Con la Revolución Bolivariana el 6-D

Un mecanismo de calumnia busca crear el clima propicio para desconocer los resultados de la elección en Venezuela el próximo domingo 6 de diciembre.

Cada habitante de la región debería contribuir a desmontarlo. No es tarea sólo de quienes defendemos esa revolución. El resto tendría que hacerlo por elemental sensatez, en defensa propia; por la esperanza de un devenir racional, pacífico.

La Casa Blanca está lanzada a ganar esa elección o, en caso contrario, provocar un choque violento, con base en fuerzas mercenarias, cuyas derivaciones irían más allá de las fronteras venezolanas. En medio de una crisis sistémica global y un estado general de elevadísima beligerancia esto involucraría a todos.

Ya millones de luchadores del Psuv (Partido Socialista Unido de Venezuela), el GPP (Gran Polo Patriótico) y el gobierno encabezado por Nicolás Maduro han hecho su parte para afrontar este vigésimo encuentro electoral en 16 años. Esfuerzo formidable para enfrentar los efectos de la tenaza múltiple activada por la burguesía local y extranjera que, contra toda evidencia, presenta al régimen venezolano como una dictadura.

Ahora, sobre todo a partir del lunes, la tarea queda en manos de todos al sur del Río Bravo. Y en primer lugar de la vanguardia política, que ha estado lejos de cumplir su papel en el último período.

Paradojalmente, el riesgo mayor está en que el gobierno vuelva a ganar. Y todo indica que eso es lo más probable. Pese a que Unasur y otros centros internacionales han enviado misiones ya acreditadas ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), se ha sembrado en la opinión pública mundial la idea de que la oposición ya ganó y el gobierno apelará al fraude.

Los hechos apuntan a lo contrario. De las 19 elecciones anteriores (todas con libre participación de instituciones oficiales extranjeras como observadoras) Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después ganaron 18. La única vez que la revolución fue vencida en las urnas, por una mínima diferencia, Chávez reconoció la derrota antes de la medianoche del día comicial.

Ahora, al margen las encuestas, que en su mayoría dan vencedor al GPP, lo cierto y comprobable es que éste, liderado por el Psuv, realizó elecciones primarias en todos los distritos, 87, con la participación de 3 millones y medio de personas. La así llamada Mesa de Unidad Democrática –Mud, que aparte de antidemocrática está muy lejos de ser unitaria, puesto que ha dejado por fuera al Mas, Copey, Urd y otros agrupamientos regionales, sólo hizo elecciones en 33 distritos, con la concurrencia de poco más de medio millón de personas.

Otro hecho a la vista es la poderosa movilización del GPP, que además de dos simulacros de votación con millones de personas involucradas, lleva a cabo una enérgica campaña de 1 x 10, consistente en que cada militante promueve encuentros con por lo menos diez personas. Paralelamente, la Mud no tiene la más mínima presencia militante, no obstante lo cual esgrimen encuestas que la dan como victoriosa. Esto ha ocurrido en cada oportunidad electoral, con los resultados conocidos.

No obstante, esta vez gravitan como nunca las consecuencias de la guerra económica en la vida cotidiana. Escasez y carestía golpean a la población y afectan a los sectores menos conscientes. Eso puede manifestarse en la elección, sobre todo con la abstención. Por esta razón no hay sondeos terminantes respecto del resultado final, aunque cabe aclarar que, dado el tipo de elección distrital, un contendiente puede obtener igual o menor cantidad de votos y pese a ello tener mayoría de diputados. Prácticamente no hay encuestadoras que den a la Mud con mayoría de legisladores, aunque sí las hay que indican que el GPP podría recibir esta vez menos votos. No por una traslación de electores al campo enemigo, sino por la no concurrencia a las urnas.

La Asamblea Nacional está constituida por 167 diputados, por lo que la mayoría simple implica acceder a 84 bancas. Con 99 se tiene mayoría calificada y con 110 la mayoría absoluta.

Estos datos importan mucho en un sentido. Si el gobierno quedara en situación de mayoría simple la capacidad obstructiva de la Mud sería considerable. No obstante, es secundaria en otro plano, como hemos sostenido reiteradamente, en especial en la última edición de América XXI. Allí, tras sostener la idea de que el GPP mantendrá la mayoría de diputados, en un artículo titulado Elecciones y poder comunal en Venezuela (http://bit.ly/1RqmUMa) afirmo lo siguiente: "Si acaso los permanentes flujos y reflujos de capas sociales indefinidas o pasibles de ser confundidas y manipuladas, diera como resultado la pérdida de la mayoría en la Asamblea Nacional, el rumbo trazado por la estrategia antimperialista y anticapitalista seguiría determinando el curso de la sociedad venezolana. Cabe reiterar palabras de Maduro: ‘Lo peor que le podría pasar a ustedes, pelucones, burgueses, es ganar las elecciones, porque ahí comenzaría la nueva batalla. Anótenlo; no es una amenaza, es la Historia. La Revolución no se va a entregar jamás’". Sobre la certeza de que la revolución no se define en un resultado comicial, el artículo continuaba diciendo: "con victoria electoral, el gobierno tiene más margen para mantener la línea institucional del proceso. Ante una eventual derrota, cabrá a la burguesía y sus mandantes optar entre aceptar la continuidad de las medidas revolucionarias o apelar a las armas, es decir, a la agresión extranjera, porque al interior carecen de toda posibilidad". La reflexión concluía así: "Elección parece ser sinónimo de obnubilación. No lo es para el gobierno de Maduro, el Psuv y el GPP. El poder comunal es la máxima expresión de la democracia y Venezuela avanza por ese camino".

Coalición belicista

A pocas horas del acto comicial conviene afirmar estos conceptos. Porque ya Washington ha lanzado una jauría contra la revolución. Con prescindencia de los resultados. Una carta titulada "Venezuela grita libertad" fue difundida por la red mundial de prensa para la tergiversación y la mentira. Va firmada por Mariano Rajoy, presidente del reino de España; David Cameron, primer ministro del reino británico; Thorbjørn Jagland, secretario general del Consejo de Europa; Felipe González, ex presidente del gobierno español, y Ricardo Lagos, ex presidente de Chile.

Sería ocioso reiterar la catadura de Rajoy o Cameron, carniceros en Europa y Medio Oriente. Días antes de esta cínica proclama Cameron reivindicó ante un periodista de la BBC la utilización de armas atómicas para intervenir en Medio Oriente. Con absoluto desparpajo, habla luego de libertad. Tampoco hace falta abundar sobre el historial de González y Lagos, dos socialdemócratas con tradición de violencia contra sus pueblos. Jagland tiene el beneficio de oscuro burócrata útil para firmar declaraciones.

Juntos, mienten con un descaro asombroso: "Con motivo de las manifestaciones pacíficas que se iniciaron en febrero de 2014, muchos opositores, estudiantes o dirigentes políticos fueron objeto de detenciones arbitrarias, que incluyeron también a ciudadanos europeos".

¿¡Manifestaciones pacíficas en febrero de 2014!? Sólo gente sin un ápice de moral puede hacer semejante afirmación. El intento insurreccional que condujo Leopoldo López con la consigna de derrocar a Maduro produjo 43 muertos, la mayoría militantes del Psuv y miembros de la Fuerza Armada. Seguimos estos hechos paso a paso, con datos incontrastables, en sucesivas ediciones de América XXI. Cuando se vio el fracaso de la operación, en la Mud se resolvió asesinar a López y cargarlo a la cuenta oficial. Avisado de esto, el bravo luchador fascista pidió ayuda al gobierno. Y tras una negocación llevada por su padre, se entregó (sí: ¡se entregó!) ante Diosdado Cabello, que le garantizó la vida y frustró la operación de la Mud. Al entregarse, López eludía el asesinato a mano de los suyos a cambio de un juicio por los crímenes cometidos. Es lo que ocurrió. Y ahora paga cárcel por eso.

Podrían multiplicarse los ejemplos de falsedades esgrimidas por estos demócratas de opereta. Pero sólo importa subrayar que esa carta forma parte del arsenal para justificar el desconocimiento del resultado electoral del domingo si como todo adelanta vuelve a ganar la Revolución.

Visión errada de la coyuntura regional

En ciertos sectores de izquierdas del exitismo se ha pasado en los últimos meses a una actitud derrotista. Sobre todo a partir del debilitamiento extremo del gobierno brasileño y la derrota del peronismo en Argentina. Tras esa actitud está por un lado la incomprensión de una confrontación consecuentemente anticapitalista y por otro la interpretación impresionista de la coyuntura que se abre en la región.

No hay acción política efectiva sin previsión. A la inversa, la imprevisión deviene error cuando el futuro se hace presente.

Era previsible –como que la noche sigue al día- el desenlace frustrante de gobiernos procapitalistas con afanes reformistas. También que el gran capital lanzaría un contraataque frente al inédito avance de fuerzas antimperialistas en América Latina. No cabe entonces asombrarse por la situación que afronta hoy el hemisferio.

La proclividad al desaliento y la admisión de derrotas antes de dar la batalla tiene más de un componente, pero entre ellos resalta la inconsistencia teórica. Nunca como en estos momentos tan válida la advertencia de Lenin: "sin teoría revolucionaria, no hay acción revolucionaria".

El cuadro objetivo que afrontaron desde el inicio la Revolución Bolivariana y el Alba trazó limitaciones poco menos que insuperables en lo inmediato. Eso no se resuelve con palabras. Ni con exigencias en abstracto. Tampoco es argumento para errores y desviaciones no corregidos a lo largo del tiempo. Simplemente fija limitaciones, implícitas en otra afirmación con historia: no se puede construir el socialismo en un solo país. U otra repetida por Chávez con destinatarios precisos, que hicieron caso omiso de su advertencia: "para darle de comer a todos, todos los día, hay que hacer una revolución".

Pues bien, en el punto final de la primera fase en esta confrontación histórica, la desaparición de ilusiones reformistas o desarrollistas burguesas crea circunstancialmente un paréntesis que puede ser confundido con victorias estratégicas del enemigo. Pero no lo son. E incluso pueden estar anunciando lo inverso: la consolidación de una perspectiva revolucionaria por sobre los desvíos reformistas y nacional-burgueses.

Por supuesto eso implica acción revolucionaria efectiva. O, lo que es lo mismo, teoría científica de la lucha de clases aplicada en cada paso por las vanguardias. Implica también asumir en una escala mayor el internacionalismo efectivo. Y la capacidad de acción de masas con objetivos que incluyan pero superen las consignas reivindicativas y lleven a las grandes mayorías la noción de Revolución.

Si esto no lograra plasmar en un tiempo dado, entonces sí el capital podría afirmar una ofensiva estratégica. Hoy no puede.

Como ya he resumido, todo indica que el gobierno encabezado por Maduro, el Psuv y su capacidad de articular fuerzas antimperialistas, vencerá el domingo. Pero el curso de la lucha de clases a escala regional no estará definido por ese resultado. Incluso en la victoria, la Revolución Bolivariana afrontará enormes dificultades que sólo tienen una respuesta posible. La formuló una vez más Maduro esta misma semana: "el 7 de diciembre, con la victoria que el pueblo va a obtener, yo lo que voy a hacer es radicalizar la revolución para acabar la guerra económica, con ustedes, por ustedes y para ustedes, eso es lo que vamos a hacer".

Es mi más profunda convicción que con esta conducta la Revolución Bolivariana continuará siendo la vanguardia de la lucha antimperialista y anticapitalista continental (quiero decir: incluido Estados Unidos).

Eso ocurrirá con o sin una neta victoria electoral. La incógnita no está entonces en las urnas. Está en la lucidez y el coraje de la vanguardia revolucionaria latinoamericana para acudir a la gran batalla, que comienza el mismo lunes 7 para defender la Revolución Bolivariana, entendida como provincia de una federación socialista de América Latina.



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Luis Bilbao

Escritor. Director de la revista América XXI

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