Reconstruir el legado político-ideológico de Hugo Chávez en el marco del debate sobre el post-progresismo (I)

¿Y por qué escribes artículos tan largos? –

Amigos y amigas, porqué el hábito de la lectura es la única estrategia para dejar atrás a la "tierra del no-pensamiento".

Anónimo

"Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra manda, el pueblo que vende sirve; hay que equilibrar el comercio para asegurar la libertad; el pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse vende a más de uno. El influjo excesivo de un país con el comercio de otro se convierte en influjo político. La política es obra de los hombres, que rinden sus sentimientos al interés, o sacrifican al interés una parte de esos sentimientos. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro se hace servir de él. Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre otros países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos. Ni uniones de América contra Europa ni con Europa contra un pueblo de América. El caso geográfico de vivir juntos en América no obliga sino en la mente de algún candidato o algún bachiller a unión política. El comercio va por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión con el mundo, y no con una partea de él; no con una parte de él contra otra. Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de América, no es el de ir de arria de una de ellas contra las repúblicas futuras".

José Martí

1.- INTRODUCCIÓN:

Llama poderosamente la atención la superficialidad con que se vienen despachando los debates sobre el "legado político-ideológico" de Chávez. Más aún si existe un intenso debate sobre el post-progresismo en Nuestra América, que está afectando los dispositivos de enunciación del campo de las izquierdas.

La premisa para no profundizar en tal debate, es que no tendría relación directa o inmediata con cuestiones estratégicas, tácticas, métodos de dirección del gobierno y de los partidos, con políticas públicas subsumidas tanto al llamado Plan de la Patria así como con las reflexiones auto-críticas de Chávez en el llamado "Golpe de Timón".

Por supuesto, es más fácil enterrar la complejidad de un debate abierto y truncado sobre el horizonte socialista en el siglo XXI, dado el fallecimiento de su principal promotor, que asumir cada una de las inquietantes cuestiones que fueron abiertas por Hugo Chávez. Entre estas cuestiones quisiéramos plantear una que en particular ha animado nuestras indagaciones más recientes. Para Chávez el imaginario socialista:

"No puede ser el tipo de Socialismo que vimos en la Unión Soviética, sino el que emergerá al desarrollar nuevos sistemas construidos sobre la base de la cooperación, no de la competencia". (Foro social Mundial-2005)

"Debemos superar el capitalismo. Pero no podemos recurrir al capitalismo de estado, porque caeríamos en la misma perversión de la Unión Soviética. Debemos reclamar el socialismo como una tesis, un proyecto, un sendero, pero un nuevo tipo de socialismo, humanista, que sitúe a los humanos y no a las máquinas o al Estado en la cabeza de todo".

Nuestra tesis es que "des-dibujar" el legado ideológico-político de Chávez explica el "extravío" de la visión del desarrollo humano y de la estrategia para alcanzarlo en los últimos cuatro años (y no sólo por el declive de los precios del petróleo, por el sabotaje económico, o por el tiempo de las "vacas flacas").

Más que ocaso del "chavismo" tenemos un "chavismo" desorientado, como un barco a la deriva, que rehúye la pertinencia de la "práctica y profundización teórica" como momento inherente al despliegue de su praxis política.

Insistimos. Se ha perdido la brújula y el rumbo se ha extraviado bajo múltiples pretextos de coyuntura (y bajo el generalizada actitud del empirismo y el pragmatismo), en especial se ha abusado del expediente de la "guerra económica", pretexto que ha invadido tóxicamente la capacidad de pensar "crítica y creativamente" en profundidad sobre las causas y condiciones (estructurales, coyunturales y situacionales) de una auténtica crisis orgánica, con diferente intensidad, duración y profundidad en cada una de las esferas y campos de la vida social del país.

2.- CUESTIONES DE METODO SOBRE LA CRISIS SOCIO-ECONÓMICA:

Sobre este último aspecto, quisiéramos señalar de modo muy sintético y aproximado que la actual crisis en la dinámica económica venezolana no puede explicarse unilateralmente desde variables de coyuntura nacional, atribuidas exclusivamente a las acciones de presión o sabotaje económico de las fuerzas adversarias del proceso bolivariano, sino que remite a la superposición-combinación de varios ordenes de determinación y condicionamiento.

Los analistas implicados en el proceso bolivariano podrían revisar en el citado texto de Carlos Altamirano "Dialéctica de una Derrota" (caso de Chile (1970-1973)), en particular su capítulo once (11): "Los problemas económicos de la transición al Socialismo", para pasar a comprender metodológicamente las razones por las cuales una situación análoga no puede explicarse unilateralmente por el expediente de acciones de:

1) La "Guerra Económica", cuya responsabilidad recaería en las fuerzas sociales y agentes económicos de la oposición;

2) El "fracaso del modelo de Chávez" o los "errores de política del gobierno", cuya responsabilidad recaería en la conducción del gobierno y del PSUV.

Ambas explicaciones pecan de unilateralidad y constituyen aspectos parciales de una explicación que requiere ser mucho más comprehensiva.

Se trata de una trama de condiciones y determinaciones mucho más densas que responden a la historicidad propia de la formación socioeconómica venezolana, a sus patrones de dependencia y sus marcos de regulación político-institucional:

1) En primer lugar, la no superación de un patrón de acumulación rentista, de una estructura económica marcada por malformaciones heredadas de larga data, con su correspondiente modo de articulación internacional completamente dependiente de los centros dominantes de la economía mundial capitalista, auténtico obstáculo a un modelo de desarrollo nacional basado en un proyecto de "autoafirmación soberana" y de "liberación social", reseñando por diversos economistas críticos a lo largo del proceso de modernización refleja, trunco y dependiente venezolano, desde mucho antes que se imaginara la existencia del movimiento liderado por Hugo Chávez;

2) En segundo lugar, una nueva coyuntura internacional que emerge desde el año 2009 aproximadamente, denominada genéricamente como "crisis del capitalismo", de declive del crecimiento de las economías de los países centrales, así como de las llamadas economías emergentes, que ha replanteado la significación del potencial de crecimiento (y del desarrollo) para los países de América Latina y el Caribe, en particular, para una Venezuela basada prioritariamente en la exportación de energía, es decir, de "comodities" en función de captar divisas, e intentar apalancar desde éstas las funciones de producción, la diversificación e integración productiva, el aumento de los niveles de actividad económica y productividad, el empleo, el ingreso y el consumo en el mercado interno (esto puede analizarse en diversos documentos, por ejemplo, de la CEPAL).

3) En tercer lugar, una conjunto de medidas de presión internacional, de sabotaje y contrabando económico que conforman el cuadro de lo que ha dado en llamarse como "guerra económica", que también responden a la naturaleza de la dirección de la economía venezolana y de la función de hegemonía concentrada en sectores oligopólicos nacionales, conjuntamente con la gravitación del capital internacional sobre nuestra política y sus centros de decisión, en el contexto, reiteramos, de la lucha por la hegemonía económica entre grupos, sectores, fracciones y clases organizados social y políticamente en "bloques de fuerzas y de poder".

4) En cuarto lugar, los errores de política económica, conjuntamente con la consolidación de una trama de "intereses creados" que obtienen ventajas políticas y plusvalías extraordinarias con el mantenimiento del actual cuadro de política.

Este cuarto aspecto trata tanto de: a) la débil gobernabilidad del área económica y social del país; como de b) la captura de privilegios y plusvalías extraordinarias vía apropiación de la renta petrolera y de circuitos enteros del presupuesto público.

Por otra parte, en las actuales circunstancias ya no existe posibilidad alguna de desarticular los temas de política económica de los temas de la política social sin graves consecuencias, o intentar desarticular la política económica de una auténtica "planificación nacional para el desarrollo humano" o comprender las estrechas relaciones entre grupos de poder económico y la luchas por la hegemonía política.

A pesar de la variedad de interpretaciones sobre los errores de conducción económica de los diferentes gabinetes del actual gobierno de Maduro, existe un consenso mínimo de que se trata de una combinación de mala praxis económica, junto con un diseño de políticas/instrumentos que son funcionales a los intereses de fracciones capitalistas mercantiles o financiero-especulativas: fracciones importadoras, mafias cambiarias y contratistas privilegiados, anidados en la captura de porciones significativas de la renta petrolera en complicidad con agentes pertenecientes a los esferas de decisión del Estado, incluyendo a una "burguesía emergente de corte patrimonialista" coaligada a los agentes que ocupan altos cargos de la administración pública o de la tecno-burocracia de Estado en materia de finanzas, Tesorería nacional, Banca pública, BCV y producción económica-sectorial.

De este modo la política económica no tiene que ver ni con la estabilidad macroeconómica, ni con la "planificación del desarrollo económico para el desarrollo humano", y menos con generar las condiciones mínimas necesarias para un "tránsito al socialismo" (basado en una nueva economía mixta que combinase el sector privado con al sector de propiedad social directa e indirecta), modelo referido en el Primer Plan Socialista de la Nación y en el Plan de la Patria, jurídicamente viables de acuerdo al flexible sistema socioeconómico establecido en el ordenamiento constitucional.

Se trata en cambio de una lucha entre "grupos de poder" que representan el conflicto entre diversas fracciones de clase capitalistas o pertenecientes al patronato, proyectada en la escena del teatro cotidiano como una lucha entre un movimiento poli-clasista de signo nacional-popular-progresista ante los ataques de la derecha tradicional venezolana y sus aliados internacionales.

Este trasfondo principal no supone que no existan en el seno del movimiento popular bolivariano verdaderos intentos para crear espacios de acumulación de fuerzas para sectores de izquierda anti-neoliberales y anti-imperialistas, pero en la práctica han sido cooptados, acorralados o combatidos para mantener vigentes los intereses crematísticos dominantes.

En lo fundamental, el conflicto más que expresar los contornos precisos de la lucha vertical de clases (bloques dominantes/dominados), expresa una lucha inter-clasista entre grupos económicos (viejos y nuevos), que siguen utilizando a los sectores medios y las clases subalternas como "grupos auxiliares" y "masas de maniobra" para conquistar y conservar las alturas del poder.

Hasta ahora no existe un movimiento popular orgánicamente articulado a una estrategia de acumulación de fuerzas en una dirección revolucionaria y anti-capitalista. La iniciativa la tiene el llamado "progresismo poli-clasista de orientación nacionalista", de corte redistributivo, asistencialista y bajo una exaltada retórica anti-imperialista que logra una síntesis defensiva desde el campo popular, capaz de vivir una doble agenda de pactos-transacciones en nombre del realismo político, con la defensa retórica de la "revolución socialista" cuando sus adversarios no aceptan las condiciones o beneficios compartidos ofertados en el pacto tácito.

La fiel representación de tal situación se traduce en la "compulsión a la repetición" de búsqueda de negociaciones, acuerdos y sinergias entre la actual conducción del "Gobierno popular" con fracciones de la burguesía nacional e internacional, para impulsar la "recuperación del crecimiento económico" en nombre de un "Proyecto Socialista", cuando en realidad se están reactivando las figuras ya conocidas del "capitalismo con rostro humano", quizás bajo un "estilo de desarrollo nacional autónomo"; es decir, el "desarrollismo social" que ha caracterizado en términos generales al llamado "progresismo latinoamericano" de vieja y reciente data. En otros tiempos a este tipo de movimientos, regímenes o estados se les denominaba simplemente "reformistas".

Ya hemos señalado que en el aspecto programático, la profundización de la hegemonía popular-democrática implica deslastrarse de dos caminos errados:

a) El "reformismo-desarrollismo" de ciertas agendas "oficialistas" que no trasciendan la defensa del "Capitalismo de Estado";

b) El "radicalismo socialista revolucionario" que plantee una agenda vanguardista, correspondiente al espíritu de aventura de micro-fracciones doctrinarias que pueden ser funcionales a los objetivos de desestabilización de la derecha.

Se hace preciso en esta encrucijada crítica, reinventar a la izquierda en el siglo XXI.

De tal manera, que en el terreno socio-económico existe una mixtura de órdenes de causalidad y condicionamiento que están gravitando negativamente sobre la actual situación, factores que se han entrelazado con planos de corresponden a políticas urgentes (de plazo perentorio), políticas de coyuntura y políticas de mediano plazo.

Ciertamente, éstas últimas pudieran afectar por efecto de sedimentación acumulativa y con un adecuado programa direccional las variables estructurales de la dependencia, el subdesarrollo venezolano o incluso las reglas estructurales del capitalismo (se acepten o no tales términos de referencia).

Esto último implicaría no sólo la existencia de un auténtico Sistema Nacional de Planificación para la transición al Socialismo (para enfrentar las condiciones aún existentes de subdesarrollo y dependencia), es decir, hacer efectiva las acciones de la planificación estratégica y democrática a partir de un nuevo Proyecto Nacional, sino además, la participación protagónica de la organización política del bloque social de los explotados, oprimidos y excluidos para superar a la propia civilización del capital. Esto último sigue siendo embrionario, cuando no precario y utópico.

Obviamente hay una superposición de planos en la actual crisis nacional, desde pretensiones maximalistas de largo plazo asociadas al horizonte socialista proyectado por Chávez, hasta la exigencia de las medidas de rectificación inmediatas para recomponer un mínimo de estabilidad macroeconómica, con cierto control de ámbitos de gobernabilidad por parte de los actores políticos, lo que remite a enfocarse en abordar los puntos (3) y (4) confrontando la red de intereses creados en ambas dimensiones.

La tarea inmediata es entonces de recuperación de la racionalidad económica mínima para evitar que los "diablos sueltos de la macro-economía" vuelvan a devorar conquistas sociales alcanzadas en los años de bonanza petrolera del proceso bolivariano.

Pero también es la recuperación del rumbo de una institucionalidad política que se aproxime a las exigencias de democratización del poder, actualmente bloqueadas por una reedición de la partidocracia en clave de polarización política. Si se quiere reencontrar la senda del proyecto bolivariano, una coalición de fuerzas sociales y políticas debe presionar "contra viento y marea" por un bloque popular revolucionario a favor de la democratización del poder económico, político, social y cultural.

Ante este cuadro, el "Modelo Alternativo de Desarrollo Socialista" prefigurado por Chávez en sus reflexiones sobre el eco-socialismo en el punto quinto (5) del Plan de la Patria ha quedado completamente evaporado, por más campañas publicitarias y propagandísticas que se realicen en su nombre.

La agenda que se ha impuesto es la del desarrollismo-reformista, a contravía de los planteamientos y decisiones de Chávez a favor de un nuevo socialismo, reiteramos como desarrollo humano, como socialización económica y como alternativa al sistema destructivo del capitalismo.

Por ejemplo, la iniciativa del "Arco Minero" o cualesquiera de los "Polos de Crecimiento" de carácter extractivo que se manejan, o las vías de estímulo a las exportaciones no tradicionales a favor del sectores capitalistas, serían parte de las manchas que se superponen a tal idea de "Modelo Alternativo de Desarrollo Socialista" (MADS).

El presunto carácter anti-neoliberal, anti-imperialista y anti-capitalista de iniciativas como el "Arco Minero", u otros "Polos de crecimiento", como las Zonas Económica Especiales, no resisten el menor análisis a favor de una línea de acumulación de fuerzas en favor del bloque de izquierdas.

Adicionalmente, debates sobre aspectos unilaterales de la política económica como la política cambiaria, la política monetaria, la política anti-inflacionaria, la política fiscal, la regulación de capitales o la política de inversiones extranjeras, sin comprender simultáneamente un cuadro general de la concepción de la estabilidad, crecimiento económico y desarrollo que presuponen cada una de ellas, constituyen en sus dimensiones unilaterales, un debate estéril que no conduce sino a reproducir soluciones intentadas y fallidas, pues de fondo está operando un debate sobre el "Modelo de Crecimiento y Desarrollo" condicionado por correlaciones de fuerzas sociales y políticas.

No se trata sólo de repetir: ¡Es la economía, estúpido!, sino de abordar este dictado en el marco del Modelo de Desarrollo que el Proyecto Bolivariano contempló para avanzar en la vía del despliegue de nuevas formas de organización y ejercicio del protagonismo popular.

Es allí donde apareció la figura del Socialismo del siglo XXI, hoy desdibujado en nombre de compulsión a la repetición de las "alianzas productivas" con "sectores progresistas" de la "burguesía nacional" e internacional. Confesión ésta última, de que la hegemonía económica sigue estando en manos de variadas personificaciones del Capital.

De modo que el proceso asume un tono regresivo: ¡Qué viva entonces J. F. Kennedy, la "Alianza para el Progreso" y la Conferencia del Punta del Este!

Vale la pena que los sesudos funcionarios del gobierno se vean en el espejo del Che en aquella intervención del año 1962.

¿Dijo usted Socialismo Indo-americano? La respuesta con el mejor gesto del "ojo pelao" es: ¡Mí!

Resultado de imagen para ¡pele el ojo!



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Javier Biardeau

Articulista de Opinión. Promotor del Pensamiento Crítico Socialista. Profesor de Estudios Latinoamericanos-Sociología UCV.

 jbiardeau@gmail.com      @jbiardeau

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