poder; de haber ganado Caldera la historia iba a ser otra, quizás con un final aún más incierto. Lo crudo de la anécdota es que yo, adolescente aún, no me afligí por los resultados, si por la tristeza de mis viejos, pero el resultado me pareció fantástico: se vendió una idea, se compró, el pueblo decidió y cambió el estatus del Gobierno. Se dio la democracia y eso para mí era lo más valioso. Luego entendería de trampas y corrupción electoral, pero aquella pantomima democrática me gustaba, me gusta la competencia, pero más me gusta la competencia justa, con valores y con discurso político profundo.

Estamos ante las puertas de otro proceso electoral que ya no se sostiene solamente en la imagen y el legado de un líder; ya Hugo Chávez descansa en paz, está en su plano espiritual y bajo otros signos y significados. La realidad de país, deteriorada, maltratada, humillada, por quienes Gobiernan y por quienes hacen Oposición, es hoy un panorama tan negro como aquellos días de Herrera Campis. La situación económica, inducida o no, es catastrófica; se nos está muriendo los enfermos por falta de medicamentos, comemos lo que podemos y sobre todo, trabajos como hormigas o abejas obreras laboriosas y no reunimos ni la cuarta parte de lo que necesitamos para vivir. Mi generación, al menos que sea corrupta, podrá llegar, bajo esta condición de existencia, al promedio de vida que son los 75 años, porque de no cambiarse este modelo multiplicador de miseria y pobreza, no podremos contar con las mínimas posibilidades de conservar la salud y la vida plena.

Soy de convicción revolucionaria, anarquista, libertaria; pero también soy intelectual, hombre dedicado al pensamiento crítico, al escrutinio de los saberes, y no puedo estar a favor de posturas políticas que no son tolerables con la libertad y con los principios excelsos de garantizar la vida de quienes hemos aceptado vivir en sociedad y someternos a sus leyes, para tener la garantía de subsistir y trascender en un proyecto de vida en el cual pueda ver a mis hijos y mis nietos crecer en paz y bajo banderas de tolerancia y amor al prójimo. Sostengo mi compromiso con la Patria, no vine a este mundo a enriquecerme en ella, sino a servirle, pero como van las cosas no me sirve el discurso político, aspiro revisión, rectificación y reimpulso.

En cuanto al discurso de Oposición, tan vacío, tan estéril, tan violento, no puedo más que temer, que estar bajo condición siempre de sospecha de cuál podría ser nuestro futuro bajo la égida de un fanatismo religioso delirante o la consigna de un progreso capitalista salvaje. La incertidumbre y las dudas invaden estos días pre-electorales; pero en ningún momento me ha pasado por la mente dejar de ir a votar. El voto es mi consagración ciudadana, mi gran triunfo como persona natural de este, mi país; el voto me reencuentra con los valores más grandes de mi visión bolivariana, martiana y zamorana; con esos valores que no traiciono al decir mis críticas a un Gobierno que está entrampado en un socialismo mal interpretado y mal concebido, porque podemos ser socialistas sin necesidad de someter al pueblo al sacrificio de la desidia y su inevitable autodestrucción. El pueblo cree en sus líderes y se deja llevar por ellos y termina oculto en el baúl cuando llegan los tiempos de fruta madura y solamente los "enchufados", los "abusadores del poder a través de las armas", son los llamados a decir que tienen Patria y que ellos son los buenos. Estos falsos líderes son los que nos están marchitando los sueños y nos colocan en el duro sendero de la historia de ver partir a nuestros amigos y vecinos en aventuras emigrantes o ver morir a niños por falta de antibióticos o desparasitantes.

Uno de los sabios más reconocimos del siglo XX, Karl Popper (1902-1994), nacido en Viena, considerado uno de los pensadores más destacados en la temática de la filosofía de la ciencia, en su autobiografía titulada "Búsqueda sin término", publicada originalmente en 1993, expresa que al principio estuvo predispuesto a oír ideas socialistas, porque para él más importante que las banderas ideológicas o mesiánicas, estaba la necesidad de acabar con la pobreza. Él se califica en su autobiografía de socialista en sus primeros veinte años de vida, al punto de que antes de escribir filosofía e identificarse como un divulgador científico moderno, hizo intentos por ser obrero, por pertenecer a esa clase marginada de la sociedad industrial europea. Destaca Popper: "Durante varios años seguí siendo socialista, incluso después de mi rechazo del marxismo; y si pudiera haber una cosa tal como el socialismo combinado con la libertad individual, aún seguiría siendo socialista. Porque no puede haber nada mejor que vivir una vida libre, modesta y simple en una sociedad igualitaria. Me costó cierto tiempo reconocer que no es más que un bello sueño; que la libertad es más importante que la igualdad; que el intento de realizar la igualdad pone en peligro la libertad, y que, si se pierde la libertad ni siquiera habrá igualdad entre los no libres…"

Coincido con Popper, necesitamos de un discurso político que proyecte el socialismo como lo expuso Hugo Chávez en varias alocuciones públicas: "socialismo es igual a democracia". Y una democracia se logra respetando las decisiones de la mayoría, pero también cultivando los espacios ganados de la minoría, porque esa minoría es pueblo y padece tanto o más vicisitudes que la inmensa mayoría que no teniendo acceso a todo se conforma con ese "algo" que da el Estado. No puedo estar de acuerdo con "regalar los peces", eso va contra las leyes de Dios y de los hombres; estamos enseñando a un pueblo a vivir en la miseria, a no entender que estudiar más es bueno, a glorificar el fraude, la especulación, el oportunismo. Estamos tolerando la discordia, el abuso, el consistente golpe al respeto de lo ajeno. Una empresa cierra sus operaciones de manera directa y legal, y surgen voces de expropiación, de abuso del poder, de la pillería en nombre de la igualdad. Ese país no es Venezuela; ese país hoy representa la necesidad de un voto, de una decisión firme de todos por producir un mensaje: somos ciudadanos y no estamos contentos, pero votamos.

Las ofertas para el 21 de mayo es que todo comenzará de cero; que tendremos, ahora sí, un Presidente enfrentando la economía que ya se fue de las manos de la lógica económica y ha pasado al terreno de la magia y el encanto predigitador de las mujeres venezolanas que con su gallardía salen a las calles a buscar, hasta por debajo de las piedras, sustento para sus hijos; los bonos de ayuda y la carnetización al estilo del nacismo contra el pueblo judío, es intolerable. Hemos consentido caer en un Estado excluyente, que no nos valora por nuestros talentos sino por nuestra incondicionalidad. Un socialista, un verdadero revolucionario no vive de dádivas, vive de su trabajo, de su esfuerzo y de su compromiso social con sus semejantes. El pueblo va a votar, va a cobrar, y va exigir que a partir del 21 de mayo nuevos vientos confronten la tormenta y estoy seguro que renacerá la esperanza de nuestro pueblo; por mi país, mi voto.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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