Inmanencia de la lucha

La filosofía idealista ha fastidiado, más que mortificado, a la humanidad con la categoría inmanencia. Las categorías son conceptos ubicados en tiempos y espacios determinados por los contenidos de la historia; luego la inmanencia no es una categoría exclusiva de los encubiertos alegatos deístas de Aristóteles y Kant.

La inmanencia, del latín immanens, significa, permanencia en el interior; para el estagirita, la caja inmanente le servía para meter los asuntos más ininteligibles de su idealismo histórico esclavista; al filósofo y catedrático de Königsberg, el contenedor de la inmanencia le servió para depositar las "cosas en sí", devenidas en "imperativos categóricos", principios muy útiles para el idealismo histórico capitalista. Para nosotros que no somos más que obreros o trabajadores, armados del materialismo dialéctico e histórico, es decir de la filosofía materialista, marxismoleninismo, la inmanencia nos sirve para concentrar en ella el recurrente e inextinguible sentido de la lucha por liberar a la clase obrera de su esclavitud capitalista.

La inmanencia del sentido de la lucha contra el capitalismo, no nos sirve para la contemplación, o para el manoseo del ego; es absolutamente necesario, que ese sentido sea puesto en marcha por nosotros, la clase obrera, la única interesada en enfrentarse al capitalismo, y derrotarlo.

La burguesía, la pequeña burguesía, la capa media alta, la acomodada, los ladrones disfrazados de empresarios, o de comerciantes, el lumpen proletariado, en su desclasamiento demencial, no están interesadas en el socialismo, no se identifican con él, por el contrario, están trabajando duro para fortalecer el capitalismo.

Esa inmanencia del sentido de la lucha por derrotar a la dictadura del modo de producción capitalista, tiene que ser reivindicada en los Consejos Comunales y Comunas como eje primordial de su programa y de su línea política.

La clase obrera en cualquier actividad y en cualquiera que sea el espacio donde se encuentre vendiéndole a la burguesía, su fuerza de trabajo para sobrevivir, o aun en condición de desempleo, tiene para sí el programa y la línea política del Partido Comunista de Venezuela, así no sea militante o dirigente, de la más antigua y combativa organización política de Venezuela; la única de nuevo tipo, porque es el único partido exclusivamente de la clase obrera. Los partidos, propios de la historia capitalista, son policlasistas, porque en el policlasismo, reunión de la conciliación clases, dirigida por la pequeña burguesía que cumple órdenes de la burguesía, desaparece la inmanencia del sentido de la lucha en contra del capitalismo, aunque se mantenga un discurso aparentemente antiimperialista.

Justamente la inmanencia del sentido de la lucha en contra del capitalismo, es la que ha desaparecido del comportamiento de las masas que acompañaron a Chávez, el indiscutible comandante de la continuación del proceso independentista venezolano y latinoamericano, aquel que tuvo la voluntad y la claridad de unirse a Fidel, el comandante en jefe de la Revolución cubana para la construcción de la transición socialista en Latinoamérica, el Caribe y en África, siempre bajo la dirección del PCC. Sin el sentido de lucha en contra del capitalismo desaparece la perspectiva revolucionaria del proceso, a pesar de que sigamos discurseando un antiimperialismo falso y fastidioso.

Esa lamentable desaparición del sentido de lucha en contra del capitalismo es la que se observa diariamente en la conducta del bravo Pueblo de Caracas, y en todo el País; todos los días a la hora de ir a comprar los alimentos, se constata la resignación, la cobardía, la entrega total y casi que absoluta de un pueblo que se deja robar impunemente con los precios, no ya de empresarios o comerciantes, sino de ladrones desprovistos de máscaras o de antifaces.

Si hay un pacto de élites, que autorizó la liberación de precios frente a la regulación de los salarios, nosotros como clase obrera oprimida y esclavizada por el capitalismo, no lo aceptamos; porque la tolerancia a esa injusticia está matando de hambre a nuestros niños y ancianos, principalmente.

Más que un reacomodo del gabinete con las mismas piezas, corroídas por el moho de la inoperancia, es absolutamente indispensable la prohibición inmediata de la liberación de precios, mediante la cual han saqueado impunemente al pueblo trabajador venezolano, que no recupera el sentido de la lucha en contra del capitalismo, en medio de las urgencias para encontrar la manera de comer algo, con sus billetes devaluados.

La renuncia del sentido de lucha anticapitalista, nos ha llevado a aceptar la miseria, que ya está instalada en Venezuela, como costumbre. El robo diario de cada ladrón detrás del mostrador, o de cualquier ventorrillo, ha dado cuenta de todos nuestros ahorros. Esta miseria, lamentablemente aceptada, no nos permite comprar ningún artefacto indispensable para el hogar, hemos retrocedido en 3 años, 5 décadas en cuanto al desarrollo del nivel de vida de nuestro pueblo trabajador.

¿Hay millones de burgueses en Venezuela, o millones de corruptos, lacayos, desclasados al servicio de los ladrones que se han adueñado de los programas y políticas públicas del gobierno, y de los alimentos, cambiándoles los precios todos los días?

¿Cuándo vamos a parar en esta loca carrera hacia el abismo? ¿Cuándo vamos a recuperar la inmanencia del sentido de lucha en contra del capitalismo ladrón, que nos está matando de hambre?

 



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Eduardo Mármol


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