Qué más que pactar la paz económica

Lo único que producimos (en cantidad y desde hace mucho tiempo) es petróleo. Los que saben de eso dicen que el 97% del ingreso de divisas proviene de un único productor: el Estado. Tal cosa explica que la confrontación de clases no sea por los medios de producción, sino por el control de ese Estado.

La burguesía venezolana, por pereza genética, parasitó al Estado chupándose la mayor parte de la renta petrolera que producía. Resulta que Chávez, para atender al pueblo, le redujo la mamada a un 25 o 30% de lo que era. Y se armó la bronca con el nombre que le quieran dar.

De ahí las imágenes de elegantes señoras, con sus brillantes camionetas Cherokes abasteciendo a los guarimberos de Altamira; o de catiritos de la Simón Bolívar que, por un lado apedrean ambulancias en emergencias, y por otro piden auxilio a USA.

Por eso no es casual que la lumpenburguesía de la calle B de Los Ruices, que mata soldados y taxistas desde sus balcones, se parezca a la de San Cristóbal, que sacrificó temporalmente su actividad de contrabandistas, para, junto a los narcos colombianos, incendiar la ciudad.

Ni es sólo la droga lo que vincula a la farándula de Los Ángeles, Las Vegas o Miami (que dice llorar por Venezuela) con lugares como Medellín, Panamá o Washington. Es parte de lo que el mundializado complejo financista, militar y comunicacional, hace para respaldar mediáticamente estas escaramuzas mientras les dice a los líderes de la MUD que pasen agachados, hasta que todo este listo para tomar, de nuevo, el control del petróleo.

El drama no está en lo que, con mucha simplicidad, he tratado de describir. El drama no es la tormenta sino lo que ella ocasiona, sobre todo por no haber sido capaces de tomar las previsiones del caso. Me refiero a que, si bien, no ha sido muy traumático expropiarles algunos medios de producción al capitalismo, pues, (con la excepción de la tierra) nunca les sirvió de mucho; hemos fracasado en construir, a partir de ahí, una economía productiva de propiedad social, y sin ella no hay socialismo que valga.



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José Manuel Rodríguez


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