El Deber Social

¿Veis a ese hombre a quien miran con desvió o indiferencia sus antiguos camaradas y compañeros, a quien profesa odio y rechazo el pueblo y que no se encuentra quien se interese por él? Si oímos la explicación en que señala las causas, éstas no son otras que la injusticia de sus ex-amigos, la envidia, el rencor, el resentimiento, que tiene contra ellos y que no puede ocultar por el resplandor del mérito ajeno, el egoísmo que no consiente el menor sacrificio ni aun a los que más obligación tiene de hacerlo, por gratitud; en una palabra, el infeliz no es una víctima contra quien se han conjurado sus camaradas, obstinado en no reconocer el alto mérito y la virtud. Quizá no será difícil descubrirlo; quizá no sea difícil notar la traición insufrible, el carácter áspero, la petulancia, la maledicencia, que le habrán atraído el odio que los unos, el desvió de los otros, y que habrán acabado por dejarle en el aislamiento de que injustamente se lamenta.

El entendimiento torcido del Sr. Presidente, tiene la desgracia de verlo todo desde el punto de vista falso o inexacto o extravagante. En tal caso, no hay locura ni monomanía, la razón no puede decirse trastornada, y el buen sentido no considera a dichos hombres como faltos de juicio. Apenas juzgan de nada con acierto, y si alguna vez entran en el buen camino, bien pronto se apartan de él arrastrados por sus propios discursos. Sucede con frecuencia ver en sus razonamientos una hermosa perspectiva, que ellos toman por un sólido edificio, el secreto está en que han dado por incontestable un hecho incierto, o dudoso, o inexacto, o enteramente falso, o han asentado como principio de eterna verdad una proposición gratuita, o tomado por realidad una hipótesis, y así han levantado un castillo, que no tiene otro defecto que estar en el aire. Impetuosos, precipitados, no haciendo caso de las reflexiones de cuantos los oyen, sin más guía que su torcida razón, elevados por su prurito de discurrir y hablar, arrastrados por decirlo así, en la turbia corriente de sus propias ideas y palabras, se olvidan completamente del punto de partida, no advirtiendo que todo cuanto edifican es puramente fantástico, por carecer de bases.

El espíritu burgués, todo empapado de policía, se imagina, naturalmente, que el pueblo funciona como una conjuración secreta del "chavismo crítico", y que su órgano central manda, de vez en cuando, explosiones en diferentes lugares. El suelo en el cual ésta se desarrolla es el pueblo mismo. De este suelo no podrá ser extirpada por ningún abuso de carnicería. Para ello, el Gobierno tendrá que extirpar el despotismo del madurismo, sobre el trabajo de la producción y distribución. Sr. Presidente: la condición de su propia existencia parasitaria.

—Vino a Perder el juicio; para dejarnos eterno ejemplo de traición.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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