La quimérica defensa de la libertad de expresión

Difícil leer la prensa venezolana y concluir que la libertad de expresión en el país está en peligro. Los explícitos llamados a rebelión de líderes supuestamente democráticos conjuntamente con las muy terrenales denuncias de líderes celestiales, ambos en contra de la "dictadura" más benévola que jamás haya existido, son testimonios de que en Venezuela lo que reina es el derecho a decir lo que a uno se le viene en gana.

Esta orgía periodística la sustenta los pseudo-literarios insultos domingueros producto de la obsesión enferma de comunicadores sociales apócrifos y la sistemática dosis de veneno anti-chavista que otros empaquetan en editoriales emperifollados de una solemnidad pervertida. Lo que de verdad está en peligro es la poca credibilidad que aún le queda a los medios de comunicación tradicionales. De esto son culpables ellos mismos, los Teodoros y las Colominas, los intelectuales y los no muy intelectuales.

Imposible tomar en serio el berrinche armado por la prohibición de la publicación de las actas del caso Anderson. Si lo hiciéramos, entonces también tuviésemos que darle legitimidad a falsas teorías de vacío de poder, tendríamos que parir lógica de incongruencias como desobediencias legitimas, tendríamos que reinventar la legalidad para justificar torpezas como el paro cívico.

Ingenuos aquellos que creen en la sinceridad de los que luchan por la depuración del registro electoral, por un CNE imparcial, por la recuperación de la democracia en Venezuela, por elecciones limpias y por la libertad de expresión. La realidad es que todos estos mal llamados defensores de la libertad, de la democracia y la justicia considerarían satisfechas sus ansias de lucha si el Presidente de la República y su Movimiento Bolivariano se esfumaran del mapa político. ¡Que no les quede la menor duda!

No es fácil enfrascarse en la lucha política armado de una quimera. Más difícil aún es mantenerse en la lucha sin caer en contradicciones. Digamos que Geovanny Vásquez De Armas no solo es un delincuente sino también un mentiroso patológico. Digamos que estaba preso y era imposible su participación en una reunión con los supuestos autores intelectuales del asesinato de Danilo Anderson.

La pregunta no es si los medios tienen el derecho o no a publicar esta información. Por encima del derecho del público a la información, están los derechos individuales de los implicados. La pregunta debería ser:

¿Qué han hecho los abogados defensores con esta "prueba" la cual podría hasta absolver a sus representados?

Teodoro, Alberto Federico, ustedes son los profesionales. ¡Infórmennos!

¿O seguimos con el jueguito de abogados defendiendo el derecho a la información mientras ustedes defienden a los implicados? ¡Partida de fracasados!

Ante Dios es imposible ocultar la verdadera intención de nuestros actos.

Elio Cequea
elio@vheadline.com


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Elio Cequea


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