Retrato Moral del Libertador

Relata Luis Perú de Lacroix:

“Nació el General Bolívar con un genio fecundo y ardiente: con una inteligencia inmensa y relativa al órgano cerebral que le dio la naturaleza. Una primera educación, no brillante, pero cuidada y de caballero, desarrolló temprano aquellas facultades naturales; las dobló a todos los conocimientos y las dirigió hacia todas las instrucciones y luces: así es que el talento y el espíritu del Libertador son cultivados y, auxiliados con una memoria extensa, han podido abrazar fácilmente, y ejercitarse a la vez, las ciencias, las artes, la literatura y dedicarse más profundamente a los principios o ciencia política y al arte de la guerra; como igualmente al arte oratorio y al de escribir en los diferentes estilos que debe emplear el hombre de Estado, el militar y el hombre privado.

“El Libertador tiene energía; es capaz de una resolución fuerte y sabe sostenerla. Sus ideas nunca son comunes, siempre grandes, elevadas y originales. Sus modales son afables y tiene el tono de los europeos de la alta sociedad. Practica una sencillez y modestia republicana, pero tiene el orgullo de un alma noble y elevada, la dignidad de su rango y el amor propio que da el mérito y conduce al hombre a las grandes acciones: su ambición es por la gloria y su gloria es la de haber libertado diez millones de individuos y haber fundado tres Repúblicas. (Seis Repúblicas aunque los peruanos lo nieguen) Su genio es emprendedor y une a esta calidad una gran actividad, mucha viveza, infinitos recursos en las ideas y la constancia necesaria para la realización de sus proyectos. Es superior a las desgracias, al infortunio y a los reveses; su filosofía lo consuela y su espíritu le suministra medios para repararlos: sabe aprovecharse y valerse de ellos, cualesquiera que sean; su política no perdona ninguno, pero como conoce a fondo el corazón humano sabe dar o negar su estimación a los instrumentos de que se ha valido, según el móvil que los ha impelido.

“Es susceptible de mucho entusiasmo: como hombre político se le puede culpar de su grande y constante generosidad: su desprendimiento iguala a este último sentimiento.

“Es amante de la discusión; domina en ella por la superioridad de su espíritu, pero se muestra algunas veces demasiado absoluto y no es siempre bastante tolerante con los que lo contradicen. Desprecia la vil lisonja y los bajos aduladores: la crítica de sus hechos lo afecta; la calumnia contra su persona lo irrita vivamente y nadie es más amante de su reputación que el Libertador de la suya.

“En bondad tiene el corazón mejor que la cabeza; la ira nunca es duradera en él; cuando ésta se manifiesta se apodera de la cabeza y nunca del corazón y luego vuelve éste a tomar su imperio, destruye al instante el mal que la otra ha podido hacer.

“Estos son los tipos generales y principales del ser moral del Libertador; pero para hacer conocer a fondo su persona faltan todavía unas señas particulares y detalladas sobre su carácter, costumbres y usos, que pienso describir mañana para que quede completo el retrato del Libertador.

“Ayer ofrecí dar hoy los accesorios del retrato moral del Libertador; ellos, como lo he dicho, son necesarios para dar un conocimiento entero del General Bolívar como hombre público y como hombre privado: no separo nada, todo va mezclado y hasta con algunas repeticiones que no juzgo superfluas, sino como una sucesión de sombras necesarias que hacen resaltar más el principal sujeto del cuadro: lo ponen más en evidencia y lo muestran en todas las situaciones.

Genio, carácter, usos y costumbres del Libertador:

“La actividad de espíritu y aún de cuerpo es grande en el Libertador y lo mantiene en una continua agitación moral y física: el que lo viere y observare en ciertos momentos, sin conocerle, creería ver a un loco. En los paseos a pie que hacemos con él, su gusto es, algunas veces, caminar muy aprisa y tratar de cansar a los que le acompañan; en otras ocasiones se pone a correr y a saltar, tratando de dejar atrás a los demás: los aguarda entonces y les dice que no saben correr. En los paseos a caballo hace lo mismo. Pero todo esto sólo lo práctica cuando está solo con los suyos y no correría a pie ni daría sus brincos si pensara ser visto por algún extraño. Cuando el mal tiempo impide aquellos paseos, S.E. se desquita en su hamaca, meciéndose con velocidad, o se pone a pasear, a grandes pasos, en los corredores de la casa, cantando algunas veces, otras recitando versos o hablando con alguno de los suyos, tan pronto muda de conversación como de postura; parece entonces que no hay nada de seguido, nada fijo en él. ¡Qué diferencia hay en ver a S.E. en una reunión particular, en una ocurrencia de etiqueta, y verlo entre sus amigos de confianza y sus Edecanes! Con éstos parece igual a ellos, parece el más alegre y algunas veces el más loco. En tertulia particular con gente extraña y de menos confianza, tiene la superioridad sobre todos por sus modales fáciles, agradables y de buen gusto, por lo vivo e ingenioso de su conversación y por su amabilidad. En una reunión de más etiqueta, su dignidad sin afectación sobresale; su tono de hombre de mundo, sus modales distinguidos lo hacen pasar por el más caballero y por el hombre más instruido y más amable de todos los de la concurrencia.

“La cólera del Libertador es siempre poco duradera: algunas veces es ruidosa, otras silenciosa y en este último caso dura más y es más seria: en el primero la descarga sobre algún criado de su casa regañándolo, o echando a solas algunos c… A veces, sin estar colérico, S.E. es silencioso y taciturno: entonces tiene algún pesar, o proyecto en la cabeza, y hasta que no haya tomado su resolución, que comúnmente es pronta, no se le pasa el mal humor o la inquietud que manifiesta tener.

“En todas las acciones del Libertador y en su conversación se ve siempre, como he dicho, una extrema viveza: sus preguntas son cortas y concisas; le gustan contestaciones iguales, y, cuando alguno se sale de la cuestión le dice, con una especie de impaciencia, que no es eso lo que ha preguntado: nada de difuso le gusta. Sostiene con fuerza, con lógica y casi siempre con tenacidad su opinión: cuando llega a desmentir algún hecho, alguna cosa, dice: “No señor, no es así, sino así C…” Hablando de personas que no le agradan y que desprecia, se sirve mucho de esta expresión: “Aquel o aquellos C…”. Es muy observador y nota hasta las más pequeñas menudencias: no le gusta el mal educado, el atrevido, el hablador, el indiscreto y el descomedido; y, como nada se le escapa, tiene placer en criticarlos, ponderando siempre un poco aquellos defectos.

“El Libertador se viste bien y con aseo: todos los días o por lo menos cada dos días se afeita, y lo hace él mismo: se baña mucho, cuida de sus dientes y pelo. En esta villa va siempre vestido de paisano. Las botas altas, o a la escudera, son las que usa con preferencia: su corbata es siempre negra, puesta a la militar, y no lleva sino chaleco blanco de corte militar, calzones de igual color, levita o casaca azul, sombrero de paja.

“Su Excelencia es ambidextro: se sirve con la misma agilidad de la mano izquierda que de la derecha; lo he visto afeitarse, trinchar y jugar al billar con ambas manos, y lo mismo hace con el florete, el que juega muy regularmente, pasándolo de una mano a la otra. He sabido que en algunos encuentros repentinos en que se ha hallado envuelto ha peleado con ambas manos y que,  teniendo la derecha cansada, pasaba el sable a la izquierda.

“El Libertador no fuma ni permite que se fume en su presencia: no toma polvo y nunca hace uso de aguardiente u otros licores fuertes: En el almuerzo no toma vino ni tampoco se pone en su mesa dicha bebida, a menos de un caso extraordinario. En la comida toma dos o tres copitas de vino tinto de Burdeos, sin agua, o de Madeira, y una o dos de champaña. Muchas veces no prueba el café. Come bastante en el almuerzo como en la comida y hace uso de mucho ají o pimienta, pero prefiere lo primero. Me acuerdo de un cuento que nos refirió respecto del ají.

En el Potosí, nos dijo un día el Libertador: “En una gran comida que me dieron y en la que se gastaron más de seis mil pesos, se hallaban muchas señoras; reparé que varias de ellas y particularmente las que estaban a mi lado, no comían porque todo les parecía sin sabor, a causa de que no se había puesto ají en los guisados, como es costumbre hacerlo en aquel país, por miedo de que a mí no me gustara; yo pedí entonces y al momento se puso ají en toda la mesa y todos comieron con mucha gana: vi algunas señoras que lo comían solo con pan”. El Libertador come de preferencia al mejor pan la arepa de maíz: come más legumbres que carne: casi nunca prueba los dulces, pero sí muchas frutas. Antes de sentarse a la mesa pasa siempre una revista disimulada de ella, haciendo componer lo que no halla en orden. Le gusta hacer la ensalada y tiene el amor propio de hacerla mejor que nadie: dice que fueron las señoras quienes le dieron ese saber en Francia”.

“He dicho ya que el Libertador sabe tomar un tono de dignidad, de que se reviste siempre que se halla con personas de poca confianza, o más bien, con las que no están en su familiaridad, pero del que se desembaraza cuando está con los suyos. En la iglesia se mantiene con mucha decencia y respeto y no permite que los que van con él se aparten de esa regla. Un día notó que su médico el Dr., Moor, estando sentado tenía una pierna encima de la otra, y le hizo decir con un Edecan que era indecente el cruzar las piernas en la iglesia y que viera como él tenía las suyas: lo que S.E. ignora, estando en misa, es cuándo debe ponerse de rodillas, tenerse en pie y sentarse: nunca se persigna: algunas veces habla con el que está a su lado, pero poco y muy pasito.

“Las ideas del Libertador son como su imaginación, llenas de fuego, originales y nuevas; ellas animan mucho su conversación y la hacen muy variada. Es siempre con un poco de exageración, como S.E. alaba, sostiene o aprueba alguna cosa; lo mismo sucede cuando crítica, condena o desaprueba. En sus conversaciones hace muchas citas, pero siempre bien escogidas y propias al objeto. Voltaire es su autor favorito y tiene en la memoria muchos paisajes de sus obras, tanto en prosa como en verso. Conoce todos los buenos autores franceses, que sabe apreciar y juzgar; tiene algún conocimiento general de la literatura italiana e inglesa y es muy versado en la española.

“Es mucho el gusto del Libertador de hablar de sus primeros años, de sus primeros viajes y de sus primeras campañas: de sus antiguos amigos y de sus parientes. Su carácter y su espíritu son más para la crítica que para el elogio; pero nunca sus críticas o sus elogios carecen de fundamento y de verdad: sólo pueden tacharse algunas veces de un poco de exageración. No he oído todavía salir calumnia de la boca de S.E.: es amante de la verdad, de la heroicidad, del honor, de las consideraciones sociales y de la moral pública: detesta y desprecia todo lo que sea opuesto a tales grandes y notables sentimientos”.

“Entre las numerosas páginas consagradas al Libertador acaso sean estos retratos los que aportan mejor material para el estudio de su personalidad psicofísica. Sirven ellos también para destacar las dotes mentales del autor del Diario de Bucaramanga, que fue, sin duda, hombre de excepcional importancia”. (J.E. Machado)

¡Bolívar y Chávez Viven, la Lucha sigue!

¡Patria Socialista o Muerte!

¡Venceremos!

                                                                                                                                                                                    



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Manuel Taibo


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