Respuesta a un defensor de la carnicería taurina: el toro sí sufre durante las corridas

En días pasados un “ciudadano” defensor de la barbarie taurina, respondió a un artículo de mi autoría con algunos argumentos vacuos y fútiles, unos más débiles que otros (www.taurologia.com/ataques-antitaurinos-respuestas-taurinas--4548.htm). Y lo más inaudito de lo comentado por el sujeto en cuestión, es que se atreve a asegurar que el toro no sufre durante las corridas, basándose en investigaciones seudocientíficas ampliamente refutadas de individuos vinculados con la tauromaquia, quienes “evaluaron” ciertos mecanismos hormonales. He aquí la transcripción parcial de un informe especializado, en el que su autor contradice de forma magistral a una de esas “investigaciones”,  demostrando así el sufrimiento del bovino, toda vez que se trata de un ser vivo con Sistema Nervioso Central:

“La otra parte del estudio versa sobre la producción de otras hormonas que se denominan betaendorfinas. Sabemos que éstas, se producen en el organismo ante situaciones de dolor y/o estrés. Dado que al parecer el toro durante la corrida descarga una enorme cantidad de ellas, se concluye que las betaendorfinas serían capaces de casi anular el dolor que se le está provocando. Se nos dice que el toro descarga diez veces más betaendorfinas que los humanos. ¿Bajo qué circunstancias? Ninguno de nosotros ha sido, ni será nunca sometido a una corrida. Para hacer este tipo de afirmaciones, las especies comparadas deberían ser sometidas a las mismas situaciones, y no es el caso, ni lo será. Además, la sangre en la que han sido valoradas estas hormonas pertenece en la mayoría de los casos a toros muertos, por lo que no podemos saber en que momento de la corrida fueron descargadas: ¿fue después de los puyazos como afirman los autores del estudio?, ¿después de las banderillas? ¿y por qué no después del descabello o la puntilla? No se ha realizado una toma de muestras seriada, así que de momento no podemos saberlo. Habría que parar la corrida una y otra vez, para saber en qué momento exacto de ella se produce esa desmesurada descarga hormonal que sería capaz de minimizar el dolor del animal.

Debo añadir que a las betaendorfinas se las atribuyen propiedades que no tienen. Se las nombra como neutralizadoras del dolor, cuando lo más que podemos decir de ellas es que sirven para paliarlo. Lo cierto es que son mediadoras y lo más importante MEDIDORAS del dolor y del estrés. No he encontrado ningún estudio en que se diga que son neutralizadoras del dolor, es decir, que merced a su producción y acción, un organismo pueda dejar de sentir al instante el dolor que se le está provocando. No hablamos de dolores banales, o por lo menos yo, como veterinario, no puedo calificar como tales a los que al toro se le infringen a lo largo de la corrida. Numerosos estudios realizados en mujeres durante el parto (y estos si son estudios secuenciales) demuestran que a mayor cantidad de betaendorfinas en su sangre mayor fue el dolor durante del parto. Aquellas que manifestaron que el parto había sido insufrible eran las que más betaendorfinas mostraban en los análisis, y curiosamente, los fetos que habían tenido mayor sufrimiento durante el parto eran los que más betaendorfinas tenían en su sangre. Y un dato importante: aquellas mujeres que habían recibido cursos de preparación para dar a luz, eran las que menos betaendorfinas tenían, es decir aquellas cuyo estrés ante esta situación era menor.
¿Cómo puede ser que hormonas del estrés como el cortisol sean casi normales en el toro DESPUÉS de la corrida, y que otras, las betaendorfinas, también medidoras del estrés, están tan altas? Pues para mí la respuesta está en la integridad de las estructuras nerviosas, ya que se sabe que cuando hay daños neurológicos, estas hormonas, las betaendorfinas, pueden ser descargadas en los lugares en donde se produce el dolor, merced a determinados mecanismos celulares sin intermediación del sistema nervioso.

Mis conclusiones con respecto al estudio que hemos mencionado son por tanto claras: Las respuestas hormonales con respecto al estrés son las esperadas por los daños neurológicos que se le provocan al toro durante la corrida, y que son causados por las puyas, las banderillas, el estoque, el descabello, la puntilla y el agotamiento (síndrome general de adaptación) al que es sometido el animal. Este síndrome ha sido estudiado hace muchos años y tiene plena vigencia en la actualidad. Consiste en que ante una situación de amenaza para su equilibrio, todos los organismos emiten una respuesta con el fin de adaptarse. Se puede definir pues, como la respuesta fisiológica específica del organismo ante cualquier demanda o agresión, que pueden ser tanto físicas como psicológicas. Lo cierto es que cuando la agresión se repite con frecuencia o es de larga duración, y cuando los recursos del animal para conseguir un nivel de adaptación es insuficiente, se pasa de la fase de adaptación a la de agotamiento, en que las respuestas hormonales ante el estrés son inviables” file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/ES_INFORME_VETERINARIO.pdf



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Rubén Alexis Hernández


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