Un año duro de lucha y de victoria

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El Presidente Nicolás Maduro Moros, arriba hoy a su primer año de ejercer el poder. Ha sido un año duro, complejo, plagado de sabotaje eléctrico, sabotaje económico, de guarimbas, y de ataques mediáticos salvajes a nivel nacional, pero mayor a nivel internacional. Jamás un presidente de un país ha recibido tanto ataque y agresión de la canalla de la derecha internacional. Creyó el imperio como sus lacayos locales que Maduro sería pan comido. Tomando en cuenta que asumía el poder bajo la aureola del Comandante Supremo de la Revolución, Hugo Chávez Frías, sumido en el dolor y el sentimiento herido por la pérdida del líder de la revolución. Pero Maduro se paró como todo un hombre cargado de lucha y de conciencia revolucionaria. Y asumió el reto de enfrentarse al candidato de la derecha, Henrique Capriles Radonski.

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En efecto, Nicolás Maduro, con tan sólo 10 días para recorrer el país, realizó una campaña veloz. Visitó a todos los estados y estuvo listo para la elección presidencial del 14 de abril de 2013. Se realizó el acto de votación y ganó. Ganó bien, a pesar del dolor y el sufrimiento del pueblo chavista. La ventaja que le sacó al candidato de la derecha fue suficiente para que el Consejo Nacional Electoral lo proclamara ganador. Pero Capriles, no reconoció la victoria. Y el 15 de abril, bajo un estado emocional descontrolado, frente a la cámara de Globovisión, llamó a sus partidarios a salir a la calle y drenar la arrechera. Se prendió la locura. Guarimbas, quema de casas del PSUV, y de módulos de Barrio Adentro en varios lugares del país. Consecuencias: 11 muertos, incluyendo a un niño y una niña.

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Esa acción desmedida ordenada por Capriles, fue el inicio de una escalada de hechos en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Nadie del sector opositor reconoció al nuevo gobierno que fue juramentado el 19 de abril. Y entre dimes y diretes, saboteo y saboteo, se llegó al 8 de diciembre, fecha escogida para las elecciones municipales. Capriles, entre otros dirigentes de la derecha, hablaron de una especie de plebiscito en las elecciones. Hablaban de que Maduro tenía que irse el 9 de diciembre. Sacaron su cuenta y las cuadraron a su medida. Como Maduro había ganado la presidencial con 300 mil votos de ventaja, ellos pensaron que ahora le iría peor al chavismo. Es decir, se flotaron las manos de alegría. Y llegó la fecha. El chavismo ganó el 75 por ciento de las alcaldía, con un porcentaje de 55 por ciento, que arrojaba una ventaja de 1.5 millones de votos. Es decir, el plebiscito lo ganó Maduro. Era la segunda victoria del hijo de Chávez, con lo que fortalecía su liderazgo, dentro y fuera del chavismo.

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Pero, por debajo del puente corrían aguas turbias. Un plan concebido hacía más o menos dos años atrás, se ponía en marcha, como alternativa al descalabro de la derecha en las elecciones de diciembre. Así se llegó al 12 de febrero, Día de la Juventud Venezolana. El Presidente se encontraba en La Victoria, celebrando con el pueblo victoriano la gloriosa gesta de José Félix Ribas, cuando le informaron de las consecuencias de una marcha de estudiantes que se realizaba en Caracas. Había muertos, heridos y destrozos. Era sólo el comienzo de una escalada violenta, bajo la dirección de Leopoldo López, María Mentira Machado, y el dinosaurio Antonio Ledezma, que duraría casi dos meses. El saldo fue terrible: más de 40 muertos, miles de heridos, más de cinco mil árboles derribados para barricadas en todo el país. Quema de universidades, daño a la propiedad pública y privada. Colocación de guaya de un lado a otro para el degollamiento de motorizados. Chacao fue el epicentro del vandalismo en Caracas. Le siguieron Táchira, Mérida, Bolívar, Lara, Zulia, entre otros lugares.

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El Presidente Maduro manejó el problema con inteligencia. Sacó la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional para enfrentar a los mercenarios. Y mantuvo, con su autoridad y liderazgo, al chavismo tranquilo. Los llamó a la calma y abogar por la paz. Cabe destacar, el civismo y la disciplina de las fuerzas de la revolución. Gracias a ello no hubo un enfrentamiento, que era lo que buscaban los guarimberos, para crear el caos y llamar a una intervención del imperio. Pero, todo tiene su final. La gente comenzó a molestarse por los secuestros de urbanizaciones y los desafueros que cometían estos muchachitos, aunado a la acción las fuerzas de seguridad, las candelitas se fueron apagando, hasta que llegó UNASUR, y les dio el toque final. Sin duda alguna, ha sido para el gobierno de Maduro y para el chavismo un año duro, de lucha y de victoria. Esa es la pura verdad. ¡Volveré!

Puerto Ordaz, 14 de abril de 2014


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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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