¿Para qué sirve un economista?

Los economistas son los sumos sacerdotes del sistema; papel que comparten, por cierto, con los periodistas. Brotan como setas en tiempos de crisis, y en tiempos bonancibles se dedican a la contabilidad.

Al mismo tiempo son también augures o como los meteorólogos que hablan de las borrascas pero no pueden evitarlas, o como esos médicos que investigan pero carecen de aptitud para curar. Los economistas hacen una disección de lo que está sucediendo y de las medidas que deberían adoptarse ante un problema o una crisis, pero nadie les hace caso…

Si todo esto no fuese así, los mejores economistas estarían contratados por los gobiernos de las naciones, y los grandes problemas y crisis económicas no existirían porque sabrían evitarlos o los solucionarían como el galeno trata la gripe o el cirujano extirpa un tumor.

De modo que la vida económica, laboral y social, los tres planos de la sociedad, sigue su curso pese a los economistas. Ellos se limitan a contar lo que sucede y a apuntar medidas. Pero los remedios dependen a su vez de unas leyes económicas que son difusas pese a todo, al estar manipuladas por los dueños del dinero.

En suma, los economistas son expertos que hacen diagnosis y aconsejan, mientras las finanzas tienen otros planes. Total, no sirven para nada, sólo para marearnos con su verborrea y para asombrarnos de lo mucho que saben sin ninguna utilidad…


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Jaime Richart


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