El negocio de las tabacaleras

Fumar cigarrillos es comprar la muerte. El gran negocio de las tabacaleras a nivel mundial, es vender la adicción por la nicotina a toda la gente enferma, que compra la suciedad del tabaquismo en un abrir y cerrar de ojos.

Hasta un niño que sufra el peor retraso mental, sabe que fumar cigarrillos es malo para la salud. Más allá de la discapacidad intelectual y de la discapacidad cognitiva, el cerebro de cualquier niño con Síndrome de Down, puede comprender perfectamente que fumar cigarrillos, reduce la esperanza de vida de todos los consumidores.

De hecho, todo el Mundo sabe que fumar cigarros, produce enfermedades cancerígenas para los consumidores, pero gran parte del Mundo compra y disfruta fumar a diario, el sagrado sabor que se inhala y se exhala por la feroz boca del lobo.

Estamos seguros que fumar cigarrillos es comprar la muerte. Todos los días compramos la muerte, porque la venden a muy buen precio, y porque las tendencias autodestructivas son tan libres y tan legales, como desperdiciar el milagro de la vida por un momento de eufórica nicotina.

Hay consenso mundial sobre el daño a la salud que causan los cigarrillos. Es muy difícil que toda la Humanidad comparta un mismo criterio, pero tanto los fumadores empedernidos como los fumadores esporádicos, son conscientes del grave perjuicio que provoca el cigarro en el cuerpo humano, y aceptan que viven presos en el error.

Pero si fumar es tan malo para la salud, entonces surgen varias interrogantes: ¿Por qué millones de personas fuman diariamente cigarrillos? ¿Quién dice que fumar cigarros destruye la calidad de vida del individuo? ¿Por qué no se prohíbe la compra y la venta de los cigarrillos en las calles?

Sin duda nos encontramos con valiosas preguntas, que deben ser respondidas para hallar la luz de la verdad, y contrarrestar el gran humo de la ignorancia y su oscuridad.

Los jóvenes, los adultos, los ancianos. Todos fuman cigarrillos, y se siente bien fumar esos cigarrillos, porque hoy me siento más vivo que nunca, para disfrutar la rebeldía de la juventud, para luchar con el trabajo de la madurez, y para olvidar la triste ancianidad.

Chinos y americanos, blancos y negros, hombres y mujeres, ateos y religiosos. El cigarrillo no es rechazado y no es discriminado por nadie. Todo el Mundo levanta el clásico par de deditos, para sostener con firmeza la cicatriz de principio a fin, y para después pisotear el recuerdo de la amargura con el zapato, con la bota o con el tacón.

Todas las personas que voluntariamente deciden fumar cigarrillos, están condicionadas a un hecho negativo eventual o a un hecho negativo permanente, que causa la pérdida de la capacidad de discernimiento, y produce la equivocación en el razonamiento.

Todas las personas que caen en el círculo vicioso de los cigarrillos, comparten una misma negatividad emocional, que puede ser la consecuencia de la ansiedad, de la depresión, de la marginación social, del estrés laboral, de la falta de autoestima, de la crisis económica, de los desamores, del acoso escolar, de la envidia, y de cualquier otro factor negativo que castigue la salud mental de las víctimas.

Fumar cigarrillos es perder la salud mental, es perder la salud física, y es perder la salud espiritual. Detrás de un fumador de cigarrillos, se esconde la represión de sentimientos que se inclinan a la ira, al dolor y a la culpa.

Cuando recibimos un insulto que no merecíamos recibir, generalmente maltratamos a la próxima persona que dialogue con nosotros, aunque esa persona no era culpable de nuestro enfado. Es un acto reflejo muy común en la sociedad, que simboliza la sed de venganza que todos tenemos por dentro.

Como no pedimos disculpas, esa persona ofendida buscará y ofenderá a otro individuo, para poder desquitarse de la injusta ofensa recibida. Es una historia que se repite hasta el infinito, y suele ocurrir de forma inconsciente en la mayoría de los ciudadanos.

La misma situación ocurre con el tabaquismo. Después de fumar cigarrillos, deseamos que otras personas también fumen como nosotros, siendo una clara señal de venganza por parte del fumador, que se oculta en un supuesto lazo de empatía y amistad.

Vemos que la industria tabacalera rentabiliza esa necesidad de venganza, y por eso los cigarrillos son tan populares y tan codiciados, porque sutilmente representan la violencia de la colectividad.

Dígale a un fumador que los cigarrillos son malos para la salud. El fumador siente vergüenza porque sabe que usted tiene la razón, y puede reaccionar con insultos, sonrojándose, quedándose en silencio, amenazando con agresiones, o huyendo del lugar donde se encontraba fumando.

Las víctimas no son conscientes del victimario, porque todavía no conocen la saliva del enemigo, no conocen la garganta del enemigo, y no conocen la lengua del enemigo.

Los fumadores piensan que un simple cigarrillo no es malo para la salud, porque suponen que es mejor fumar cigarrillos, antes que fumar otras drogas nocivas como la cocaína, la heroína y la morfina.

Una vez que decides fumar cigarrillos, y toses la combustión que sientes por primera vez, te empiezas a sentir más seguro, más alerta, más vigorizado. La falta de seguridad personal que sufre el fumador, es aliviada con el engaño psicológico que te hace sentir el cigarrillo, provocándote la falsa ilusión de mayor autocontrol, mayor concentración, y mayor desinhibición.

Por eso fumar cigarrillos, termina siendo una necesidad, una obsesión, una adicción. Una droga tóxica que debo consumir para poder vivir las 24 horas, para poder relacionarme socialmente dentro de mi entorno, para poder cumplir con las obligaciones domésticas, y hasta para poder acallar esas voces dentro de mi cabeza, que rechazan la absurda decisión de fumar.

No puedo dejar de fumar, porque simplemente el cigarrillo se adueñó de mi vida, controla mi voluntad, controla mis pensamientos, controla mi mente, controla mi cuerpo, controla mi tiempo, controla mi vida, controla mi existencia. Simplemente no puedo dejar de fumar, porque el cigarrillo se adueñó de mi vida.

Resulta insólito que la nicotina pueda apoderarse del individuo, pero definitivamente lo consigue. Resulta insólito que el alquitrán pueda carcomerse al individuo, pero definitivamente lo consigue. Resulta insólito que compremos voluntariamente la muerte, pero siempre la compramos en los supermercados, en las licorerías, en las tiendas de abarrotes, en las universidades, en las cárceles, y hasta en las iglesias.

Es impresionante ver en las calles, plazas, parques, y demás sitios públicos de las geografías hispanas, como las miles de colillas de cigarrillos se hallan esparcidas en los suelos, lo cual aparte de producir una constante contaminación ambiental, también nos demuestra el alto grado de negatividad que confronta la sociedad global, y vemos como el cigarrillo termina siendo el placebo preferido por el mundanismo humano.

Con los cigarrillos siempre se pierde. Algunos pierden un día de vida por cada cigarrillo que fuman, otros pierden una semana de vida por cada cigarrillo que fuman, y quizás usted pierda un año de su vida por cada cigarrillo que fuma. Por eso decimos que con los cigarrillos siempre se pierde, nunca se gana, siempre se pierde.

Te sientes como un perdedor, y por eso decides fumar cigarrillos. Quieres sentirte respetado en tu vecindario, quieres ser como ese famoso actor hollywoodense, quieres que todos los fracasados te vean fumar en las calles. Te sientes como un poderoso perdedor, y por eso siempre decides fumar los poderosos cigarrillos.

Inhalar y exhalar ese humo primario lleno de traiciones, de humillaciones, de pecados.

Lo más preocupante, es que la inhalación del humo secundario que reciben los individuos que no fuman cigarrillos, también predispone la aparición de peligrosas enfermedades respiratorias y cardiovasculares, por lo que nuestra salud se puede complicar a corto y a largo plazo, debido a los malos hábitos de la muchedumbre.

Pero el Mundo me dice que fumar cigarrillos es divertido, es relajante, es lo máximo.

Hoy el Mundo te pide que fumes, y mañana ese mismo Mundo te obligará a fumar.

Te obligan a fumar los cigarrillos, porque con el dinero que malgastas comprando esos cigarrillos, siempre ganan las transnacionales, siempre ganan los gobiernos, siempre ganan las discotecas, siempre ganan las publicidades, siempre ganan todos excepto tú.

Dime cuál es tu marca y cuál es tu cajita preferida. Marlboro, Lucky Strike, Bravo, Montecristo, Hamilton, Belmont, Fiesta, Fénix, Viceroy, Ángeles, Ejecutivos, Latinos, Santa María, Álamo ¿Muy fuerte o muy suave? Casino, Monseñor, Flor Real, Chesterfield, Jet, Pall Mall, Excalibur, Faros, West, Tatuaje, Consul, Cupido, El Aroma, Don Juan, Puyana, Manrique, Hermes, Fonseca y Perdomo.

La industria tabacalera se dedica a jugar con la salud de los consumidores, quienes se enferman por culpa de los ingredientes tóxicos de los cigarrillos, que incluyen la nicotina, el arsénico, el alquitrán, el cromo, el cadmio, el plomo, el monóxido de carbono, el mercurio, el amoníaco, el cianuro de hidrógeno, la acetona, el benceno, el tolueno, el níquel, y más de 4.000 sustancias químicamente tóxicas para el cuerpo humano.

Fumar cigarrillos rompe el corazón y destruye los pulmones, los riñones, el cerebro, el sistema circulatorio, el páncreas, la laringe, el sistema inmunológico, la epidermis y el aparato digestivo, para que recibamos la mala noticia y la mala suerte del cáncer pulmonar, de la bronquitis crónica, del enfisema, de las úlceras gástricas, del infarto de miocardio, de las jaquecas, de los ataques de asma, de la hipoxia, de la trombosis, de la osteoporosis, del insomnio, del envejecimiento prematuro, de la disfunción sexual, de la infertilidad, de las caries en los dientes, y de las alergias en la piel.

Estamos ciegos, somos testarudos y vivimos en tinieblas, por eso prendemos el fuego y fumamos los cigarrillos.

La industria tabacalera te convierte en una chimenea ambulante, y dudamos que la ambulancia te rescate con signos vitales, porque ya no hay sangre, ya no hay oxígeno, ya no hay estrellas.

Es estúpido que el Ser Humano busque su propia muerte, fumando cigarrillos que aceleran nuestro eterno descanso en el cementerio. Entre las mil y un maneras que existen para morir, es realmente estúpido que uno mismo condene su destino.

Pero vivimos en un Mundo tan idiotizado, que la lógica es promesa de aburrimiento, y es la endiosada sociedad del consumo masivo, la que impone sus propias reglas de juego, con ese capitalismo salvaje que te obliga a fumar más y más cigarrillos, porque el diablo sabe que nadie tiene la voluntad para despertar de la pesadilla.

Como venezolano me duele reconocer, que Venezuela sufre una grave crisis económica en todo el país. Sin embargo, resulta triste observar como muchísimos venezolanos que viven ahogados en la pobreza, siguen malgastando el poco dinero que reciben de sus salarios, para comprar los cigarrillos y fumarlos en las principales calles venezolanas.

Aunque esos venezolanos podrían haber utilizado ese dinero, para comprar pan y alimentos que realmente ayuden a sus familias, ellos prefirieron malgastar el dinero comprando más y más cigarrillos, que terminan siendo más basura incomestible para Venezuela.

Analizando el mencionado ejemplo, podemos observar el alto grado de adicción que producen los cigarrillos, y también observamos la atrofiada mentalidad de los sumisos consumidores, que es destruida por la descontrolada necesidad de fumar.

Millones de venezolanos y millones de venezolanas, que son conscientes de la crisis social y de la crisis económica que estamos resistiendo, pero también son conscientes de la necesidad que sienten por fumar más cigarrillos, lo cual genera un mayor grado de impotencia, frustración, y resentimiento en el discernir de los consumidores.

Es horrible darse cuenta que un palito envenenado, puede controlar fatalmente tu vida. Más allá de terapias grupales, sesiones de hipnosis, parches, caramelos, libros didácticos y ejercicios holísticos, yo creo que es terrible darse cuenta que un palito envenenado, puede controlar absolutamente tu vida.

Tu vida es controlada por transnacionales tabaqueras como: British American Tobacco, Imperial Brands y Philip Morris, que no se cansan de fabricar la enfermedad con los cigarrillos, y que no se cansan de comercializar el cáncer a los consumidores.

El año pasado murió mi tío Horacio, quien era el menor de cinco hermanos. Me sorprendió que estando en su lecho de muerte, postrado en la cama junto a sus seres queridos, él recordó sus equivocaciones y se atrevió a maldecir a los cigarrillos.

Mi tío Horacio dijo en voz alta ¡Malditos sean los cigarrillos! Mientras miraba fijamente a su única hija, que estaba embarazada y tendría a su hijo en dos meses.

Horacio no pudo conocer a su primer nieto, porque para ser abuelo se necesitan neuronas saludables.

Mi tío Horacio soñaba con poder abrazar y besar a su nieto. Fue su mayor anhelo antes de morir, pero por culpa de una vida entregada al vicio de los cigarrillos, terminó siendo el tío más joven en morir por culpa del cáncer.

Yo aprendí muchísimo de esa trágica experiencia, porque aunque todos sabemos que es muy malo fumar cigarrillos, cuando ese problema se encuentra dentro de tu familia y te afecta personalmente, puedes entender que la vida no es un chiste, y que debemos cuidarla hasta que tengamos fuerzas para sobrevivir.

Debemos saber que anualmente, el cigarrillo mata a más de 7 millones de fumadores a escala global, y si los 7 millones de fumadores que mueren anualmente por culpa del cigarrillo, tuvieran la posibilidad de volver a nacer en la vida, estamos seguros que se transformarían otra vez en los 7 millones de fumadores, que anualmente mueren a escala global por culpa del maldito cigarrillo.

Quizás el cigarrillo sea un mal necesario para la Humanidad, porque si tantas personas deciden doblegar su voluntad por un asqueroso cigarrillo, pues esos millones de animales disfrazados de personas inteligentes y con sabiduría, no merecen seguir poblando y saturando los laureles del inmortal planeta Tierra.

Es cierto, fumar cigarrillos es comprar la muerte y es vender la vida. Pero la muerte es cobarde por naturaleza, y hay un cielo azulado que brilla para los valientes, para quienes se arrepienten de corazón, y para todos los que buscan la salvación.

Tenemos que recapacitar y no seguir cediendo ante las presiones diarias. Tenemos que aprender a decir NO quiero, NO me gusta, NO lo necesito. Tenemos que mirarnos frente al espejo, y preguntarnos qué rumbo estoy dándole a mi vida.

Quizás sientas miedo de caminar ese rumbo, tal vez llores muchísimas lágrimas a lo largo de ese rumbo, y es probable que hoy empieces a vivir un nuevo rumbo.

Una semilla de cambio, un valor que ayer perdiste y hoy recuperaste, una lección de dignidad, un sueño por conquistar, una oración por rezar, un nuevo sol por vivir.

No importa si tocaste fondo en la vida, porque si realmente tocaste el fondo y sigues vivo, entonces ahora tienes una nueva oportunidad para levantarte, y empezar a enderezar tu rumbo desde cero.

Naciste para ser libre y vivir en libertad, NO para ser un esclavo de las tabacaleras.

Desde mi cibermedio Ekologia.com.ve quisiera rescatarte del abismo de cenizas.

Por favor, recuerda lo que te estoy diciendo. Naciste para ser un hombre libre y para ser una mujer libre. Ustedes no nacieron para ser las cenizas de la desgracia.

Hoy es un buen día para rechazar el cigarrillo, y vivir el milagro de un nuevo amanecer.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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