Los perros se sienten desamparados

El periodista llegó y tomó asiento en uno de los bancos de la plaza Corazón de Jesús que lo cobija la sombra de un Guayacán, de ahí lanzó la vista hacia la esquina de la casa de la Sra. Dora y se recordó que ahí mismo quedaba la bodega del Sr. Ernesto Ordaz, respetado comerciante que llegó a la Tacarigua de Margarita, procedente de Altagracia, pueblo de negociantes. En ese mismo establecimiento llegó un día su amigo Jesús Salazar (Chúa), con un hambre que lo devoraba y compró dos panes de a locha y los masticaba con tanto gusto, que el Sr. Ernesto le dijo a su señora: "Mira Isabel, a regalo de apetito, quien lo tuviera, carajo".

Sumido estaba en sus pensamientos, que ni se dio cuenta que la perra Cegueta había llegado a saludarlo y hasta le movía la colita, y entonces el reportero se dedicó a saludarla y a preguntarle, por sus preocupaciones.

- Para decirte verdad nos sentimos desamparados, le dijo la peluda tajantemente.

El periodista se quedó pensativo y como para no desanimarla, le dijo que había ciertas personas que aún son sensibles y se preocupan por las mascotas y sobre todo por los perros que son los más que abundan. "Incluso sé de gente que han montado fundaciones y con sus propios recursos y otras contribuciones están ayudando a los caninos que estaban en situación de calle", apuntó el periodista.

- Eso es verdad y es plausible y hasta lo he conversado y discutido con mi grupo. Pero en cuanto a las autoridades gubernamentales, llámese ANC, gobierno nacional, regional y local y organismos que les compete el control de precios de nuestros alimentos y sobre todo de la perrarina y gatarina, qué han dicho, qué han hecho y qué hacen. ¿Dime usted, qué es periodista y debe estar enterado?

El reportero sintió que le clavaban fríamente el cuchillo de la realidad en pleno pecho y asombrado con la exposición de la perra Cegueta, le acarició el lomo y el cuello, al mismo tiempo que el aire de la indolencia de los que tienen la palabra en el asunto, le revoloteaba en la cara, que le causaba una impotencia que lo entristecía y hasta le dijo a Cegueta: "Si yo tuviera un poder, estimada amiga, para ayudarlos, no escatimaría esfuerzo, mientras tanto mi arma para ver si me escuchan es la palabra".

La perra Cegueta se alejó y el periodista se quedó sentado con la tristeza sobre sus piernas.



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Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

 emalaverg@gmail.com      @Malavermillo

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