La miseria socialdemócrata y el hambre de los pueblos (II)

Involuntariamente olvidé en mi anterior artículo, una brevísima referencia de los actuales gobiernos de Brasil, Uruguay y El Salvador, que al igual que los anteriores, son catalogados como gobiernos “progresistas”. El común denominador de todos ellos, es su reformismo. La Presidenta Dilma da tres pasos a la derecha y un paso a la izquierda. Tabaré, será el nuevo fracaso reformista del continente, se lo tragará la derecha endógena y exógena. El Sr. Sánchez Cerenén lleva muy poco tiempo en la Presidencia del Salvador. El anterior Presidente salvadoreño, demostró de qué está hecho el nuevo Farabundo Martí. La premisa continúa: todo dentro del capitalismo, fuera de él nada. Adiós a Roque Dalton.

No se puede negar, que todos estos gobiernos han tomado medidas que mejoran la condición material de la clase históricamente explotada. Es lo menos que pueden hacer, pretendiendo distanciarse de los otros, más a su derecha. Su actividad política gira siempre en torno al modelo capitalista, sus luchas no son antisistema, no auspician el desarrollo de la conciencia social clasista, potencian el poder constituido en desmedro del poder constituyente. Inicialmente se consideró, que el carácter impopular y cruel de las medidas neoliberales, sólo eran posibles aplicarlas con un régimen de fuerza, poniendo como ejemplo El Chile de Pinochet. Pero los tiempos han cambiado y con “vaselina” hasta en el contexto de la ensalada política de izquierda, se aplican medidas neoliberales. Lo que le está pasando a Europa en particular a Grecia y Ucrania, o la quiebra económica de España, Portugal, Italia, Irlanda y Chipre, les resbala a los socialdemócratas venezolanos. El socialdemócrata Alex Tsipras no aguantó dos pedidas, Pablo Iglesias se bajará los pantalones antes que se lo pidan. ¿Qué será de la Ley de Precios Justos?

Compartiendo, el criterio de Marx, sobre los peligros que la “Economía Política” tiene para “la táctica” y la estrategia revolucionaria, sabiendo que “La Economía Política” explica a medias el sistema capitalista, naturalizando y legitimando sus crueldades, preocupado por la creciente injerencia del reformismo socialdemócrata en nuestro gobierno, insistimos y lo seguiremos haciendo, que la revolución debe preferir los espacios constituyentes, procurando siempre ir demoliendo los constituidos. En cualquier caso, el poder constituido debe estar sometido al Poder Constituyente. Gobernar obedeciendo al Pueblo. Admitiendo la circunstancial necesidad de un Estado en la “transición” hacia el socialismo, este Estado no puede ser el mismo Estado burgués creado por la burguesía para defender sus intereses, tiene que ser un Estado Popular manejado por el pueblo, no por “sus representantes”. “Sólo el pueblo salva al pueblo”.

Sobran los datos científicos que nos muestran la profunda crisis estructural que hoy corroe al sistema capitalista mundial. El sistema financiero (Imperialismo), más especulativo que nunca, ha encaminado descomunales recursos para provocar el endeudamiento de los países, y luego apropiarse de sus recursos y patrimonios. La crisis del capital, la pagan los trabajadores. Democracias vigiladas y tuteladas, gobiernos sin la aprobación ciudadana, se invaden países e imponen gobiernos, el capital financiero empujando keynesianismo militar, destrucción salvaje de la naturaleza, la ciencia más avanzada en absolutas manos del poder transnacional, los alimentos manipulados y monopolizada su venta, se inventan enfermedades y se busca de inmediato su antídoto, se controlan los medios de comunicación en fin, poderosísimos mecanismos de sometimiento social, que la socialdemocracia pérfidamente, nos dice, que todo este colosal aparataje apabullante capitalista, se pueden enfrentar con reformas, que para nada toquemos al capital, que no se necesitan antagonismos sino convivencias de clases, “aquí cabemos todos”. Qué vergüenza, que descaro, cuanta traición. Sabemos que “Con las armas melladas del capitalismo” no se puede hacer socialismo.

Las crisis por sí solas no producen revoluciones. La acción popular debe estar iluminada por la conciencia revolucionaria. Ante la globalización del capital, hay que globalizar la revolución. En el plano interno, comencemos por un ACUERDO NACIONAL ENTRE LOS MOVIMIENTOS Y PARTIDOS DE LA IZQUIERDA, formulando un pacto de cinco o más líneas maestras, que den claridad y direccionalidad a este proceso. Por ejemplo, podemos tener en común las luchas antiimperialistas, anticapitalistas, contra el burocratismo y el reformismo socialdemócrata, todos en procura del socialismo. Para nada el “socialismo de mercado”

Por circunstancias políticas, estos gobiernos “progresistas” han llegado al poder por vía electoral. El mercado electoral es parte del mercado capitalista; podemos ganar todas las elecciones y no hacer revoluciones. Las democracias “gradualistas”, pacíficas, clientelares y electoreras, practicadas por los gobiernos reformistas socialdemócratas, están convencidas y trabajan por la convivencia entre los históricamente opuestos: capital versus trabajo. Sobran las experiencias fracasadas de gobiernos “progresistas” o presuntamente revolucionarios, que por ambigüedad, indecisión o vinculación con la socialdemocracia, son organizadores de derrotas. Podemos citar como ejemplos: Los países de la URSS, del Pacto de Varsovia, China, Angola, Argelia, Mozambique, El Congo, Egipto, Sud África, Uganda, Etiopia, Somalia, México, Honduras, Panamá, República Dominicana, Vietnam, Camboya, Portugal, España, Francia, todos ellos tuvieron gobiernos “progresistas”, y de aquí no pasaron. Fueron intentos revolucionarios traicionados por los reformismos socialdemócratas.

Los miserables socialdemocracia, se han apropiado de elementos simbólicos revolucionarios, de metalenguajes, de elementos culturales, y con ellos, tener el control de las esperanzas populares. En Venezuela ahora poco se habla de antiimperialismo, de anticapitalismo, de socialismo. Nuestro Silvio Rodríguez ahora canta: “Cuba sí… yanquis también”, fin de mundo señores. La evolución, la vía electoral, la paz social, el respeto institucional al Estado burgués, el súper estímulo al sistema parlamentario, el lenguaje nacionalista, el populismo, el asistencialismo, el keynesianismo, el desarrollismo o el “estado de bienestar” son parte de este lenguaje claudicante que “los progresistas” suelen usar.

Los socialdemócratas evitan a Marx y su Materialismo Histórico, prefieren la conciliación con la “progresista” burguesía “emprendedora”, a quien entregan el desarrollo de las fuerzas productivas, vía la “industrialización” capitalista. La izquierda es sólo aceptada, cuando no es revolucionaria. Es oportuno recordar la pregunta que el Comandante Chávez frecuentemente solía hacerle a sus Ministros en los “puntos de cuenta”: ¿Dónde está allí el socialismo?”


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Jesús M. Vivas P.

Profesor Universitario con 45 años de servicio docente. PhD en Historia, egresado de la Universidad Complutense de Madrid. Más de 700 Artículos publicados a nivel nacional e internacional, mas de 60 años en la lucha revolucionaria, soy Jesus "Chucho" Vivas

 jesusm_vivas@hotmail.com

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