Chávez y los líderes del mundo

He leído el discurso de Chávez en la FAO, y me parece impresionante.

Tengo ya demasiados años para serle directamente útil. Pero juro que si fuese más joven, le ofrecería hoy mismo mis servicios por si pudieran tener alguna utilidad . Soy, he sido, toda mi vida un hombre renacentista, es decir un hombre de letras pero también un hombre de acción que lo mismo puede coger la pluma que la espada...

¿Quién podrá negar que si todos los dirigentes del mundo fueran como el Chávez venezolano, el Mugabe de Zimbawue y el Lula de Brasil (aunque éste último tenga perdida la partida porque allí no se enfrenta a realidades terrenas sino a forajidos en toda regla, a instituciones inservibles y a miles de cuadrillas de antropófagos blancos) y tuvieran su valentía y decisión, el mundo se salvaría de ser desintegrado y podría la humanidad adquirir una pizca de la dignidad de que le han ido privando los prebostes a lo largo de su historia? ¿Quién duda de que en ese caso el planeta Tierra podría recobrar una pizca del equilibrio ecológico perdido, que es tanto como decir rescatarlo de la larga agonía que, por el camino seguido, le espera?

¿Quien duda de que si los Zapatero, los Chirac, los Shröder o la Merkel, y toda esa legión de figurantes, líderes innominados de multitud de países; innominados no sólo porque sean personal y eventualmente discretos sino porque están maniatados por el aparato del partido y porque su prudencia ya poco o nada puede frente a los que ven en ellos debilidad pues en realidad no pintan nada; líderes que se limitan a recibir un sueldo por representar a territorios manejados por mafias y lobbies, con los que contemporizan hablando de desarrollos sostenibles que son, dado el panorama que ofrece el globo terráqueo, absolutamente insostenibles; que serán voluntariosos, pero son concluyentemente ingenuos frente a las fuerzas del mal real, no metafórioco, que lo domina todo, y que sólo pueden ser contrarrestadas con discursos y acciones positivas de resistencia al tren de laminado que ejerce el “progreso” sólo material y corrupto? ¿Quién pone en tela de juicio que si entre todos ellos se concertasen para hacer frente en sinergia a tipos o tipejos como los Bush, Aznar, Blair, Berlusconi cuya catadura coincide con la del criminal, además cobarde, y la del necio podrían de paso doblegar lo realmente demoledor para la Tierra: los colosales intereses mundiales de la industria del automóvil, la farmacéutica, la maderera, la papelera, la bancaria, la energética y la constructora principalmente... que son las que en realidad están llevando al planeta al absoluto desastre que desde hace medio siglo vienen preparando por codicia sin límite y estupidez?

En las falsas democracias de Occidente, gentuzas y criminales literales o en potencia llegan a la poltronas, cometen sus desmanes o los permiten durante una o dos legislaturas y luego, como las masas de esos ratones nórdicos, los lemmings, desaparecen sin saberse en realidad a dónde han ido a parar... Desaparecen, sí, pero han dejado dos huellas: una, la de su irrelevante servicio para el pueblo del que se han servido, y otra a cambio, la de un daño inmenso a la humanidad y a la vida orgánica; por prepotencia, por avaricia, por fiereza o por estulticia... Véase si no el caso de un tal Alvarez Cascos ordenando personalmente un día el cataclismo del Prestige, por ejemplo. O los tantos desmanes ordenados por los Kissinger, laureado de la paz, los Bush, padre e hijo, las Thatcher o los Blair...

Así se van acumulando disparates y aberraciones un año tras otro, un lustro tras otro, una década tras otra. Porque toda esa acción política y esas omisiones del mismo carácter fueron nada más y nada menos que para propiciar, para no tocarla siquiera, la acción terriblemente corrosiva de las industrias a que antes me refería con independencia de las guerras, invasiones y ocupaciones de los países asiáticos y la colonización de los anglosajones de todos aquellos que albergan todavía una ínfima utilidad para ellos. Corrosión que ha traído casi de repente al mundo al borde del abismo en materias múltiples relacionadas con un Amazonas que se muere, un Artico que se derrite, un desierto que avanza a razón de diez mil kilómetros por año... una biosfera, en fin, que ya empieza a ser irrespirable.

Todos los seres sensibles que quedan en cada país debieran reaccionar, sacar fuerzas de flaqueza y enfrentarse a todos esos que, ciegos y frenéticos por obtener lucros sin tasa, ondean la bandera del “progreso” para endosarnos lo que en último término sólo es material o falso, o no alcanza más que a unos pocos o no es más que veneno que inoculan sin cesar pudriendo a la manzana Tierra...

Decía el fascista Millán Astray "Cuando oigo la palabra cultura, cojo mi pistola". Pues bien, yo digo, "cuando recuerdo ese impresionante discurso de Chávez, veo las imágenes de Bush u oigo hablar de "progreso", cojo la mía".


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Jaime Richart


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