En medio de grandes dificultades…..una excelente oportunidad.

Es innegable que la caída de los precios del petróleo en los mercados internacionales ha ocasionado graves problemas en las cuentas nacionales de los países cuya economía depende mayoritariamente de los ingresos por la venta de este importante recurso energético. El caso de Venezuela es una muestra contundente de las implicaciones que tiene esta caída de los precios del barril de petróleo desde un promedio de 88,42 dólares por barril en 2014 hasta los 47,72 dólares que promedia en lo que va del año 2015, representando una reducción del 46,04 % de nuestros ingresos por venta del petróleo. Nuestro país obtiene alrededor del 97 % de sus ingresos del petróleo y sus derivados, es por ello que cualquier alteración negativa en los precios internacionales de este combustible afecta los ingresos en divisas que diariamente recibe el país. Uno de los factores que ha incidido, en gran medida, en esa variación negativa de precios es el aumento progresivo de la explotación de petróleo de lutita (también denominado de esquisto, share o pizarra) por medio del método del fracking (fracturación de grandes bloques subterráneos de lutita), el cual requiere la utilización de millones de litros de agua bombeados a gran presión y acompañados de numerosas y variadas sustancias altamente tóxicas, entre los que se pueden mencionar el benzeno, tolueno, etilbenceno, xileno, queroseno y hasta 200 variedades de químicos, y entre estos se ubican alrededor de 12 considerados disruptores endocrinos, alteradores del equilibrio hormonal que afectan la fertilidad y ocasionan varios tipos de cáncer.

 

Estos combustibles (petróleo y gas) están contenidos en la masa que conforman estos grandes bloques de rocas ubicadas a profundidades entre 1,5 y 5,0 kilómetros y deben ser desintegrados/pulverizados para lograr extraerlos a la superficie. Es decir que no se ubican de manera convencional debajo de las rocas o arenas, sino en los propios bloques de rocas. Es obvio que esa gran cantidad de agua utilizada para ejercer presión sobre los grandes bloques de rocas subterráneas y luego para desplazar el combustible hacia la superficie tiene severas implicaciones ambientales en las profundidades trabajadas y en las áreas donde se deposita toda esa agua altamente contaminante. Actualmente, los EEUU han aumentado su producción diaria de petróleo con la aplicación de estos métodos hasta una cifra alrededor de los 9.4 millones de barriles diarios, reduciendo su altísima demanda externa e impactando los precios internacionales del producto. Además las invasiones terroristas, seguidas inmediatamente de la destrucción progresiva y sistemática de las infraestructuras y el consecuente debilitamiento/quiebre del Estado Nacional de países productores de petróleo como Irak, Libia y Siria, así como los ataques terroristas contra otros como Nigeria, organizadas y apoyadas por los EEUU y algunos de sus aliados europeos agrupados en la OTAN, así como por gobiernos locales ubicados cerca de esas naciones sometidas a todo tipo de ataques criminales, influyen también en la depreciación inducida del petróleo. Existe abundante información internacional publicada en papel y en las redes telemáticas sobre el mercado de compra-venta de petróleo que manejan los terroristas/asesinos de grupos como Al Qaeda, Al-Nusra, ISIS y Boko Haram en espacios territoriales conquistados por sus ejércitos de mercenarios (a los que Nicolás Maquiavelo definía desde finales del siglo XV como los Condottieri, que son contratados para hacerle la guerra a otros pueblos y estados) en Irak, Libia, Siria y Nigeria. Por cierto, es oportuno señalar que el espacio matriz donde se conformaron estos grupos de mercenarios y asesinos a sueldo, fue en Afganistán en la década de 1980, cuando bajo el liderazgo de los EEUU y en alianza con Gran Bretaña y varios países cercanos a esa región, se reclutaron más de 35.000 jóvenes en diversos países con importante población islámica de Asia, África y Medio Oriente con la finalidad de entrenarlos militarmente y organizar una "guerra santa o yijad" contra los "herejes comunistas/ateos soviéticos y sus aliados afganos". De allí saldrían muchos líderes paramilitares y terroristas como Osama Bin Laden, Ayman Al Sawahiri y otros miles que posteriormente fundaron las actuales organizaciones de terroristas y mercenarios que actúan en diversos países tergiversando las banderas religiosas esenciales del islam, impulsando la conformación de califatos, apuntando principalmente al quiebre definitivo de las estructuras nacionales unificadas y soberanas de países con importantes recursos naturales o ubicaciones geopolíticas estratégicas. Por eso es tan importante para los EEUU y sus aliados incentivar odios étnicos y religiosos entre miembros de la misma nación, como fue el caso de Yugoslavia, luego procedieron a venderles armas y pertrechos a los distintos grupos en pugna, hasta lograr propiciar enfrentamientos armados exponenciales y la ejecución de crímenes masivos, que finalmente le permitieran a EEUU y sus aliados europeos de la OTAN, invadir, atacar y destruir ese país, hasta lograr su quiebre definitivo como Nación y el surgimiento de 6 pequeños y débiles Estados que deben cargar con una deuda externa y eterna. De esa guerra interna salieron una gran cantidad de criminales/mercenarios que han participado como parte de los ejércitos privados contratados por los EEUU y sus aliados para agredir a otros pueblos y estados. Hasta en Bolivia aparecieron algunos de estos asesinos contratados internacionalmente para intentar asesinar al Presidente Evo Morales, plan criminal que fue descubierto y neutralizado en aquel momento por las fuerzas gubernamentales bolivianas.

Esta alteración negativa de los precios internacionales del petróleo nos afecta de manera directa, precisamente por ser un país que durante 100 años hemos vivido mayoritariamente de los ingresos de la Renta Petrolera. Desde las grandes empresas transnacionales establecidas en Venezuela, pasando por las conformadas originalmente como venezolanas en todas sus variedades y tamaños, así como los sectores dedicados a las actividades de intermediación financiera, y también las dedicadas al comercio y los servicios, todas dependen de los ingresos petroleros en dólares o convertidos en bolívares para realizar efectivamente su actividad lucrativa. Igualmente ocurre con toda la burocracia pública que trabaja en distintos niveles y actividades de las instituciones que dependen del Estado en general y del Poder Ejecutivo en particular. Los sueldos que pagan las empresas públicas y privadas en Venezuela y su sustentabilidad depende de los ingresos obtenidos por la venta de petróleo en los mercados internacionales. Las pensiones, becas, financiamientos, subsidios, créditos, las coberturas de seguros de todo tipo dependen de estos ingresos, porque el petróleo y la renta que produce es el lubricante/combustible que permite el funcionamiento de todo el sistema económico del país. Por eso es importante seguir trabajando en la búsqueda de alternativas internacionales que permitan aumentar los precios de este importante producto energético.

Cuando ocurren circunstancias difíciles derivadas de la ya referida caída de los precios del principal bien que nos provee de recursos económicos, y se acentúan las acciones desestabilizadoras ejecutadas desde el exterior y desde el propio país contra el proyecto de consolidación de la Nación Soberana, es indispensable desarrollar acciones que permitan proteger a la Sociedad, el Estado y el Gobierno frente a estas adversidades. Es en el contexto de estas dificultades no deseadas cuando el liderazgo político que asumió la continuidad de los cambios profundos impulsado por Hugo Chávez Frías y una gran cantidad de venezolanas y venezolanos que lo acompañaron durante estos años de finales del siglo XX y comienzos del XXI, debe asumir la responsabilidad de dirigir asertivamente el proceso soberanista, anti-imperialista, de profunda inclusión étnico-social, promotora de iniciativas integracionistas liberadoras, rescatadora de la indispensable auto-estima apoyada en el conocimiento crítico de nuestra historia. Se trata de una difícil circunstancia, pero también de una excelente oportunidad para avanzar en la consolidación del Proyecto de Nación Soberana e Incluyente establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Este contexto de dificultades económicas, que además se agrava con la ejecución de planes desestabilizadores desde el exterior, con acciones de provocación a través de países vecinos y la aplicación de iniciativas que afectan el valor de la moneda nacional y su paridad cambiara, la escasez de una diversidad de productos de consumo y la consecuente especulación con los precios de los mismos, debe impulsar al Presidente Nicolás Maduro Moros y sus equipos de gobierno para avanzar en la corrección de errores, omisiones, improvisaciones y otros problemas que afectan la eficacia y eficiencia de la gestión del Gobierno y del Estado en general. Las medidas que el Presidente ha tomado con respecto a diversos espacios ubicados en la frontera para frenar el descarado contrabando de productos hacia Colombia, así como enfrentar decididamente la presencia de grupos de narco-paramilitares provenientes de ese país vecino deben ser apoyadas activamente por la mayoría del país. Igualmente debe aprovecharse para evitar que alguna vez ocurra de nuevo la nefasta práctica del raspado de cupos de divisas en el exterior (antes con cadivi y luego cencoex) que se practicó progresivamente desde 2007 hasta 2015. Por una parte el Estado fue estafado con la apropiación delictiva de una gran cantidad de recursos públicos, pero más grave aún ha sido el daño ético que se le proporcionó a la sociedad venezolana con la masificación y permanencia de una actividad delictiva que afectó el valor de nuestra moneda y permitió que miles de personas y miles de tarjetas de crédito viajarán hacia países y ciudades del exterior donde se simulaban compras de bienes y servicios en dólares contra el presupuesto nacional. Miles de personas regresaban al país con miles de dólares en efectivo subsidiados por el Gobierno Nacional (Bs. 4.30 x 1 $; luego Bs. 6.30 y finalmente Bs 12.0) que luego cambiaban en un mercado paralelo e ilegal por una cantidad mayor de bolívares, hasta el extremo de aproximarse a los Bs. 700 x 1 $ Es pertinente preguntarse hoy cuanto de la práctica ilegal del raspa cupo de cadivi o cencoex se fusionó con las actividades ilícitas del bachaqueo y el contrabando de bienes. El Presidente Nicolás Maduro debe aprovechar el complicado escenario económico nacional y la diversidad de actividades delictivas y criminales que se venían desarrollando de manera abierta y masiva contra los intereses de Venezuela desde la República de Colombia a través de la extensa zona de frontera, para impulsar acciones de Gobierno y Estado muy firmes que erradiquen estás prácticas que corrompen y arruinan a cualquier país.

Historiador – Profesor de la UCV

Germilio.yeco@gmail.com



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Germán Yépez Colmenares

Historiador - Profesor de la UCV

 germilio.yeco@gmail.com

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