Para medir lo que cambia en un Estado-Nación basta medir lo que no cambia

Yo no soy leguleyo ni jurista y ni mucho menos soy un observador avezado ni confiable al respecto del tema -lo mío es otra cosa donde, por cierto, ni como pez en el agua, mas, ahí sí me defiendo alguito- pero, si de otras "fiestas" me han echado, ¿qué es una raya más para mí si de defender a mi patria se trata?

Fijaos, a veces dispongo confrontar lo que parece ser con lo que parece no ser para yo hacerme de la hebra de la madeja y una vez que creo tener los pelos del burro en mi mano, entonces es cuando entro en conflicto con el más pintao, si es preciso.

Lo que pasa es que ahora la revolución anda en batalla, lo que nos obliga a pensar y decidir en movimiento, para lo cual, si se es cerebro lento, uno mete la pata hasta la cacha, así que a comer avispa porque cigarrón atora.

Al confrontar la Constitución gringa con la venezolana y sin ir a fondo sino apenas por encimita resalta que mientras aquella data de más de ¡dos siglos!, la nuestra apenas data de menos de ¡dos décadas! y ya está en remojo para ser puesta a tono; mientras, la gringa despide un tufo de avellanada, rancia, caduca con respecto a toda comparación, la nuestra reluce vigorosamente actualizada, moderna.

La Constitución gringa consta apenas de siete artículos y de alrededor de treinta enmiendas (este dato no es del todo fidedigno sino aproximado, dejo al dilecto lector corroborarlo); mientras, la nuestra Constitución es contentiva de 350 artículos y una sola enmienda.

Mas, no se trata sólo del aspecto cuantitativo sino del hecho cualitativo lo que amerita ponerle el ojo; además, gravita en todo caso el hecho histórico y que debe ser digno de escarbar.

A mi modo de ver el Estado no debe ser eterno porque la realidad es cambiante y eso demanda ajustes pero en el caso gringo sucede que dicha Constitución fue diseñada por una élite para sí, no para el bienestar del pueblo que les atañe; así que pasa y pasa el tiempo y ellos bien orondos.

En los círculos científicos se debate que el tiempo es relativo y supongamos que así sea; de modo que si nada está inmóvil tampoco pueden medirse las distancias exactas entre las cosas y entre los fenómenos y mucho menos puede determinarse el tiempo que media entre uno y otro acontecimiento, de tal manera que lo más que pudiere hacerse es medir el cómo determinado objeto o fenómeno se mueve con respecto a otro.

Ahora, que cada quien saque su cuenta; la gente suele tomar sus decisiones para bien o para mal en función del conocimiento fidedigno o erróneo que posea de su realidad y ese es el quid del asunto a la hora de votar y escoger o un modelo de gobierno propio, genuino, o, en contrario un modelo extraño, antidemocrático, esclavizador.

Para uno obtener el conocimiento de algo -digamos que buscar lo que le conviene- no basta buscar lo que lo confirma sino además se puede buscar lo que lo niega ya que a mayor cantidad de datos la realidad verdadera se configura mejor, se fortalece, se afianza; así también para medir lo que cambia, también se puede escarbar buscar lo que no cambia.

¿Qué es democracia y qué no es democracia a la luz de estas modestas razones?

Pero, a la hora de uno hablar de cambio debe apellidar la naturaleza de ese cambio, es decir, si dicho cambio es para bien o es para mal.

En tal sentido considero que está a la vista a la luz de la somera reflexión que os he dejado como evidencia estructural, que nada es más conveniente y propicio para un verdadero cambio que el proceso revolucionario bolivariano y chavista.

Mientras el modelo de gobierno Estado-Imperio gringo tiende a esclavizar más y más a los pueblos e inclusive al suyo propio; en cambio, el modelo bolivariano de Estado-Nación se fortalece y sirve de ejemplo para el mundo entero.

Otan:

Y por ahí en la Asamblea Nacional Constituyente y Plenipotenciaria está en estudio una modernización constitucional de extraordinaria importancia para la patria venezolana, así que es bueno entrompar ese asunto con seriedad.

Antes, hay que ir el 20-Mayo a llenar de votos, a llenar de fuerza, a llenar de pueblo a Miraflores porque la revolución chavista es la que ha valorizado el voto de todos e inclusive le concedió derecho a voto a la FANB, derecho que la oposición siempre le negó y hasta está dispuesta a quitárselo, en el supuesto negado de ellos acceder al poder.

Así que ¡moscapil! -(moscas con las pilas puestas)-.


 



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Guillermo Guzmán


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