Si a nuestras mujeres le arrebatan sus cabelleras y a todos nuestros razonamientos, ¿qué riesgos corremos?

No hay ninguna denuncia formal de que el hecho haya ocurrido por primera vez en el territorio nacional. Nadie niega que constituye un alto grado de violencia contra quien se haya cometido y especialmente que deja ver los “elevadísimos niveles de inseguridad” donde ocurra. Todos, en esta sociedad tradicionalmente machista, aceptamos que meterse contra nuestras mujeres es repudiable y que socialmente estamos obligados a protegerlas, especialmente si se pretende atentar contra su belleza.

Antes circuló la desfachatez de que se les prohibiría el uso de faldas, nuestras memorias de mediano plazo se han encargado de borrar asuntos tan irrelevantes y razonamientos ilógicos, que si en algún momento llegamos a creerlos al poco tiempo la razón lógica se encargó de erradicar la idea de nuestro pensamiento, por la carga irracional que contenía.

También se ha hablado, mucho antes, de la eliminación de la patria potestad, que mejor sería denominarla matria potestad, ya que en nuestra sociedad es la mujer la que por años viene ejerciendo cabalmente el derecho, y cumpliendo con el deber, de educar a sus hijos, como mejor le parezca. Ya no era un asunto en el que se pusiera en peligro exclusivamente los derechos de la mujer, sino los de la familia toda.

Volviendo al asunto de “las pirañas”, desde que lo oí por primera vez, me pareció una ridiculez, lo confieso. Después, a medida que se fue difundiendo me llegué hasta imaginar una ciudad de bárbaros donde, al menor descuido, cualquier mujer era víctima de los “asalta cabellos” que proliferaban por montón, donde ya lo droga dejaba de ser materia de interés principal de los delincuentes y ahora eran las cabelleras femeninas el objeto más deseado de quienes se ocupan de delinquir.

Así la prensa terminó haciendo reportajes dominicales, bastante extensos, sin citar nunca ningún caso específico ocurrido, sino más bien dándole rienda suelta a la imaginación creadora de periodistas que bien pudieran hacerse novelistas mañana.

Después comencé a irlo, por otras vías, hasta que oí al propio Presidente, fijar posición pública ante la sociedad toda sobre este ¿terrible mal que padecíamos?, dejando claro las orientaciones a los cuerpos de seguridad del Estado, sin dejar de intentar moralizar a los sujetos incursos en los hechos.

Ahora termino de escribir este artículo alertando a todos, no tanto del peligro que representan las pirañas robapelos aquí referidas, sino el peligro de que los rumores nos roben la paz y la tranquilidad primero y después terminen ganándonos a una causa: estar en contra de un Gobierno incapaz de asegurar hasta que nuestras mujeres dispongan libremente de sus cabelleras, al aire libre, sin temor de que sean asaltadas y que termine imponiéndose así la moda rapada tipo punk.

Que no nos arrebaten la posibilidad de razonamiento y que no perdamos la capacidad de aplicarle lógica a cualquier cosa que nos ofrezcan como una idea, por muy razonada y justificada que pueda parecer. Cogito ergo sum.


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Carlos Luna Arvelo


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