Chávez, dignificó a la mujer

Hugo Chávez, el Gigante, no sólo hizo visible a los pobres de ese país, sino que con su amor por la mujer, fuera madre o no, la hizo grande. Chávez le dio a la mujer venezolana el puesto que siempre le había negado en la sociedad. Hoy día, cuando aún la revolución dando sus primeros pasos, la mujer está jugando un rol importante, determinante y contundente dentro del proceso, ubicándose en la vanguardia de la revolución. Esa fuerza, esa motivación y esa pasión por el legado de Chávez, se debe a que el Comandante Supremo supo descubrir esa semilla, abonarle su terreno, sembrarla, regarla con amor y cariño, y como dijo el poeta Rubén Darío, sin la mujer, la vida es pura prosa.

Hoy día, en pleno desarrollo del proceso revolucionario, la mujer está jugando un rol sumamente importante. Bien en los cargos para los que han sido designadas, tanto por Chávez, como por Nicolás Maduro, como en las trincheras donde las envía el PSUV y el Gran Polo Patriótico. La mujer es alegre, es responsable, y desarrolla su inteligencia más rápido que el hombre. Por eso en las victorias que ha obtenido las fuerzas revolucionarias desde el triunfo del Gigante, ella ha estado en la vanguardia, con su amor, con su mente esclarecedora y sus principios y valores a todo dar.

Nuestras mujeres son responsables con el proceso, pero también lo son como madres. Cuando nace un hijo, una hija, también nace una madre. Es un “ligadito”. Nacen al mismo tiempo. Ser madre es una de las más grandes responsabilidades que existen en este mundo. Osho dice: “En cuanto la relación entre la madre y el niño va mal, la vida entera del niño va mal, porque ese es su primer contacto con el mundo, su primera relación. Todo lo demás estará en continuidad con ello. Y si el primer paso va mal, la vida entera va mal”. He allí, pues, plasmada la extraordinaria responsabilidad que tiene la mujer, cuando se hace madre. Merece recogerse en cuadro, de manos de un pintor, el momento en que el médico coloca al bebé o a la bebe entre los brazos de su madre. Es hermoso ese acto. La madre tiene una mirada profundamente hermosa. Sus ojos hablan desde lo más profundo de su corazón. Es un acto sublime. No hay otro igual.

Esa mujer fue dignificada por Chávez. El demostró, hasta la saciedad, que sin el aporte de la mujer la revolución no llegaba lejos. Y allí está la muestra: mujeres diputadas, ministras, diplomáticas, gerentes, y en altos cargos del gobierno nacional. La mujer venezolana chavista integra la vanguardia de las fuerzas revolucionarias y se convierte, de paso, en una punta de lanza contra la derecha nacional. El rol de la mujer en este proceso se pierde de vista. ¡Viva la mujer chavista! ¡Viva la mujer venezolana! ¡Volveré!



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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