Los miedos del gobierno que están matando a la revolución

No es una exageración cuando afirmo que estamos en una anarquía comercial en todos los rubros que necesitamos para sobrevivir, para vivir dignamente y/o alcanzar el bienestar social. Y el gobierno viviendo en otro país, ajeno a la cruda realidad de los hechos.

En verdad muchos ya estamos cansados de emitir nuestras sinceras opiniones por esta página de Aporrea y las diferentes redes sociales sin obtener NINGUNA respuesta positiva de algún personero del gobierno. Se esfuman las ilusiones de un país con matices de socialismo bolivariano donde podamos convivir con nuestras diferencias pero con presencia de la autoridad que haga cumplir las leyes.

Salió hace pocos días el atornillado ministro de alimentación, Osorio, diciendo que en uno o dos meses se estabilizaría el abastecimiento alimentario. Esa metida de pata es por no visitar el país entero y conversar con el ciudadano común para palpar “como se bate el cobre” en las humillantes colas. Millares de compatriotas que ganamos sueldos bajos debemos “morir” en esas filas interminables para poder llevar la comida para la casa con alimentos regulados. Ese ministro vive en otro país. Estamos muy decepcionados y arrechos por la ineficiencia de las autoridades en poner en cintura a tanto delincuente que revende productos con 500 y 1000% de usura a plena luz del día y a los otros que dejan pasar el contrabando infame hacia Colombia (nuestro gobierno enemigo N°2) abultando así sus fortunas infinitas.

De solo pensar que la ultraderecha apátrida retome el poder se nos pone la piel de gallo. Pero el presidente Maduro y su equipo de reformistas no tienen ese parecer y van en un tren paralelo al del deber social que anhelamos los que teníamos esperanza de un mejor vivir, y no hablo de tener un socialismo pues eso ya no es posible, es una bruma que se difuma en el gris horizonte y que no verán ni nuestros nietos.

Estamos en un callejón sin salida y la única salida sería que tumbemos esa pared de fondo y bañarnos con la luz de un sol de justicia social. Tenemos un gobierno lleno de miedos, vacilaciones y distorsiones. Vemos al ¿camarada? Jorge Rodríguez persiguiendo a sindicalistas de la UST, al Defensor del Pueblo (¿o del puesto?) ignorar las desapariciones del compatriota Alcedo Mora y dos acompañantes pero abogando desesperadamente para que el terrorista exalcalde Ceballos deje la huelga de hambre; vemos impotentes como asesinos de la calaña de Simonovis, José Sanchez (mazuco, hoy como diputado), Antonio Ledezma y otros bandidos, estén disfrutando en casita una libertad por el simple hecho de haber tenido un uñero o una baja de tensión. Mientras, los robagallinas sufren un oprobioso retardo procesal y se pudren con sus huesos en las cárceles de la indiferencia.

Todo eso nos ha desilusionado de un gobierno que se suponía superaría los errores que el querido comandante Chávez había cometido de buena fe. Hoy aparecen los inefables Giordani y Héctor Navarro queriendo dar lecciones de eficiencia cuando en su época no hicieron lo que debieron hacer. Son tan burócratas como los que ellos critican ahora. Es necesaria la unidad de la que tanto hablaba Chávez, una unidad en la diversidad del pensamiento revolucionario pero eso no ha sido posible por la derecha endógena enquistada en Miraflores que en los dos últimos años ha crecido exponencialmente.

Este gobierno tiene varios miedos que están acabando con el hilo de esperanza de transición al socialismo. Tienen miedo a la autocrítica revolucionaria porque son reformistas de hecho, miedo a lo que digan la oposición y medios extranjeros sobre los criminales opositores encarcelados, por eso los dejan libres por una cirugía de callo o de hemorroides. Miedo a realizar encuestas en las colas de supermercados, miedo a comisar productos de la cesta básica revendidos por bandidos buhoneros en la nariz de las autoridades. Miedo al ajuste de los precios de la gasolina mientras gastan millones en propaganda para justificar que se debe aumentar (¿?). Miedo a desenmascarar las mafias de civiles y militares que permiten el desangramiento de productos hacia Colombia. Miedo a entrevistar al pueblo en el canal VTV para ventilar sus angustias, denuncias y necesidades. Miedo a elegir diputados revolucionarios que no pertenezcan al estalinista PSUV. Miedo a sacar ministros ineficientes, por el contrario, los ratifican o los regresan a sus carteras como el reciente caso de Yvan Gil que fue un desastre en el Ministerio de Agricultura. Miedo a denunciar los Bancos bandidos que robaron dólares de CADIVI, como el caso denunciado (pero no dio nombres, para variar) por el diputado Ávila. Al final sospechamos que no sean miedos sino estrategias reformistas con fines inconfesables. Estamos cansados, señor presidente, muy cansados y eso es peligroso para todos.



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Efraín José Granadillo


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