La columna de Dante

Todos somos diferentes. Todos somos iguales. Y sin duda alguna, todos somos importantes

Esta es una afirmación en la que creo firmemente y que defiendo desde lo más profundo de mi ser, consciente de que más que una idea o una frase, se ha convertido en una campaña mundial, en un fin y una lucha común de las personas, empresas e instituciones, pues una inmensa mayoría (afortunadamente) hoy promueve desde diferentes espacios la necesidad de respetarnos y aceptarnos unos a otros tal y como somos, con nuestros gustos, creencias, deseos, ideologías, condiciones de salud y colores de piel.

Todos tenemos los mismos derechos y deberes. Todos vivimos y damos vida, formamos parte del todo. Todos somos iguales ante los ojos de Dios.

Y cuando hablamos de este tema, de la igualdad, la diversidad, la inclusión, algunos incluso podrían pensar que es tedioso, o cotidiano, o repetitivo, pero resulta que a diario vemos o nos enteramos de casos aislados, pero muy lamentables y totalmente condenables, dentro y/o fuera del país, que nos hacen preguntarnos si realmente existe claridad sobre esta gran premisa de la que hablamos.

Recientemente muchos vimos con indignación las declaraciones del exalcalde de El Tigre, en el estado Anzoátegui, contra un grupo de niños con Asperger que dibujaron un mural, por demás es hermoso. El ciudadano, al que debemos recordarle que era un funcionario público, electo por el voto popular de paso, utilizó un lenguaje sumamente discriminatorio y ofensivo, que deja ver la poca información y sensibilidad que aún existe y tienen algunas personas. La total falta de respeto y de formación al referirse de esa forma a unos niños, que además tienen una condición especial, cada día más común, conocida, entendida y aceptada.

Vimos también en las noticias como un hombre golpeaba salvajemente a un abuelo en situación de calle, sin la más mínima compasión. Leemos cómo en diferentes países siguen ocurriendo desplantes en el mejor de los casos y agresiones, en el peor, para las personas extranjeras. En otros lugares pasa lo mismo con la comunidad LGTBI que sigue enfrentando el estigma, la discriminación y exclusión en la sociedad, la educación, hasta en el empleo y lo más sagrado que es la salud. ¡Dios mío ya basta! Esto no puede continuar.

Tenemos que actualizarnos, sensibilizarnos, entendernos y respetarnos. Por eso, más que verlo como un tema repetitivo creo que es una conversación de la que todos debemos apropiarnos con seriedad, con amor y compromiso para seguir concientizando a niños, jóvenes y adultos sobre la importancia del respeto hacia todos los seres humanos. Si queremos un mundo y un futuro mejor, de paz, solidaridad, hermandad, libertad, debemos hacer propia la consigna: Todos somos diferentes, todos somos iguales. Los abrazo con cariño.



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Dante Rivas


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