El Vampiro Ledesma anda esgaritao porque el homicida de Capoldo y de Cala lo busca para también darle chicharrón.

Como todo buen adeco, el Vampiro Metropolitano Antonio Ledesma, se las da de culoapretao y con su porte de matón irredento vive retando al Estado Venezolano; pero, al parecer ya se le acabará el pan de piquito, ha de rendir cuentas a Caracas.
Le toca a Ernesto Villegas -por cierto, hombre de confianza de Chávez, ya en su más curtida etapa- la tarea nada sencilla de asear a la Caracas de Bolivar, El Libertador de América, y liberarla de murciélagos.
La capacidad de todo molde no depende de que éste esté lleno o vacío sino de sus dimensiones matemáticas; en principio, valga una moraleja de que el mar nunca se llena aunque todos los ríos vayan hacia él; yo, fundado en que la mente es como el mar -y, el mar es todo para éste que soy- procuro en lo posible no llenarme de demasiadas ilusiones pero, francamente, estoy muy ilusionado con esa pujante juventud insurgente porque, por naturaleza, soy altamente optimista.
Ojalá esta vez yo no me equivoque como tantas veces antes me sucedió, he de decir que soy un sempiterno indisciplinado militante del PSUV y que, en consecuencia, no tengo chance de acceder a los mandos del partido, pero, a quienes les corresponde, en honor a la verdad, lo están haciendo bastante bien.
Creo, francamente, en la capacidad de Villegas para darle una buena patada en el culo al Vampiro y mandarlo a las duchas, es que ya le toca.
Presiento que Ernesto Villegas es un taco.

oceanoatlanticoguillermo@gmail.com



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Guillermo Guzmán


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