La Columna de Dante

Bolívar: Pena capital para los corruptos

En los organismos que nos ha tocado dirigir nuestra bandera de lucha, no negociable e implacable, siempre ha sido el combate a cualquiera de las nefastas expresiones delictivas de la corrupción. Así logramos desburocratizar y simplificar trámites que significaron avances morales muy grandes. Los usuarios todavía hoy nos agradecen haber terminado con el calvario de ser expoliados impiadosamente. Ahora todos saben que los trámites son personales, sin gestores y no requieren "adicionales".

Esa es una tarea que debe mantenerse activa en todo momento. Insisto en que urgen los constructores de confianza que garanticen a los venezolanos capacidad y honestidad; figuras que sean reconocidas porque su gerencia fue efectiva y trajo soluciones para los usuarios y los trabajadores, para todos por igual. Como bolivariano siempre voy a reaccionar enérgicamente para condenar cualquier acto de corrupción, sea pública, privada o mixta.

Esta conducta, bien bolivariana, viene de lejos. Ya el Libertador, el 12 de enero de 1824, dictó un decreto en Lima que entre otras cosas estableció la aplicación de la pena capital a los funcionarios que hubiesen tomado dinero de los fondos públicos.

Entonces sentenció: Artículo 1º: Todo funcionario público, a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado por sí de los fondos públicos de diez pesos arriba, queda sujeto a la pena capital. Artículo 2º: Los jueces a quienes, según la ley, compete este juicio, que en su caso no procedieren conforme a este decreto, serán condenados a la misma pena. Artículo 3º: Todo individuo puede acusar a los funcionarios públicos del delito que indica el artículo 1º.

Por esta razón, resulta totalmente incomprensible y altamente descalificante, que se pretenda amparar delincuentes de este tipo, justificando lo injustificable. Un servidor público debe ser un ejemplo de corrección y honestidad. Un servidor comunitario con moral y luces.

Cuando se llega al poder para robar o violar la Constitución y las leyes en beneficio propio o de un grupo de amigos, estamos en una situación de corrupción que solamente se paga con el descrédito y la cárcel.

Por eso los convoco a todos a sostener con orgullo aquellos principios de honradez plena tan bien perfilados por el Libertador. Ser decente no debe ser una excepción o un mérito. Esa es la obligación y no debemos excusar a los corruptos por ningún motivo. Conmigo no va el "robó pero hizo".

Un abrazo.

Dante Rivas

 

 



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