ANC y desprivatización de la contabilidad burguesa

El lenguaje de la burguesía está preñado del argot comercial: usted pasa por la puerta de una tienda cualquiera y usualmente un asalariado lo invita para que "pase adelante" con el atávico y medieval tratamiento de: ¡caballero!

Una vez adentro de esa tienda, jamás le preguntarán cómo se halla usted, como está su familia, ni se interesarán por su salud, salvo que esa tienda comercie con medicinas hechas mercancías.

Le preguntará: ¿qué desea?, en el bien entendido que usted busca y compraría una que otra mercancía de las de su inventario, de las que tiene en venta, con lo cual le da a entender que su tienda no es ningún centro de acopio de bienes, sino de dinero o capital bajo el ropaje de bienes o valores de uso que suelen ser demandados o necesitados por ese potencial cliente o "venado" que pase delante de su depósito de capital en especie.

Buscar trabajo, aprender un oficio o profesión para poder trabajar para vivir con sus propias fuerzas, es una de las primeras enseñanzas que recibimos desde la pubertad. La Matemática aritmética se nos enseña no por respeto a Pitágoras ni a Arquímedes ni a Malba Tahan, sino porque no hay trato alguno ni transacción mediada y centrada en compraventas que no requiera el uso de los números en su expresión más elemental; se trata de los números empleados para sumar y restar como sencillas operaciones aritméticas o aisladamente consideradas.

En tal sentido, la Contabilidad Burguesa o comercial es la expresión más genuina de un lenguaje cuyos vocablos expresan cantidades de dinero, es decir, valores comerciales, valores de cambio o cantidades de capital manejado en el comercio, en fábricas y hasta en el hogar del más humilde de los asalariados.

En este caso, los números contables reemplazan en sí mismos los valores de uso que poco importan como tales dentro de las fábricas o talleres y en los inventarios de los intermediarios de las compraventas o tiendas comerciales en general, pero sí en mucho como cantidades de capital.

Cuando asentamos la plantilla de trabajadores con sus nombres y apellidos, estas designaciones son nombres aplicados al capital ya que a ningún patrono le importa si se trata de Fulano, de Zutano o de Mengano. Asimismo ocurre cuando asentamos x cantidad de Bs.F como importe de una maquinaria destinada a la fabricación de y producto, y para nada importa si se trata de la marca comercial A o B.

De manera que el Estado debe mantener un celo extraordinario a fin de que los capitalistas no sigan comprando los servicios de estos dignos profesionales a quienes hasta ahora no sólo le sacan plusvalía como a cualquier trabajador de otro tipos de trabajo, sino que terminan quebrándoles su ética profesional y dignidad personal. Por ejemplo, se nos ocurre que el ejercicio de esta vital función económica debería ser reservado a la Administración Pública, o sea, debería desprivatizarse el ejercicio de la Contabilidad Pública que de por sí de pública jamás ha tenido un pelo.



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Manuel C. Martínez


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