Dialogo para qué, y otros asuntos relevantes: CNE, institución presidencial y polarización

La cuestión del diálogo

La oposición no ha demostrado interés en un dialogo sincero para encontrar, por lo menos, un Modus Vivendi, es decir, una manera de convivir en paz resolviendo las diferencias mediante negociaciones formales y/o informales. Un preacuerdo que permita avanzar en conversaciones más amplias. En el caso de la Venezuela actual se trata de establecer un compromiso para erradicar la violencia en las relaciones gobierno-oposición, regla básica para la convivencia democrática.

Frente a este panorama surge la siguiente pregunta, ¿es posible la convivencia democrática con la oposición? Tiene ella, la oposición, algún interés  en esa convivencia? En las actuales circunstancias es conveniente que sea la oposición misma la que sobre la base de los hechos ante Venezuela y el mundo, despeje esa interrogante. Por sus hechos los reconoceréis.

 

La experiencia indica que la oposición no ha tenido interés en ese tipo de acuerdo por cuanto siempre ha tenido guardado un plan para derrocar al gobierno bolivariano. Ello se debe a que en lo fundamental ella expresa interés imperiales.

 

El Golpe de Estado de abril de 2002 culminó con el retorno al poder del Presidente Chávez. El Presidente Chávez pudo haber tomado medidas de emergencia, tales como suspender las garantías constitucionales, ordenar la detención preventiva de varios dirigentes de la oposición, aquellos que directamente participaron en el golpe de Estado, suspenderle la concesión a los principales medios de comunicación pertenecientes a sectores sociales de la economía privada, por su participación directa en la organización y ejecución del golpe de Estado.

 

El presidente no hizo eso. Por el contrario, con un crucifijo en la mano se dirigió al país, pidió perdón, llamó al diálogo y reintegró a los ejecutivos de PDVSA a los cargos de dirección de la industria petrolera. Nombró a José Vicente Rangel como coordinador del dialogo y constituyó mesas para formalizar las conversaciones.

 

La oposición buscó una excusa y se retiró del diálogo. Pronto se supo por qué: tenía preparado un nuevo golpe de Estado mediante el paro petrolero. Eso tampoco les resultó. Provocaron la perdida de $ 20.000.oo millones, pero  el gobierno no se derrumbó, por el contrario, se fortaleció.

 

El último intento de diálogo fue convocado por el presidente Maduro el 10 de abril de 2014. El presidente maduro los invitó a Miraflores, la sede del gobierno, les dio un tratamiento de interpares y les permitió plena libertad para hablar en cadena nacional a través de los medios radioeléctricos. Mayor apertura no se podía pedir.

 

Un aspecto relevante fue que todos los representantes de la oposición irrespetaron al presidente, pues ninguno fue capaz de dirigirse a él como presidente de la Republica. Como si estuvieran en una partida de dominó simplemente se dirigían a él diciéndole: mira Nicolás... o sin nombrarlo. Una actitud que prefiero no calificar. Parecida a la prepotencia clasista.

Sin embargo, la oposición se empeño en no avanzar en el diálogo si previamente no se ponía en libertad a los que ellos llaman presos políticos. Pero, las conversaciones de alto nivel, las conversaciones interpares, se realizan sin condiciones previas y ellos lo sabían y lo saben. La libertad de los detenidos como una condición previa. Ellos lo sabían. Leopoldo López sigue detenido, ello tiene que ver con una política de querer imponérselo al gobierno, como ocurrió en abril de 2014. Ahora quieren imponerlo mediante una Ley de Amnistía aprobada por la Asamblea Nacional. Eso lo que provocará es que Leopoldo López continúe detenido y ellos lo saben. Vale la pena preguntarse entonces ¿De verdad la MUD desea la libertad de Leopoldo López? Si quieren diálogo, ¿por qué no toman el camino de la negociación sincera, que no sea otra manera de crear condiciones para el derrocamiento del gobierno?

Es conveniente aceptar el diálogo para ante Venezuela y el mundo exponer cuáles son las verdaderas intenciones de los dirigentes de la oposición. Si lo que desean es chantajear buscando debilidades para imponer un programa neoliberal, eso debe quedar claro.

Está claro que un programa socialista no se impone en una negociación, pero unas medidas nacionalistas, si en verdad la MUD no está coaligada con la derecha internacional, ¿por qué no serían aceptables?

Ignoro si el gobierno está dispuesto a negociar un tema tan grave como la libertad de Leopoldo López, donde ha habido muertos y heridos ¿Quién resarcirá a los muertos? Lo que sé es que el gobierno rechazará cualquier intento de obligarlo a tomar una medida como esa. Por la fuerza no habrá solución alguna, a menos que logren derrocar al gobierno, pero eso no está a la vuelta de la esquina y si se intenta, forzando procesos, costará gran derramamiento de sangre y terribles sufrimientos. La vía diplomática abre otras posibilidades.

En el diálogo de abril 2014, convocado por el presidente Maduro, se empeñaron en esa condición previa que sabían de sobra que el gobierno no aceptaría y de esa manera cerraron toda posibilidad de dialogo.

La oposición no ha ganado la guerra como para imponer condiciones. Eso es lo que nunca han querido comprender. La prepotencia clasista es enemiga del diálogo.

El canciller Patiño, de Ecuador, plantea la importancia del diálogo gobierno-oposición

El gobierno venezolano siempre ha favorecido el diálogo. Ojalá la oposición, esta vez, tenga una disposición sincera a dialogar. Obviamente, con propuestas como privatizar CANTV, derogar la Ley del Trabajo y otras similares, el diálogo es prácticamente imposible.

Creo que la posibilidad de diálogo podrá ser abordada en la cumbre de Mercosur que se realizará el lunes 21 de diciembre y con seguridad la posición del presidente Maduro será positiva. Si hasta ahora no ha habido diálogo, ello no se debe a una posición refractaria del gobierno.

Modesta y humildemente considero que es importante iniciar el diálogo dejando claro cuál es su propósito: lograr un Modus Vivendi y un Modus Operandi. Si se llega a acuerdos en estos dos campos, ello puede crear unas relaciones políticas más sanas.

Una base fundamental del modus vivendi es el mantenimiento de la paz y la no violencia. De lo contrario el diálogo no es posible. Si se logra un compromiso firme en esta materia, el Modus Operandi se facilita.

Un aspecto determinante del Modus Operandi es, precisamente, el mantenimiento de la paz como condición para la convivencia democrática. Un acuerdo podría ser el establecimiento de una comisión de enlace de alto nivel, una especie de teléfono rojo, que vele por la garantía de la no violencia, del mantenimiento de la paz como modus vivendi esencial.

Creo que un tema delicado como el del paramilitarismo debe tener un espacio dentro de este diálogo. La oposición no va a admitir esos vínculos, pero hay maneras de cómo abordarlo y buscar algunos compromisos.

Sobre la base de estos acuerdos previos, creo que el segundo paso puede ser el establecimiento de una agenda, con temas sobre la seguridad pública, por ejemplo, que le dé piso al diálogo. Hay que tener la convicción de que ni el gobierno puede aceptar una agenda neoliberal ni la oposición una agenda socialista. Me parece que no debo decir más sobre este tema.

Hay que poner a prueba las intenciones de la oposición. Dada la experiencia y el hecho de que su política se viene elaborando desde el extranjero, el objetivo, como otras veces, es derrocar al gobierno bolivariano. La oposición no parece haber renunciado a este objetivo. Más bien parece envalentonada por haber logrado el control de la Asamblea Nacional.

Por eso, acuerdos para garantizar la paz y la convivencia democrática son claves. Si no hay acuerdos firmes en ese campo, no hay materia sobre la cual negociar.

El diálogo esencial es en el seno del pueblo

A través de los años he insistido y seguiré insistiendo en que hay varios espacios para el diálogo. En primer lugar, el diálogo entre las direcciones y los liderazgos del gobierno y de la oposición, que tiene como propósito esencial mantener un modus vivendi que garantice la convivencia democrática evitando la violencia; en segundo lugar, el diálogo en el seno del pueblo para garantizar la vigencia de los derechos que unen al pueblo explotado, al pueblo bolivariano, chavista y no chavista. Esa amplia alianza de clases sociales que constituyen al pueblo: sectores de la clase media, obreros, campesinos, intelectuales, militares, profesionales y técnicos, gente pobre en general, independientemente del sexo (masculino, femenino, sexo diversos), el color de la piel, la religión, las creencias, etc. Las únicas creencias que no entran son las creencias fascistas, la persecución religiosa, de género, étnica, económica o cualquiera que viole los derechos humanos.

Me parece que si se crea un modus vivendi y un modus operandi, fundados en la no violencia y la convivencia democrática, también es más fácil el diálogo en el seno del pueblo. Garantizar la paz y la no violencia es una seria prueba para la oposición. Es bueno, ante la sociedad venezolana, que queden claros los objetivos del gobierno y de los dirigentes de la oposición.

La actual polarización como proceso perverso

He insistido también en que la polarización que se ha impuesto está encabezada por burocracias que tienden a desvincularse del pueblo, tienden a irrespetar la soberanía popular, no comprenden claramente que cuando son electos, sólo son mandatados para cumplir tareas específicas de las que deben rendir cuentas ante el pueblo de manera periódica.

Esa polarización debe ser enterrada, ella es una de las causantes de la derrota. Esa polarización es contraria a la unidad popular, se opone a que el pueblo se autoempodere y suele ser impulsada por burócratas a los que cada vez menos les interesa el pueblo. Burócratas que se van corrompiendo, enriqueciendo y se mantienen a un paso de la traición.

Creo que dicha polarización está detrás de la reforma que se hizo a la Ley de Sufragio, que eliminó en las consultas electorales, la representación proporcional de las minorías, que es un derecho constitucional. Como ya he dicho, eso está detrás de la derrota electoral del movimiento bolivariano y de que la oposición tenga la mayoría calificada en la Asamblea Nacional. Si todavía es posible, el gobierno debe aprovechar para corregir este grave error antes de que se instale la nueva Asamblea Nacional.

Esos burócratas corruptos son fácilmente chantajeables por las fuerzas contrarias. Ya hay varios que han buscado protección en EEUU a cambio de hacer delaciones y que les permitan vivir de los frutos de la corrupción, corrupción que está detrás de la crisis que vivimos, que en buena medida es una crisis moral.

¡El pueblo unido jamás será vencido. El pueblo unido es la voz de Dios!

La cuestión de dos instituciones que deben ser cuidadas de manera especial: el Consejo Nacional Electoral y la institución de la Presidencia de la República

El Consejo Nacional Electoral (CNE) es el garante de los resultados electorales y bajo la presidencia y el gran esfuerzo de Tibisay Lucena, y el excelente equipo que la ha acompañado, se ha ganado un merecido prestigio y reconocimiento nacional-mundial. Ni con el pétalo de una rosa debemos tocar ese prestigio y la fe pública que rodea al CNE.

Creo que fuimos derrotados limpiamente y de esto no debe quedar la menor duda. ¿Hubo alguna irregularidad? Es posible, pero ella no invalida el veredicto emitido por el CNE, todo lo contrario, lo reafirma. Si hubo compra de votos u otro delito, debe ser investigado y castigado, pero debe quedar absolutamente claro que ello no afecta, de ninguna manera,  la decisión del CNE. Esto debe ser ratificado con mucha fuerza. El CNE debe seguir siendo, tanto en los hechos, como en el imaginario colectivo, una institución respetable y respetada, libre de toda sospecha.

La institución de la Presidencia de la República debe ser merecedora de la fe pública. En el presente, ella tiene nombre y apellido, el presidente Nicolás Maduro. La honorabilidad y la capacidad de él no pueden ser puestas en duda, salvo prueba muy firme y documentada, en contrario.

¿Significa esto que no puede ser criticado? Todo lo contrario. Permanentemente él está sometido al veredicto popular, a la crítica más severa. El mismo lo ha demandado y la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece los procedimientos para juzgarlo, censurarlo, destituirlo o ratificarlo. El presidente Maduro rehuirá sus responsabilidades. Ojalá abra su oídos a todas las voces.

Le ha tocado ejercer la presidencia de la República en uno de los períodos más difíciles y convulsos de la historia de Venezuela. El solo hecho de tener que relevar al Presidente Chávez de manera repentina ha sido un reto casi imposible de lograr, pues el Presidente Chávez es insustituible, con sus aciertos y sus errores. Esa insustituibilidad es de universal reconocimiento. Hasta por parte de sectores de la oposición, pero el presidente Maduro se ha levantado por encima de todos los retos y ha sabido marchar hacia adelante y el pueblo de Venezuela lo ha reconocido como un líder, pese al proceso nacional-mundial de descalificación constante, diaria.

Él ha llamado a la crítica. Yo lo he criticado, por escrito y públicamente y así muchos otros desde el campo bolivariano. La oposición, como es su deber, también lo ha hecho. Incluso de manera irrespetuosa. No sólo con el propósito de corregir errores, sino de derrocarlo. Él ha sabido convivir con esto y enfrentar los procesos conspirativos. Creo que  a ningún presidente venezolano le había tocado bregar contra una orden ejecutiva de un presidente de EEUU, en la que se considera a Venezuela como un enemigo inusual y extraordinario... En la VII Cumbre de las Américas supo enfrentar esa orden. Así mismo ha procedido frente a otras graves amenazas nacional-mundiales.

Lo que estoy planteando es que desde que él es presidente ha sido sometido a un proceso conspirativo muy difícil de manejar. Ha enfrentado una guerra de baja intensidad de carácter mundial, con componentes mediáticos, de guerra psicológica, económica, petrolera, monetaria, etc., muy compleja, de soluciones diversas, de complicadas alianzas y relaciones de fuerzas inestables, con la necesidad de incluir a países como Colombia, que de hecho, son enemigos del proceso bolivariano. Yo creo que él ha pasado ese examen. Por eso he hablado de la crítica solidaria, reconociendo que hay momentos en los que la solidaridad es la crítica honrada, sincera y sin concesiones.

Se dice que la derrota es huérfana y eso suele ser cierto. Sin embargo, hay madres detrás de ella y padres también. En estos momentos de revisión crítica, esas madres y padres deben ser sometidos al juicio público y pedir que el propio presidente los ponga en su lugar. Ciertas manos que tienen que ver con la derrota, deben ser colocadas fuera de Miraflores. Creo que el presidente debe oír las voces que claman por manos fuera de Miraflores. A quien hay que reivindicar es al presidente y a la institución presidencial. No a quienes se han aprovechado de la revolución bolivariana.

 



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Julio Escalona


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