¿Quién eres tú,Jesús de Nazaret?

"No fue ciertamente un filosofo ni un tribuno. Pero debió de vivir de tal forma que cada uno de nosotros, en cualquier momento de su vida,puede comenzar un nuevo porvenir"

Roger Garaudy

"yo no creo en su resurrección, pero no ocultaré la emoción que siento ante Cristo y su enseñanza. Ante él y ante su historia, no experimento más que respeto y veneración"

Albert Camus

"Él cree en la vida y en lo viviente, que es todo lo que deviene, y llama a la vida verdadera, a la vida eterna, que no es una promesa para el futuro, sino una realidad presente en el interior del ser humano"

Friedrich Nietzsche

I.

En el evangelio de Marcos, desde el momento en el que Jesús se hace presente en su vida pública, comienzan las preguntas sobre él: ¿quién es este?, ¿qué pasa aquí?,¿qué es esto? Jesús es alguien que suscita preguntas. Su vida, su persona y su doctrina causan extrañeza y no dejan a nadie indiferente. Pero, ¿qué podemos decir de Jesús? ¿Cómo expresar el misterio contenido en su persona? ¿Qué sabemos de él? ¿Qué nos dicen los evangelios de él? ¿Quién era? ¿Qué dijo de sí mismo?

A los ojos de sus contemporáneos Jesús pasó como un hombre de Nazaret, una aldea de apenas 200 habitantes, situada en la región de Galilea, que jamás es mencionada e los textos del Antiguo Testamento. ¿De Nazaret podía salir algo bueno? (Jn 1,46). Jesús fue criado en el seno de una familia modesta, que no destacada en nada. A los ojos de todos era el hijo de unos humildes artesanos. Es probable que nadie supiera que era de la descendencia de David. Nadie pudo imaginar una concepción extraordinaria ni sospechar que fuera más que un hombre, nacido de mujer, nacido bajo la ley. Su niñez y juventud nos son completamente desconocidas. Aparentemente, no debió destacar en nada. Era uno de los tantos, el hijo del carpintero (Mc 6,1-3). Jesús fue formado, como los niños de su tiempo, a base de la Biblia. No consta que frecuentara las escuelas de rabinos ni que hiciera estudios especializados. No fue formado para ejercer ningún cargo importante. Si aprendió a escribir aunque nunca utilizó la escritura para comunicarse (Jn 8,6). Su padre legal, José, le enseñó el oficio de artesano. Podemos imaginarle viviendo en aquella pequeña casa de Nazaret, vestido con su túnica blanca, aprendiendo el oficio de carpintero, subiendo a la sinagoga, comiendo pan y pescado, acostado sobre sobre su estera y cubierto con su manto. Y así fue creciendo a la vista de todos. ¿Cómo sería Jesús a los cinco, a los diez, a los quince o a los veinte años? ¿Cómo se vería él mismo? Amaba, reía, soñaba, sufría, gozaba y rezaba como todos los demás. Vio el mundo con ojos humanos y así pudo contemplar cómo los hombres habían desecho la belleza de su obra y cuán necesitados estábamos de salvación.

En su actividad pública, Jesús no presentó rasgos muy distintos con respecto a los rabinos de su tiempo. Se desplazaba de un lugar a otro, llevando un mensaje, hablando con la gente allí donde la encontraba: en la casa, en la calle, en los caminos, en las plazas, en las sinagogas, en pleno campo, junto al lago. Pero todos se dieron cuenta de que había un aire nuevo que prendía el corazón. No era un rabino como los demás. Hablaba con autoridad y con poder. Todo brotaba limpio de sus labios. Un grupo de discípulos se reunió en torno a él y él los llamó para que le siguieran. Pero Jesús se topó muy pronto con la clase dirigente del pueblo de Dios. Su postura ante de la ley fue un motivo de disgusto continuo para los fariseos. Jesús llegaba al fondo del corazón más que a las observancias más mínimas de la ley. Y quiso dejar muy claro que, con su venida, aquella ley divina había llegado a su plenitud. Su palabra era la ley que los hombres debían escuchar. Pero su comportamiento resultaba todavía más escandaloso que su enseñanza. Llevó su mensaje a todos aquellos a quienes la sociedad de su tiempo consideraba impuros: los leprosos, los publicanos, las prostitutas, los pecadores. Por eso, apenas comenzó a llamar la atención de los hombres, un cerco hostil se ciñó en torno a él, la desconfianza y el descrédito le siguieron a todas partes: "Es amigo de los publicanos, quebranta el sábado, no respeta las leyes, no tiene en cuenta la tradición de los mayores…". Lo raro del caso fue la unanimidad de todas las fuerzas para oponerse a él. La luz fue sofocada por las tinieblas. Cuando estalló el conflicto todos le dejaron. Fue colgado de una cruz, como u vulgar esclavo del Imperio romano, traicionado y vendido por uno de los suyos, renegado por otro, abandonado de todos. Cuando la losa del sepulcro fue corrida sobre su cuerpo muerto, nadie hubiera dado ni un céntimo por su memoria. Seguramente todos pensaron que había desaparecido para siempre. Su figura se había desvanecido como una llama que se apaga sin dejar rescoldo alguno.

Pero la historia de Jesús no terminó. ¿Qué pasó al amanecer de aquel domingo, el día más radiante de toda la historia humana? El Espíritu del Padre sopló sobre aquel cuerpo muerto y la vida retornó a él. Pero ¡qué vida! Fue la inmortalidad dichosa la que se apoderó de aquel cuerpo que había sido la mansión del Hijo de Dios en la tierra. Uno de los nuestros había vencido para siempre a la muerte. Gritos de victoria se oyeron en nuestra tierra: "No busquéis entre los muertos al que vive". "No está aquí: ha resucitado". "Oh, muerte, ¿dónde está tu aguijón?". Una era definitivamente bella había amanecido para toda la humanidad. Dos mil años de historia no han podido apagar su voz ni borrar su recuerdo.

No tenemos una biografía completa de él, pero a través de todos esos testimonios aparece una imagen completamente inconfundible, iluminada con fulgores divinos desde el día de pascua, una figura impresionante a la que nadie ha podido suplantar en la historia de los dos mil últimos años. El mundo no ha creído en una idea, sino en una persona histórica, que nació en Belén y murió crucificado en Jerusalén en los días del procurador romano Poncio Pilato. La fe transmitida por sus discípulos, testigos de su vida, proclama que él es "Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, que por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo". Y nosotros seguimos esperando que un día volverá y expresamos nuestro deseo con las mismas palabras que las primeras generaciones cristianas: Marantba, es decir, ¡Ven, Señor! Y estamos convencidos de que sólo hay una cosa importante: haberle encontrado a él para la verdadera vida.

II.

La reflexión teológica sobre Jesús de Nazaret es precisamente el ámbito privilegiado donde la ética se convierte en teología primera, sobre todo en su actual orientación histórica, que recupera la humanidad de Jesús, y en su vertiente moral, que se centra en la praxis de Éste más que en sus títulos o en las definiciones dogmáticas sobre Él. Con el paso del "Verbo Encarnado" al "Jesucristo Libertador" y del Cristo paciente al Jesús de Nazaret inconformista se ha producido en la cristología un cambio de paradigma de importantes consecuencias teóricas y prácticas. Leonardo Boff expresó muy certeramente este cambio de paradigma en su obra Jesucristo Libertador cuando hablaba de las nuevas prioridades en la cristología actual que hoy pueden reformularse de este modo: lo antropológico sobre lo esclesiológico, lo utópico sobre lo fáctico, lo social y comunitario sobre lo individual, lo histórico sobre lo mítico, el método inductivo sobre el deductivo, la mediación socio-analítica sobre la lectura literal, la hermenéutica sobre la lectura fundamentalista, la vertiente público-liberadora sobre la privada-espiritualista, las actitudes y la práctica de Jesús sobre las definiciones dogmáticas de corte metafísico en tono a la persona de Jesús y a la unión hipostática.La cristología ética es la que mejor responde a la imagen de Jesús presentada en los evangelios como una persona de gran talla moral. Arnold Joseph Toynbee, lo sitúa en paridad con filósofos morales y reformadores religiosos como Buda, Confucio y Sócrates.

En el reconocimiento de la talla moral de Jesús de Nazaret coinciden personas creyentes de todos los credos y no creyentes de todas las ideologías. Jesús se salva de casi todas las críticas dirigidas contra Dios, la religión, las Iglesias, las instituciones y las personalidades religiosas, etcétera. De él todo el mundo habla bien. Seguidamente se mencionan algunos de los más significativos testimonios que convergen en el reconocimiento de su opción ética por los marginados y excluidos.

En su obra La religión dentro de los límites de la sola razón, ImmanuelKant presenta a Cristo como "ideal del bien" y "maestro de designios divinos, pero personalmente muy humano". Georg Wilhelm Friedrich Hegel , en su obra de juventud Historia de Jesús, lo tiene por un "hombre cultivado", reformador moral y pedagogo para el cambio.

Incluso los más críticos con respecto al cristianismo hablan bien de Jesús de Nazaret. Friedrich Nietzsche, que considera a Dios como "nuestra más larga mentira", condena al cristianismo como "la única gran maldición […], el único instinto de venganza" y califica a Pablo de Tarso como <>, es decir, mal mensajero, pero cuando se refiere a Cristo, su lenguaje es de profundo respeto por la autenticidad de su enseñanza y coherencia. "Este "buen mensajero" –dice de él– murió tal como vivió […], tal como enseñó –no para "redimir a los hombres" sino para mostrar cómo se ha de vivir–. Lo que él legó a la humanidad es la práctica. Su comportamiento ante los jueces, ante los sayones, ante los acusadores ante toda la especie de calumnia y burla –su comportamiento en la cruz. Él no opone resistencia, no defiende su derecho, no da ningún paso para apartar de sí lo más extremo, más aún, lo provoca […] Y él ora, sufre, ama con quienes ama, en quienes le hacen mal. Las palabras dichas al ladrón en la cruz contienen el evangelio entero […]. No defenderse, no encolerizarse, no hacer responsable a nadie […] Por el contrario, no oponer resistencia ni siquiera al malvado, amarlo […]."

El filósofo polaco Leszek Kołakowski ofrece el siguiente perfil: "Jesús hizo a Dios accesible para todos […] recorrió el camino que, antes que él, habían abierto los profetas judíos. Su dios no prohíbe casarse con las hijas de los infieles ni recomienda exterminar a otros pueblos; dice que todos los justos constituyen un pueblo […]. Para él no hay griegos ni judíos […]. Que no existen pueblos elegidos, amados por Dios y por la historia más que otros, destinados por eso a dominar por la fuerza a otros pueblos en nombre de un derecho cualquiera […]. Que los valores fundamentales de la humanidad son patrimonio de todos y que ésta constituye un pueblo: he aquí una idea que ha venido a ser parte inalienable de nuestro mundo espiritual gracias a la doctrina de Jesús".

Algunos libros recomendables.

Aguirre, R. (ed), Los milagros de Jesús. Perspectivas metodológicas plurales, Estrella, Verbo Divino, 2002.

Arregi, J., Cristianismo historia mundo moderno, Nueva Utopía, Madrid 2011 Boff, L, Jesucristo y la liberación del hombre, Madrid, Cristindad 1981.

Castillo, J.M., La ética de Cristo, Desclée de Brouwer, Bilbao 2008.

Feurbach, F., La esencia del cristianismo, Trotta, Madrid 1995.

Gonzáles Faus, J.I., Acceso a Jesús. Ensayo de una teología narrativa, Sígueme, Salamanca 1995.

Guardini, R., La esencia del cristianismo, Cristindad, Madrid 1977.

Kolakowski, L., "Jesucristo: profeta y redentor", en Varios, Los Marxistas y a causa de Jesús, Sígueme, Salamanca 1976.

Küng, H., Cristianismo, esencia e historia, Trotta-Círcuito de Lectores, Madrid 1997.

Lucianis, R., Regresar a Jesús de Nazaret. Conocer a Dios y al ser humano a través de la vida de Jesús, PPC, Madrid 2014.

Marina, J.M., ¿Por qué soy cristiano?, Anagrama, Barcelona.2005

Martín Descalzo, J.L., Vida y misterio de Jesús de Nazaret, Sígueme, Salamanca 2008.

Martínez Díez, F., ¿Ser cristiano hoy? Jesús y el sentido de la vida, Verbo Divino, Estrella 2007.

Nietzsche, F., El anticristo, Alianza, Madrid 1992.

Nolan, A., ¿Quién es este hombre? Jesús antes del cristianismo, Sal Terrae, Santander 2009.

Pagola, J.A., Jesús de Nazaret. El hombre y su mensaje, San Sebastián, Idatz 1981.

Pagola J.A., Jesús, aproximación histórica, PPC, Madrid 2007.

Ratzinger, J., Introducción a cristianismo, Sígueme, Salamanca 1971.

Sobrino J., Jesucristo libertador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, Trotta, Madrid 1991.

Sobrino J., Ensayo desde las víctimas, Madrid, Trotta 1999.

Tamayo, J.J., Por eso lo mataron. El horizonte religioso de Jesús de Nazaret, Trotta, Madrid 2003.

Tamayo, J.J., Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret, Verbo Divino, Estrella 2003

Tamayo, J.J., Dios y Jesús. El horizonte religioso de Jesús de Nazaret, Trotta, Madrid 2006.

Theissen G., El movimiento de Jesús. Historia social de una revolución de los valores, Sígueme, Salamanca 2005.

Theissen G., La sombra del galileo. Las investigaciones históricas sobre Jesús, traducidas a un relato, Sígueme, Salamanca 2006.

www.mg.org.mx/biblioteca/C/283.pdf



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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