Chávez el invicto, ¿Acaso nos Falló?

Desde hace unos días, he venido observando con alegría y tristeza a la vez, el despliegue de información y publicidad que se ha realizado para recordar la victoria del 7-O. Hablo de estos dos sentimientos encontrados: alegría y tristeza, porque siento precisamente eso. Alegría por una victoria en la cual Chávez entregó todo su esfuerzo. Tristeza, porque yo no sé, si ya él sabía de su destino y aún así; prácticamente aceleró su ida física, entregándose intensamente a una campaña electoral.

La militancia de a pie, no sabíamos si Chávez conocía que lo estaban asesinando lentamente y nos entregaba una victoria más, lograda con su sacrificio. No sé, si Chávez resistió duramente para dejarnos una victoria el 7-O, porque entendía que era una necesidad y eso lo lleva a resistir.

Tal vez se empeño, ya no en un por ahora. Tal vez en ese cierre de campaña espectacular, se guardó en silencio su dolor y prefirió mostrarnos una vitalidad y fortaleza que consumía su existencia. Tal vez, evitó decirnos: Ya hice mi sacrificio y ahora (sin el por) les dejo una victoria para que la revolución se profundice.

Pero somos demasiado humanos y hacemos esfuerzo por recordar ese cierre de campaña en Caracas y luego esa victoria, aunque esto nos lleve a vivir estos dos sentimientos encontrados: alegría y tristeza. A un año de esa victoria del 7-O y a más de seis meses de la victoria del 14-A, quedó un vació analítico que no podemos llenarlo simplemente con recordar ese esfuerzo y esa victoria del 7-O. Sentir que nos Concentramos ahí y en ese gran sacrificio de Chávez, me produce ese encuentro y donde la tristeza toma un espacio importante.

Hubo por supuesto análisis de los dos momentos electorales. Se analizó el 7-O y también se analizaron los resultados del 14-A, aunque desde una perspectiva individual. Cada uno evaluó las dos situaciones y hasta donde he podido conocer, no se sabe, si el PSUV produjo una evaluación institucional para entender estas dos realidades.

Es posible que el PSUV haya revisado los dos momentos y a partir de los juicios y valoraciones realizadas; el esfuerzo que ha desplegado el gobierno lleva la firme intención de atender las distancias de ambas situaciones. Deseo y necesito pensar, que todo lo acontecido durante este año 2013, no tiene como elemento común la ausencia física de Chávez. No deseo pensar, que esa distancia entre la victoria del 7-O y la victoria del 14-A, tenga como explicación la ausencia física de Chávez.

Prefiero otra explicación y hay razones para pensar que ya Chávez con su olfato político bien desarrollado, tenía una percepción y por eso nos habló insistentemente en la campaña de Eficiencia o Nada. No puedo dejar de pensar en esa posibilidad, porque aún recordando a Bertolt Brecht y su celebre frase de los hombres que son imprescindibles y Chávez lo era y lo es; no dejo de pensar que todo lo anterior y todo eso que experimentamos con el “por ahora” y el caracazo viene de algo más profundo y más sentido.

Pienso que siendo Chávez un luchador necesario e imprescindible; todo lo que fue capaz de pensar, soñar y hacer, fue bajo la idea que el mismo reconoció al sentirse como una circunstancia de este proceso que ya estaba en ebullición desde mucho antes del “por ahora”, pero que él sabía que venía y tomó su tiempo para afrontarlo de la manera como lo afrontó. Deseo pensar así y creer, que así como estamos recordando con alegría y tristeza ese esfuerzo que culminó el 7-O, también estamos obligado a recordar que la victoria del 14-A fue un momento que debe estar en nuestra conciencia atropellándonos y dejándose ver como producto de una vacilación, pero que seguimos apostando fuerte o muy fuerte por el socialismo.

Aún reconociendo y estando consciente, que Chávez es un ser imprescindible; no es bueno para la salud del proyecto bolivariano detenernos en esa idea o suponer que su ausencia tuvo su impacto el 14-A. No es bueno pensar así o creer que Chávez nos falló para esa fecha. Es mejor pensar y creer, que el otro se ha aprovechado de algunos descuidos nuestros y que el invicto de Chávez lo venía vislumbrando y por eso se entregó para dejarnos esa victoria con la campana de la eficiencia o nada.


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Evaristo Marcano Marín


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