Pildoritas 69 (año VIII)

Control necesario contra la guerra económica

La guerra económica que la derecha nacional con apoyo internacional del imperio y de países con regímenes neoliberales  le ha planteado a la Revolución, por la sola razón de haber concitado el interés de los pueblos del mundo, ante los logros de un socialismo llamado del siglo XXI, que no se parece a otro experimento que se conozca y que puede, después de 16 años, mostrarse concretado en logros, en beneficio del pueblo, que ha permitido la inclusión y la puesta en práctica de políticas y planes demostrativos de que sí es factible, con voluntad, conseguir darle solución a los problemas más ingentes de la gente, invirtiendo el uso de los recursos para que la mayor parte de estos, sea en lo social, siendo al día de hoy Venezuela, el país que mayor presupuesto destina para estos fines, lo cual no lo dice el gobierno sino que lo reconocen organismos internacionales como la FAO, La UNESCO entre otros.

Contra esa guerra debemos, todos sin excepción, quienes estamos convencidos que el camino de la Revolución es el adecuado, y en primer lugar quienes ejercen funciones de gobierno y son fieles al proceso, pues bien sabemos que hay lamentablemente infiltrados, que desde dentro  hacen mucho daño cual caballos de Troya, cerrar filas con un solo objetivo: infringirle una nueva derrota a las pretensiones imperiales y de los lacayos de aquí, de torcerle el brazo al gobierno como lo anunció el verdadero jefe de la traidora oposición que aquí padecemos.

Uno de los factores o grupos de funcionarios que deberían tener una participación efectiva y directa en esta guerra, son quienes ejercen funciones en el servicios exterior, en Embajadas o Consulados, sobre todo en aquellos países desde donde se importan bienes de cualquier tipo, para ayudar  a ejercer el control sobre cualquier producto a fin de evitar facturaciones con sobreprecio, envíos incompletos, desvió parcial de divisas etc.

Si en cada embajada de un país exportador de bienes hacia Venezuela, existe un banco de datos de las empresas que mantienen negocios con nuestro país, directamente con el gobierno, que sería lo ideal máxime cuando estamos en pleno desarrollo de la guerra económica, o a través de particulares a quienes se les han concedido licencias de importación, para poder hacer seguimiento estricto y lo más expedito posible, a cada compra y así informar al organismo correspondiente aquí, de cuánta mercancía salió, dirigida a quién, por qué monto monto en dólares, es factible verificar que cuando esa mercancía llegue a puerto no haya ningún tipo de alteración en precios o cantidad y que efectivamente los productos sean los que fueron permitidos importar, según la licencia concedida; ello permitiría que dichos productos salgan de la aduana con el precio justo incluido,  y colocado  en tamaño bien visible, tomando en cuenta la ganancia legal para el importador, y la que se pueda generar en la cadena de distribución que debe tener el menor número de eslabones y así evitar un encarecimiento artificial, y de una vez por todas, desmontar la respuesta que el comprador final recibe cuando quien le vende, por ejemplo un repuesto, le dice que lo importó a precio de dólar paralelo y que este está a tal o cual precio, cuando bien se sabe que el vendedor final no es el importador y que según la facturación de origen y la que sale de la empresa importadora, es imposible que los productos alcancen un precio de escándalo como el que hoy tienen la mayoría de ellos,lo cual lamentablemente ha distorsionado todo el mercado, pues a los productos nacionales también le están aplicando la misma receta, lo cual bien sabemos, es parte de las estrategias, fríamente calculadas por quienes planificaron esta guerra y que aún tienen la esperanza desemboque en un estallido social, que justifique una intervención armada, para la cual por cierto ya se dio el primer paso que es el decreto en el que se nos declara un “peligro inusual” para la seguridad imperial, lo cual, como sabemos, en todos los casos de invasión ha sido el paso previo.

Las Embajadas cuentan con un departamento que se encarga de manejar las relaciones comerciales entre los dos países, no solo las que sean de carácter oficial, de gobierno a gobierno, sino también con particulares, ese departamento, en teoría, debe estar presidido por un  funcionario con el rango de Agregado  Comercial, y es a través de él que se debe llevar un control estricto de todas las importaciones y exportaciones que realice Venezuela, siempre teniendo el cuidado de que las cosas se hagan con suma agilidad y eficiencia, evitando que ello se convierta en una especie de alcabala que retarde, sobre todo la llegada expedita de los productos, a fin de que estén a tiempo en los anaqueles, pero también debe existir un control estricto que garantice que no  van a ser oficinas en las que se instale la corrupción porque no faltará quien pretenda establecer formas para, por ejemplo, ampliar los precios de los productos o para que no se verifique el verdadero precio de compra y simplemente se le dé veracidad a la facturación que presenta el importador pues se obvia la necesaria investigación comparativa de precios in situ. en cada país.

Los antecedentes  de conteiners que lo que traen es chatarra son suficientes para que se establezcan controles, en los países de origen de toda importación de todos los rubros, aunque lo ideal sería, como lo propuso por ejemplo  el maestro Luis  Brito García, que como estamos en una verdadera guerra, se tomen medidas heroicas, una de las cuales debería ser que las importaciones de bienes indispensables para el cabal funcionamiento del aparato nacional, se las reserve el estado y se hagan preferiblemente de gobierno a gobierno en la medida de lo posible.

En ello, como en caso de que se quiera mantener el proceso administrativo actual, las Embajadas y/o consulados de Venezuela en el exterior deben jugar un papel preponderante y efectivo que contribuya a erradicar la corrupción por la vía de importaciones fraudulentas.

Por supuesto que una vez en el país, cada importación debe ser objeto de seguimiento estricto a fin de que su comercialización se ajuste a los que las leyes disponen y se termine de una vez por todas la anarquía, en la que cada quien fija precio exorbitantes como si quisiese de la noche a la mañana convertirse en nuevo rico, aprovechando el clima de guerra económica que lamentablemente nos afecta a todos, pero que permite que cual perros de la guerra surjan los que le sacan partido a una situación artificial de distorsión económica planificada y creada por los laboratorios desde los cuales se pretende ahorcar este proceso con el fin de aniquilarlo de manera definitiva.-



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1304 veces.



Saúl Molina


Visite el perfil de Saúl Molina para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: