El Legado de Chávez en el Marco del Post-Progresismo (y V)

Retomar el Horizonte Socialista o la Derrota

I.-RECAPITULANDO EN CLAVE DE SÍNTESIS:

Existe la tentación de introducir temas de actualidad por su impacto y significación en el desarrollo de los más recientes acontecimientos. Pero hemos escogido la aparente in-actualidad del legado ideológico-político de Chávez para escarbar a fondo en las condiciones que permiten comprender y explicar procesos que se despliegan actualmente a la vista, en la escucha y sentimientos de quienes se inquietan por la pérdida de vitalidad y dinamismo del movimiento popular bolivariano.

Desde nuestro punto de vista, el problema no es de "lealtad o traición", sino de pragmatismo, inconsistencia teórica, devaluación de los planos ideológicos de la lucha política, de oportunismo, degradación de la potencia revolucionaria de un vasto "movimiento de masas" que corre el riesgo de ser triturado por los errores de su conducción política; es decir, por su énfasis en los rasgos maniobreros y simplificaciones tácticas "desde y para" el Poder Constituido. Decía Rigoberto Lanz:

"El mundo entero está cruzado por este dinamismo constituyente que no puede encapsularse en los formatos de la vieja institucionalidad: partidos, sindicatos, parlamentos, etc. Con la vieja "caja de herramientas" no se pueden leer estos procesos. La izquierda tradicional, instalada mentalmente en la conserjería del capitalismo de Estado, no puede (y no quiere) encarar una ruptura radical con la lógica de la dominación".

En los propios comienzos del proceso constituyente bolivariano el analista Alberto Arvelo Ramos había señalado en su texto: "El dilema del chavismo: una incógnita en el poder. (Ensayos políticos para personas que detestan a los políticos", Cap.4) que los actores, movimientos y fuerzas sociales que respaldaron a Hugo Chávez y a la revolución bolivariana como esperanza fundamental de cambio requerían de un gran frente del "chavismo popular y democrático" constituido por todos aquellos que bajo el impulso de la gran desilusión, decidieron abandonar la política de los cogollos del bipartidismo adeco-copeyano, bajo tres premisas:

a) Esperaban que con Chávez se desencadenara un viraje político radical;

b) Descartaban a los partidos políticos tradicionales y sus direcciones políticas (Cúpulas y Cogollos);

c) Confiaban en que los objetivos del proyecto de la revolución bolivariana se cumpliría (AAB), profundizando el ejercicio de derechos y garantías asociados a los derechos humanos: cívicos, políticos, sociales, económicos, culturales, ambientales y de los pueblos indígenas tal como lo hoy se reconoce en la Constitución de 1999.

Entre los valores fundamentales que Arvelo Ramos destaca de este frente social del "chavismo democrático y popular" están la igualdad, la justicia, la libertad, la solidaridad, la paz; así como el reconocimiento del pluralismo y la diversidad. Sin embargo, el autor destacaba críticamente, que desde su punto de vista; Chávez "(…) no está comprometido vitalmente con este frente democrático", popular y anclado profundamente en los valores de justicia social, liberación y alteridad, sino que está mucho más vinculado con sectores que son "estructuralmente no democráticos".

Sin embargo, la historia mostró que su juicio era precipitado. Chávez si se inclinó a favor del frente democrático y popular, e intento aislar y neutralizar a los sectores no democráticos en el propio campo bolivariano. Aunque, bajo la ausencia de Chávez, queda interrogarse sobre el lugar que actualmente ocupan estos sectores que serían "estructuralmente no democráticos".

La desconfianza de Arvelo Ramos hacia un "Chávez autoritario" implicaba dos tareas políticas indeclinables para el tiempo de la política:

a) La defensa irrestricta de la soberanía popular directa e indirecta, lo cual conlleva a un reconocimiento positivo de las elecciones populares,

b) La defensa del sistema de controles mutuos de los poderes públicos nacionales, regionales y locales, para evitar así un despotismo mono-cromático ajeno a controles institucionales y sociales que además impidiera el monopolio del poder; es decir, que la democracia fuera profundizada en el sentido de una radical "distribución del poder social".

Para Arvelo Ramos, los "sectores estructuralmente no democráticos" estaban constituidos por aquellos partidarios de una "dictadura militar plena"; es decir, por "sectores militaristas", independientemente de su condición civil o militar. En estos la centralización, concentración y jerarquización del poder era fundamental para conservar sus posiciones y privilegios. Así mismo, contar con los viejos métodos corporativos y burocráticos.

Por otra parte, para Arvelo Ramos entre los "sectores estructuralmente no democráticos" estarían también los simpatizantes y activistas de un "Partido único-Estado", anclados en una nostálgica referencia a la URSS que no enfrentan el verdadero lastre de la izquierda en el siglo XX: el Leninismo. Y lo que es peor, al autoritarismo de Lenin le agregaban una nostálgica apología hacia el Despotismo de Stalin.

En síntesis, una amalgama de "militarismo" y de "estalinismo" conducían a bloquear el impulso del "chavismo democrático y popular". Si tomamos en cuenta una combinación de capitalismo de estado, militarismo y bonapartismo (pues el estalinismo era una variante de bonapartismo) nos enfrentamos a un verdadero síndrome político. Y ese síndrome político acaba destruyendo a la hegemonía democrática-radical.

La potencia democrática-radical del proceso popular bolivariano se enfrenta entonces no sólo a la derecha nacional e internacional, sino a una vieja tradición de prácticas y cultura política que combinan el desarrollismo nacional, el populismo-clientelar y el autoritarismo.

De modo que a las amenazas recurrentemente identificadas (que reiteramos son reales), como lo son efectivamente las acciones de desestabilización y asedio de la derecha internacional y nacional, hay que agregar las propias debilidades económicas y políticas del proceso bolivariano en la actualidad.

Estas debilidades (y errores) son aprovechadas en profundidad por los Estados Unidos, quién ha utilizado la caída del precio internacional del petróleo como un instrumento de desestabilización, afectando a un sistema económico que obtiene el 95% de sus divisas de la exportación de crudo. Así mismo impacta el margen de maniobra del Estado al impactar sobre su presupuesto público.

Es conocido que en el desplome del precio del petróleo influye, además, el incremento del volumen de crudo extraído con formas no convencionales (shale oil). Esta innovación le permite a Estados Unidos aumentar la producción y reducir importaciones. El petróleo barato se ha convertido en una herramienta de ofensiva imperial. Tal ofensiva cuenta hasta ahora con el sostén de Arabia Saudita, que convalida el abaratamiento del petróleo para afianzar su poder en el Medio Oriente.

En segundo lugar, cualquier modificación en la política monetaria estadounidense incide en el precio del petróleo. Mientras EE.UU decidió restringir los estímulos monetarios utilizados para socorrer a los bancos induciendo un esperado incremento de las tasas de interés, este hecho estimuló la salida de los capitales especulativos de todos los mercados de materias primas.

En consecuencia, Estados Unidos ha acosado a Venezuela con el encarecimiento del crédito. Las calificadoras de riesgo manipulan la cotización de los bonos del país, tornando aún más gravoso el acceso a los préstamos internacionales. Sin estos créditos, es prácticamente imposible compensar la pérdida de los ingresos petroleros, sin aplicar a la vez un profundo "Plan de austeridad".

De modo que si a estas variables aparentemente económicas, el Congreso de los EE.UU se introduce además una agenda de sanciones a viajeros e inversores en Venezuela tenemos un cuadro de estrangulamiento.

Es de sentido común que bajo tales restricciones no puede mantenerse incólume un "modelo económico" que permitió motorizar el consumo, en un marco de alto gasto social y creciente regulación estatal a partir de la bonanza petrolera. No basta ya facilitar la financiación de las mejoras populares con cuantiosos recursos petroleros, porque ya no son cuantiosos.

Pero además, los sectores capitalistas captadores de la renta vienen ganando en la pugna distributiva de la misma. En medio de la más profunda y prolongada crisis económica y social, hay factores económicos que están multiplicando sus beneficios. No solo hay una caída de la renta sino una mayor conquista de espacios de apropiación de la renta por parte de sectores capitalistas. Y esto no forma parte del legado ideológico-político de Chávez. ¿O sí?

Volvemos al viejo esquema de acaparamiento de la renta petrolera durante mucho tiempo por una minoría de privilegiados. Se falla ampliamente en la afectación de los intereses de los capitalistas con medidas de redistribución del ingreso. La liberación de precios y la devaluación hacen lo suyo. La inflación destruye el salario real de quienes viven de ingresos fijos.

Mientras se subsidia con divisas ya escasas a quienes prometen reactivar los motores productivos: a fracciones de la burguesía (¿Boli burguesía?). Se sigue pagando deuda para garantizar nuevos préstamos. El pueblo trabajador presiente que nos estamos metiendo en una verdadera trampa mortal.

También los banqueros locales han absorbido una significativa porción de la renta petrolera. Los financistas incrementan su patrimonio, utilizando depósitos de las entidades públicas para especular con bonos del estado y operaciones en exterior. La combinación de este drenaje de fondos con un modelo de pura expansión del consumo vía política monetaria pro-cíclica ha reforzado la estructura rentista de una economía muy poco diversificada y productiva. Por esta razón los desequilibrios siguen tomando fuerza a través de la inflación, el déficit fiscal, el endeudamiento de PDVSA, la importación de alimentos y las mismas fallas en las iniciativas de industrialización y desarrollo agrario.

Para confrontar estos flagelos se requieren medidas radicales. Pero para hacer viables las medidas radicales hay que contar sujetos radicales, con la acumulación de fuerzas sociales y políticas que pongan contra la pared a los ganadores de siempre. Y es esto con lo que actualmente no parece querer contar la jefatura del PSUV.

Se ha buscado la "línea de menor resistencia", el acto maniobrero, el predominio del tacticismo para la sobrevivencia política. Se están entregando a cuenta-gotas, consciente o no de hacer que lo está haciendo. Vamos en la dirección incorrecta, aplicando además un plan de ajustes. Así nadie apoyará a mediano plazo al proceso bolivariano. Decir elecciones es decir derrota pintada en la frente.

La discusión de fondo para el movimiento bolivariano está entre quienes plantean implementar medidas pro-capitalistas y los defensores de una vía de transición post-capitalista, aun reconociendo que para corregir el rumbo hay que retornar a un mínimo de sensatez. Allí reside un debate entre progresismo pro-capitalista y una revolución con reformas radicales.

El eje de estos debates sigue siendo el destino de las divisas que obtiene Venezuela, que requiere una gestión estricta, auditable y transparente de esos recursos por parte del Estado de cara al pueblo trabajador.

Ya no es posible tolerar que gran parte de esos fondos se pierdan en el circuito de los bancos o la intermediación importadora y termine en los bolsillos de los grandes capitalistas. Ya el emperador está desnudo, ese circuito es inocultable y cuenta con respaldos políticos en las alturas del poder gubernamental. Eso es opacidad inducida y complicidad encubierta.

No se puede bajar de manera simple el telón del teatro bufo del dólar (CADIVI). La complicidad gubernamental con ese entramado de intereses requiere de medidas contundentes en el plano bancario, comercial y fiscal. Es preciso ventilar públicamente el tema de la fuga de capitales y tomar medidas para su repatriación, cortar el círculo vicioso de presiones cambiarias y de la inflación.

Hay que parar en seco la discrecionalidad y el descontrol en la asignación estatal de las divisas. No se puede estar como ha sido el lastre populista de siempre: con Dios y con el Diablo. Y cada vez se está más a favor del Capital, así sea de la propia fracción del Capital que por razones obvias apoyará el actual curso de la política.

La política pública permite identificar quiénes son los favorecidos y penalizados con la distribución de los renta del petróleo. La principal batalla económica sigue girando en torno al perfil del régimen cambiario. La burguesía ha respondido siempre con fraudes y maniobras cambiarias que obligan a revisar una y otra vez el régimen cambiario. La mirada tecnocrática del problema ha sido funcional a estas maniobras. Lo que está en juego es el reparto político de la renta petrolera. La política dirige a la economía. ¿Quién está al mando de la política?

En Venezuela no existe actualmente una revolución agraria que reduzca la importación de alimentos. La industrialización no puede confundirse con el ensamblaje descalificado. Más bien hay pactos que siguen repartiendo renta sin lograr garantizar que se realizarán inversiones productivas a corto y mediano plazo. ¿Quién asigna, controla, audita, evalúa hacia dónde van a parar cada uno de los dólares repartidos políticamente para la inversión agrícola o industrial?

El verdadero carácter de las posiciones de clase se transparenta en la mirada que adoptan los economistas "chavistas" que proponen evitar medidas adversas a los capitalistas. Hablan en clave progresista. Ellos están controlando la adopción a cuenta gotas del paquete cambiario y financiero exigido por los empresarios con la esperanza de atenuar la inestabilidad que padece el gobierno, quién solo pretende mantenerse en el poder. La boli-burguesía viene construyendo su propio bloque intelectual en el campo económico y jurídico. Esto les asegura su propio predominio en el terreno económico y en el campo de las decisiones judiciales, sobremanera en el territorio de las "empresas mixtas".

En relación a las demandas y expectativas populares el Gobierno ha logrado establecer algunos cortafuegos para intentar diluir el malestar: Carnet de la Patria, los CLAP, Tarjeta de las Misiones Socialistas y los aumentos salariales cada vez más cercanos a la bonificación, en fin, que logran mantener ciertos niveles de expectativa y esperanza.

Pero el perfil clientelar se hace cada vez más visible. También se hace cada vez más visible que en el núcleo del Gobierno hay contradicciones producto de querer compensar intereses cruzados. Ese ha sido el alfa y omega del Populismo Histórico: el arbitraje de intereses que en medio de una restricción presupuestaria expresan su rostro antagónico. La corrupción sólo le agrega una sobredosis de aliños a tales antagonismos.

De modo que en función de lo desarrollado en anteriores entregas es importante sintetizar algunas ideas-fuerza centrales para dejar bien sentado en hilo conductor de los argumentos sobre la encrucijada actual y el agotamiento del progresismo-reformista. Si no se retorna críticamente a Chávez, el proceso bolivariano será derrotado. Mientras más se tarde en la tarea, más rápido acontecerá la derrota:

1) El debate sobre el "legado político-ideológico" de Chávez debe enmarcarse en el intenso debate sobre el post-progresismo en Nuestra América, pues afecta la actual apreciación de la situación internacional, regional y nacional de las correlaciones de fuerzas en el campo de las izquierdas. Para nadie es un secreto que las votaciones en la OEA expresan un avance del campo de la centro-derecha en la región.

2) La propuesta de Chávez para transitar al socialismo implicaba reactivar el debate entre reforma/revolución, así como rechazar el "tipo de Socialismo que vimos en la Unión Soviética" (Foro social Mundial-2005), superar tanto el capitalismo liberal como el capitalismo de estado, porque en este último caso "caeríamos en la misma perversión de la Unión Soviética", "se requiere un nuevo tipo de socialismo", "humanista, que sitúe a los humanos y no a las máquinas o al Estado en la cabeza de todo".

Para Chávez el nuevo tipo de socialismo implica Desarrollo Humano y Eco-socialismo, más que productivismo y consumismo, se trataba del "vivir bien", de la lógica de los valores de uso sobre los valores de cambio, y no la mentalidad adquisitiva de "tener más" o "consumir más". Por supuesto, a la mentalidad adquisitiva de la pequeña y mediana burguesía de altos funcionarios en el gobierno se les erizan los pelos con eso de "vivir bien" pues lo confunde con "tener más". Chávez ha sido asesinado dos veces: primero, físicamente, luego ideológicamente.

3) En la caracterización, comprensión y explicación de la actual crisis económica y social gravitan factores de naturaleza estructural (capitalismo rentista-dependiente-mal/desarrollo), de naturaleza coyuntural (internacional y nacional): crisis mundial, medidas de asedio, presión internacional y nacional en contra del proceso bolivariano, así como factores situacionales: graves errores de política económica y social, así como la gravitación de "intereses crematísticos creados" en función de la captura de la renta petrolera (divisas) y del presupuesto público (contrataciones, créditos, etc.) en función de la reproducción ampliada de verdaderos circuitos de acumulación fraudulenta de capitales.

4) Hasta ahora no existe una dirección política ni un vasto movimiento popular orgánicamente articulado a una estrategia de acumulación de fuerzas en una dirección revolucionaria y anti-capitalista.

La iniciativa la tiene el llamado "progresismo poli-clasista de orientación nacionalista", de corte redistributivo, asistencialista y bajo una exaltada retórica anti-imperialista.

Sin embargo, tal "nacionalismo anti-imperialista" ha venido quebrando los eslabones entre el anti-neoliberalismo, el anti-imperialismo y el horizonte anti-capitalista. Más que "proceso revolucionario bolivariano", se deriva en el "cierre de filas" alrededor de las políticas vigentes del "chavismo oficial": el chavismo apoltronado en el poder constituido.

5) La tarea inmediata no es tampoco el "desenfreno revolucionario", sino su mínima recuperación, pues la agenda esta desafiada por la recuperación urgente de la racionalidad económica mínima para evitar que los "diablos sueltos de la macro-economía" vuelvan a devorar las conquistas sociales alcanzadas en los años de bonanza petrolera del proceso bolivariano.

También es tarea urgente e inmediata la conformación de un bloque histórico democrático y revolucionario, con una agenda de recuperación del rumbo de una institucionalidad y protagonismo político que se aproxime a las exigencias de democratización del poder.

6) La actual situación económica y social contrasta desfavorablemente con relación a los datos del año 2012: Chávez (2012) = Ventaja electoral (10,8%), Precio del Petróleo promedio 2012: 103,46 $, PIB +5,6%, Reservas: 29.887 mmd $, Inflación: 20,1 %, Salario mínimo en USD: 476 $, Pobreza: 25,4%.

Utilizando datos, en algunos casos inexactos (por la opacidad de la información oficial actualizada del BCV y el INE), podemos contrastar la siguiente información:

Maduro (2013) = Ventaja electoral (1,49%), Precio del petróleo promedio (2016): 35,15 $, (2017): 44,76 $; PIB (2015): - 7,1% durante el tercer trimestre de 2015 y -8% (CEPAL: 2016), estimación de Francisco Rodríguez (Torino Capital) (-17%); Reservas internacionales netas (2015): US$ 16.275 millones Inflación (2015): 141,5%; (febrero anualizada 2017-Torino Capital: 455%), Cuenta corriente de Balanza de Pagos (2015) registró un saldo negativo de US$ 5.050 millones, (2016) Salario mínimo en USD + cesta tickets (DICOM 135 $): (DICOM 2016: sin cesta tickets 41 $); Pobreza: (INE-1-2015: 33,1%), Encuesta (UCAB-USB-2015: 73%).

En cualquier caso, los contrastes muestran el deterioro de estas variables. No vamos por la ruta correcta ni con las políticas correctas.

7) El año 2014 es crucial para entender la inflexión del grado de gobernabilidad del Presidente Maduro, así como las tensiones y contradicciones de la situación desde entonces.

Se trata de una gobernabilidad muy comprometida, con ataques, cuestionamientos y debilidades en múltiples frentes: La "Guarimba"-La Salida, Mesa de Diálogo frustrada, Congreso EE.UU y Orden Ejecutiva Obama, Renovación de Poder Ciudadano, TSJ y CNE, dos reestructuraciones de Gabinete, Congreso PSUV, Micro-purgas internas, Leyes habilitantes. Más reciente, se ha normalizado el hecho de gobernar bajo estado de emergencia.

8) La actual conducción del "Gobierno popular" ensaya acuerdos y sinergias con fracciones de la burguesía nacional e internacional, para impulsar la "recuperación del crecimiento económico" en nombre de un "Proyecto Socialista". Eso ya lo había intentado Chávez mientras movilizaba al pueblo para marcar la medición de fuerzas en la discusión. Mantuvo esa conducta frente al golpe del 2002, luego de la victoria del referéndum del 2004 y en varias oportunidades desde el 2006. Introdujo la modalidad de transformar cada elección en una multitudinaria medición de fuerzas contra los capitalistas y sus representantes políticos.

Sin embargo actualmente se le está sacando el cuerpo a la palabra "elecciones". En realidad se están reactivando las figuras ya conocidas del "capitalismo con rostro humano"; es decir, el "desarrollismo social". El facilitador político de tales acuerdos ha pasado a ser el actual Vicepresidente Tarek el Aissami con iniciativas similares a la expo-Aragua, actualmente denominada "La expo-potencia productiva" y la activación de los motores productivos.

9) Cuando la gobernabilidad democrática, popular, "rumbo al socialismo" apareció comprometida por una estrategia de asedio y derrumbe luego del fallecimiento de Chávez, se transformó en un caso de "revolución bloqueada o interrumpida" por la activación de una auténtica "línea electoral de masas" de las fuerzas de centro-derecha. Desde el año 2013, el PSUV ha fallado en una estrategia de recuperación de fuerzas electorales y alianzas políticas.

10) Además de la línea política y electoral de masas que la derecha emplea combinada con una cada vez más preparada masa de choque en las protestas de calle, aparece una estrategia divisiva contra el proceso bolivariano.

Desde el año 2014, diversos estudios de opinión comenzaron a explorar el segmento de "chavista-maduristas" y de "chavistas-no maduristas", así como entre "chavistas-pragmáticos" y "chavistas-socialistas", que dieron paso a interpretaciones sobre desgaste del chavismo en el año 2015 de cara a las elecciones parlamentarias. Se habló de "chavistas no maduristas" y de ex chavistas.

11) La respuesta del Gobierno a tal estrategia ha sido torpe. El tratamiento de las diferencias internas generalizó las respuestas de Maduro que fueron no sólo defensivas, sino basadas en transacciones descalificadoras. Desde entonces la frontera entre crítica y traición se convirtió en una delgadísima línea. Cerrar filas sólo y exclusivamente en la defensa del poder constituido ha diluido el entusiasmo y la referencia a cualquier proceso de acumulación de fuerzas y de despliegue del poder constituyente. El chavismo dejo de ser fuerza constituyente y se volvió "gobiernero", masa de maniobra clientelar.

12) Hasta hace pocos días la actuación del TSJ había evitado entrar a jugar directamente como actor protagónico del "Conflicto de Poderes", pero las decisiones 155 y 156 constituyeron pasos en la dirección equivocada.

La Fiscal actuó en una dirección correctiva, lo cual debió activar el Consejo de Estado y no el CODENA. Las rectificaciones intentan ir en la orientación correcta pero han sido insuficientes para prestigiar el rol de la sala Constitucional como "instancia competente para el control de la Constitucionalidad de los actos emanados de cualquier órgano del Poder Público Nacional". El rol de estabilidad constitucional de la FANB, las acciones a recrear espacios de diálogo que garanticen la Paz en algunas apariciones de Maduro, así como el mayoritario respaldo popular a escenarios pacíficos y electorales, no ha tenido como desenlace un acontecimiento de disolución política con formatos abiertos de lucha violenta.

13) Por otra parte, en la práctica, se ha cerrado para efectos de la estrategia y la táctica política, el debate sobre el Socialismo democrático, revolucionario y bolivariano para el siglo XXI.

Desaparecida esta agenda temática, el gobierno aparece con un norte distinto: el aprismo-adeco; es decir, el progresismo-reformista, además asediado y atacado por una apreciación de las fuerzas de la derecha, nacional e internacional, que lo perciben a la defensiva, debilitado y con líneas de fractura interna.

14) Hay que reiterar que Chávez no entregó un "cheque en blanco" político a Nicolás Maduro, aun solicitando el apoyo para su sucesor de manera irrevocable.

Lo sometió al poder obediencial: mandar obedeciendo al pueblo; es decir, "junto al pueblo y subordinado a los intereses del pueblo". Chávez llamó al establecimiento y profundización del liderazgo colectivo "junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo". Sin embargo, el liderazgo colectivo aparece debilitado por tensiones, intereses cruzados y diferencias de visión política.

15) Maduro debe rectificar, debe descartar la seducción de los asesores y jala-mecates que avalan la imagen de un estilo de liderazgo personalista, con rasgos autoritario-bonapartistas.

Más bien debe retornar a sus propias posiciones en el año 2013: "El proceso de formación intelectual, política e histórica ha ido construyendo valores esenciales para tener un pueblo culto, bien informado, con capacidad de ejercer su crítica con pensamiento crítico".

Mucho ganaría el proceso bolivariano si hiciera gala en su jefatura política de la apertura de todos los espacios e instancias necesarias para el pensamiento crítico y el debate constructivo. Pero no gana si le coloca un cepo al pensamiento crítico y al debate constructivo, si lo trata como "habladores de paja" y como "traidores".

En este contexto, el "Congreso de la Patria" engranado "desde arriba" no aparece como la instancia de recuperación y unificación de fuerzas dispersas, descontentas y debilitadas

16) Un gobierno popular corresponde a la prefiguración de las primeras etapas de la transición al socialismo y mientras el pueblo trabajador y los sectores subalternos no se constituyan efectivamente en "clase política dirigente", persistirá la hegemonía política y económica del bloque social propio de las diferentes fracciones capitalistas y sus grupos auxiliares.

De tal manera que "Gobierno Popular" sin "calidad revolucionaria" puede ser "políticamente eficaz" para "mantenerse en el Gobierno", pero no para transformar las relaciones de base del sistema socio-económico.

17) Cabe citar a Alfredo Maneiro: "Notas sobre organización política" (1971)[6], para desentrañar el significado del principio de "calidad revolucionaria" en su relación con la "eficacia política", términos asumidos ampliamente por Chávez cuando valoraba positivamente la correlación estrecha entre ambos:

"Por calidad revolucionaria entendemos la capacidad probable de sus miembros (de una organización) para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas".

18) Hay que meditar con atención, lo plantado por Alfredo Maneiro, cuando señaló:

"En realidad, existen organizaciones revolucionarias que parecen sólo preparadas para adueñarse del aparato de estado existente con el objeto de "ponerlo en marcha para sus propios fines. Sin embargo, sobran ejemplos de cómo la falta de calidad revolucionaria de organizaciones dadas, tiene bastante poco que ver con su posible eficacia política. Es decir, esta especie de temprana burocratización de estructuras y cuadros no tiene por qué afectar demasiado su eventual participación exitosa en la lucha política".

19) Hay que cuestionar a fondo el actual curso reformista. El "APRISMO-ADECO" ha sido la fórmula perfecta para mellar el filo revolucionario de los procesos de movilización nacional-popular.

En esta concepción la "Unidad Patriótica" y el Gobierno Popular aparecen como un auténtico "arroz con mango" o "mescolanza" en el cual no habría contradicciones de fondo entre un proceso revolucionario, ser adecos o copeyanos; ser maoístas, estalinistas, postmodernos, reformistas. Allí convivirían todos sin poner en riesgo a la estructura de dominación del Capital.

En nombre de la lucha contra la desnacionalización, la exclusión y la corrupción (retorno al Chávez de 1998), no se dice ni una palabra sobre la explotación económica, la coerción política, la hegemonía ideológica, la negación cultural o la destructividad ambiental. Los males del capitalismo se regularían y remediarían con un gobierno de corte reformista.

20) Debemos reconocer que Maduro aparecía en el año 2013 como defensor del "Liderazgo colectivo".

A partir del año 2014, la operación mediática de construcción del "Madurismo" ha formado parte de una estrategia contrastante con la figura de Chávez para presionar a Maduro desde diversos vectores de fuerza.

Si existen experiencias concretas de percepción de contraste entre los gobiernos de Chávez y el gobierno de Maduro. Mientras el Gabinete de Chávez era peor valorado en la opinión pública que el propio Chávez, el descontento actual se está dirigiendo directamente hacia la figura de Maduro, quién no ha actuado con eficacia simbólica frente a la incompetencia y corrupción interna denunciada en sus propios discursos.

La encuesta Datanálisis-Enero 2017 sobre percepciones de liderazgo muestra que el 15,3% responsabiliza a los Ministros/El Gobierno de los problemas que enfrentan diariamente, mientras el 54,6% responsabiliza directamente a Nicolas Maduro. ¿Qué hacen los asesores de imagen y eficacia del liderazgo de Maduro con tales datos?

21) Ciertamente fue Chávez el que colocó en los hechos la necesidad de alcanzar el poder político del Estado para transformar la sociedad. Pero luego del año 2002, a partir del látigo de la contra-revolución, con un Golpe de estado y un paro petrolero en la principal industria del sector público, Chávez también se dio cuenta de la diferencia entre "estar en el Gobierno" y "no controlar ni transformar con calidad revolucionaria los espacios estratégicos de decisión del Estado".

Debemos subrayarlo: una cosa es el Gobierno, otra es el poder del Estado. Y peor aún, si vamos al fondo de las transformaciones de las sociales en la base socio-económica, una cosa es la hegemonía política en el Poder del Estado y otra cosa es contar con la hegemonía en el terreno económico.

22) Si la fuerza productiva del trabajo no es el sujeto fundamental que organiza en mayor medida la dirección, gestión y funcionamiento de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo, la economía está simplemente en manos de la estructura de mando del Capital.

No puede alcanzarse la situación de "potencia económica" hacia el Socialismo sin Independencia nacional y sin Poder Popular. Y decir Poder Popular es decir: "Poder del Pueblo Trabajador", sin indefiniciones populistas o inclinaciones a favorecer prioritariamente a los sectores del capital nacional o transnacional.

23) El factor moral y formativo (ideológico-político) de la revolución al debilitarse es la puerta de entrada de políticas de signo reformista, e incluso a maniobra internas de signo contra-revolucionario, dirigidas a aplicar ajustes económicos regresivos para el pueblo empobrecido y parcialmente beneficioso para los sectores dominantes, incluyendo a nuevas fracciones sociales dominantes.

Esta política está sacrificando a la base social de apoyo del proceso bolivariano, en el altar de la recuperación del crecimiento económico, garantizando para las fracciones capitalistas cuotas de recuperación de las tasas de beneficio y acumulación de capitales.

El pacto poli-clasista se resquebraja. De modo que se están viviendo situaciones análogas al quiebre de los populismos históricos en América Latina, con su descontrolada inestabilidad económica, social y política.

Si de metáforas se trata, un gigantesco bloque de hielo se está desvaneciendo a medida que transita por aguas más cálidas.

II.- RETORNAR A LOS HILOS CONDUCTORES DE HUGO CHÁVEZ: EL SOCIALISMO BOLIVARIANO, DEMOCRÁTICO Y REVOLUCIONARIO PARA EL SIGLO XXI:

Definitivamente, hay que retornar a los hilos conductores de Chávez, volver una y otra vez, para comprender si se mantienen principios estratégicos básicos. Esto significa también que hay que reconocer aciertos cuando se es consistente con tales principios.

Hay que retornar a Chávez para reconocer si se ha tomado o no un nuevo curso que está poniendo en riesgo no solo al proceso bolivariano, sino a las experiencias de lucha de las izquierdas nacionales y populares en una mediana duración histórica.

Con cierta razón uno comprende porque las voces de derecha plantean que la derrota definitiva de Maduro significará el fin del "chavismo" y de la "izquierda" por 100 años al menos.

En esto el contenido del texto de Porras del año 2014 y la agenda de opiniones de la derecha coinciden. En fin de cuentas: ¿Hubo asimilación y acomodamiento, aprendizaje significativo, en el campo bolivariano (ahora reducido a la tipificación "chavista") con relación a la agenda estratégica planteada por Chávez?

En este trabajo identificaremos algunos de los hitos que se han extraviado como referencia de un debate que permite recuperar el norte y la brújula, pues a las 3R2 le ha seguido una suerte de 3D2: descontento, desgaste, despolitización, dispersión, deterioro y desmoralización.

Sirvan estas líneas para invitar a retornar a ciertos agenciamientos afectivos y de enunciación que atraviesan la palabra y el cuerpo de Chávez, para incitar a replantear el juego político, sus composiciones, líneas de fuerzas y sentidos. Pues si se trata de rehacer el chavismo y mantener la promesa esto debe hacerse tomando en cuenta las propias rupturas de Chávez con las siguientes concepciones ideológico-políticas:

a) La "vieja izquierda" dogmática y sectaria,

b) Los llamados "originarios" y

c) La "tercera vía" o "el reformismo de siempre".

III.- LAS COORDENADAS IDEOLÓGICO-POLÍTICAS EN EL TRAYECTO DE CHÁVEZ:

En primer lugar, para Chávez no se trataba del "Socialismo" a secas.

Esta sería una reducción unilateral y una salida aparentemente simple que no permite abordar la complejidad del debate entre revolución, democracia, capitalismo y socialismo[1], así como las diferencias fundamentales entre el viejo "Socialismo de Estado" y el nuevo socialismo democrático-participativo, caracterizado por una nueva "Democracia revolucionaria"[2].

En términos de debate socialista, las adjetivaciones son esenciales porque se trata de los atributos de un cierto modo de ser, o más bien de devenir-ser de un proyecto que, desde el año 2005, estaba planteando abiertamente una vía distinta de construcción revolucionaria. Y era una vía distinta a la concreción histórica de la vieja vía: el "Modelo del Socialismo de Estado realmente existente". No por casualidad, Chávez denominó en el Plan de la Patria a tal modelo: "Modelo Alternativo de Desarrollo Socialista" (MADS).

En segundo lugar, tampoco se trata de rescatar el "Proyecto originario" del MBR-200 o anclarse en el ambiente de discusiones del llamado "Libro Azul".

Tales apelaciones al "origen" no garantizaba sino recrear las propias debilidades y confusiones ideológico-políticas que el mismo Chávez reconoció en múltiples oportunidades a lo largo de la maduración de su proyecto ideológico[3], cada vez que diferenciaba claramente entre el Capitalismo humanista con justicia social de la Agenda Alternativa Bolivariana (AAB) y el Socialismo Democrático-Revolucionario. Para Chávez desde la experiencia del año 2002-2003, eso era ya etapa superada. El árbol de las tres raíces es un antecedente, una base raizal, no es la consecuente maduración del camino del Proyecto Nacional Simón Bolívar, su desarrollo programático hacia el nuevo Socialismo, hacia un "Nacionalismo de izquierda".

De modo que cualquier apelación a lo "originario" a secas va a contravía de las propias decisiones de Chávez de profundizar en la propia hendidura del "árbol de las tres raíces"; es decir, la vía de una izquierda nacional-popular, verdadero magma de significaciones imaginarias desde donde van galvanizando sus reflexiones sobre el "Socialismo Bolivariano del siglo XXI".

Basta releer el tan citado texto de "Habla el Comandante" (Entrevista con Agustín Blanco Muñoz), para encontrar allí el preciso lugar del epicentro del "nacionalismo de izquierda" en proceso de maduración, como nudo de la praxis de Chávez, sostenida afectivamente a través de un apego apasionado al significante "Revolución".

De manera, que el período 1998-2003 significó para Chávez la ruptura con la experiencia del "caballo frenado", su ruptura con la concepción del "miquelenismo", por una parte, y con sectores "nacionalistas de derecha" (Luis Alfonso Dávila dixit), por la otra. Chávez reconoció que lo querían cercar, que lo querían domesticar las fuerzas del Capital. Hay múltiples registros textuales y audiovisuales para confirmar este hecho, como lo confirmaremos en la entrevista a Manuel Cabieses.

Cuando Chávez se autodefinió como "soldado patriota y revolucionario" aquel 8 de diciembre de 2012, ratificaba una línea de continuidad estructural con recursos expresivos y la composición lexical que despuntará de su despedida no intencionada en aquel momento. ¿De cuál patriotismo y de cuál revolución se había estado hablando tan exuberantemente en todos estos años?

Sólo el olvido a aquellos acontecimientos del discurso, pueden introducir cierta probabilidad a los oportunismos, a las apropiaciones que en nombre de la re-significación o de la re-contextualización coloquen a Chávez en la acera del a) viejo socialismo de estado realmente existente del siglo XX, b) del progresismo-reformista, o c) en un nacionalismo chucuto sin articulación alguna con la idea fuerza de revolución y de justicia social.

No invocaremos frontalmente el espinoso asunto del "Populismo" (Aunque siempre será una tentación y estará acompañando como una sombra estas indagaciones), pues este terreno conceptual ha sido minado desde múltiples discursos y vectores de fuerza con calificaciones y descalificaciones que no permiten dar cuenta de las sutiles distinciones entre "lo popular", "lo populista", sobre el "pueblo pobre y excluido" y la "política de clases", entre el "poli-clasismo" y la noción de "bloques sociales y políticos"[4].

Como persisten los intentos de sedimentar lecturas (con pretensiones de hegemonizar la "batalla de ideas"), basadas en "hermenéuticas reconstructivas"; no cederemos a una línea de interpretación que pretenda la restauración prístina de la "esencia ideológica" de Chávez para todo su trayecto político. Se trata de demarcarnos de las interpretaciones que no responden a la maduración político-ideológica de Chávez enarbolando una suerte de "chavismo originario sin cambios en el tiempo".

Nuestro punto de partida no pretende explicitar la "esencia ideológica", pero si quiere demarcar cuáles interpretaciones están torciendo deliberadamente al horizonte de posibilidades donde se estaba movimiento Chávez.

Nos interesa además dar cuenta del modo como se metaboliza en el campo "popular, masivo o elitista" el discurso de Chávez, para entender cómo se proyectan los más variados prejuicios, expectativas y tradiciones. Sin embargo, debemos decir que hay significantes claves que hacen nudo de hegemonía[5] en el pensamiento y acción de Chávez, por ejemplo, el significante "Revolución". Chávez siempre dejó claro que su proyecto no era reformista, a pesar de las vías de reforma que introdujo en el proceso.

Hemos tomado distancia de claves de lectura esencialistas, no solo por los evidentes cambios de posición en las declaraciones de Chávez a lo largo de su trayectoria política[6], sino por no compartir las premisas de las vertientes esencialistas-reconstructivas y su proyecto político.

De modo que a las tres distorsiones identificadas sobre la maduración ideológico-político de Chávez que deben ser negadas y combatidas: a) el viejo socialismo dogmático y sectario, b) el nacionalismo a secas y c) el reformismo (aprismo-adeco), le agregamos una cuarta posición, una que representa el intento para: d) oficializar el legado político-ideológico de Chávez, una suerte de "culto a Chávez", de "veneración supersticiosa", de citación con base al "culto a la Autoridad", de "culto a la personalidad", de reciclaje del viejo "principio de jefatura o del Caudillo".

IV.- CRÍTICA A LA OFICIALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO DE CHÁVEZ:

No subestimemos esta última tendencia (d), porque se caracteriza por una renuncia a priori del pensamiento crítico, creativo y revolucionario.

Lo que se exige en esta cuarta posición es conformismo, sujeción voluntaria y lealtad ciega (fanática); es decir, decir sí a la obediencia (irreverencia cero), decir sí a la disciplina desde arriba (te castigo si dudas y si piensas) y decir sí al "principio de mando autoritario" (te castigo si apelas al liderazgo democrático).

Esta última tendencia sólo concibe un tipo de liderazgo: el Dirigente-rector que asume que el modelo es la línea y cadena de mando: ¡Ordene Comandante! ¡Amén!

Tal cultura política y estilo de liderazgo es en los hechos un poderoso obstáculo cultural para concebir y practicar una democracia revolucionaria. Lo que aparecerá son los recurrentes rasgos del bonapartismo regresivo, la concentración de la voluntad-decisión-capacidad-motivación en la figura providencial. No se trata del eufemismo del hiper-liderazgo, es algo todavía más negativo pues conduce a experiencias bonapartistas conocidas en el populismo histórico[7]

Sólo basta analizar con detalle el siguiente documento para comprender lo riesgos que se corren con tal sistema de conducción bonapartista en otras experiencias históricas: https://www.youtube.com/watch?v=jwygO6RUWTk.

De modo que es preciso distinguir el cesarismo progresismo del bonapartismo regresivo, ambos obstáculos para momento protagónico del pueblo, aunque con consecuencias distintas para la organización y movilización de la política nacional-popular[8].

En contraste, cuestionamos las interpretaciones que pretenden establecer un "culto a Chávez" sin comprender un ápice lo que significa el Nuevo Socialismo democrático y revolucionario. Elegimos una perspectiva que enfatiza descifrar tanto las formaciones discursivas como las estructuras significativas que condicionaron el propio "lugar de enunciación" de Chávez, así como los efectos de recepción que han permitido movilizar a los sectores populares.

Esto significa la necesidad de una apertura para cuestionar también las ideas-fuerzas de Chávez, impidiendo así cualquier reificación de sus posiciones personales o ideológicas, sutil momento que permitiría la mediación hacia la oficialización del dogma-Chávez