¿Se sostendrán los chavistas en el poder?

 

Por simple deducción de percepción creo que la señora  Andrea Coa –muy leída por cierto en aporrea- es una persona humilde, sencilla, sincera y honesta además de revolucionaria. Es de esas que son millones y millones en el mundo con sus manos caracterizadas por callos de tanto cocinar, pelar verduras, picar o cortar aliños, lavar ropa y plancharla, pasar coleto, arreglar camas, vestir niños o nietos, cargar bolsas de mercado y, si no me equivoco, debe tener los pies planos de tanto haber caminado descalza en su infancia. Al leer el artículo de la señora Andrea “Estas elecciones no son ninguna fiesta”, se me vino a la mente escribir el artículo titulado ¿Se sostendrán los chavistas en el poder? Por chavistas en este artículo debe entenderse, en primer lugar, al Gobierno, en segundo lugar, al PSUV, en tercer lugar, al Gran Polo Patriótico, en cuarto lugar, a toda la masa de pueblo que votó por el camarada Maduro, en quinto lugar -y muy especialmente- a los intelectuales que están resteados con el Proceso Bolivariano y, en sexto lugar, los que no se identifican como chavistas pero sí están con el Proceso Bolivariano y votaban por el camarada Chávez y ahora por el camarada Maduro.

         Confieso y de eso son testigos mis camaradas de El Pueblo Avanza (EPA) y la UPV del estado Lara que en los análisis que hacíamos de cómo serían los resultados del proceso electoral del 14 de abril siempre expuse que terminaría de forma muy apretada; que la situación estaba complicada y cualquier cosa podía suceder. Expuse causas, razones y motivos para creer en lo que expresaba e, incluso, me opuse a que nos hiciéramos eco de la consigna de los diez millones debido a que eso era tan imposible como tan imposible sería prometer que el camarada Maduro obtendría la misma cantidad de votos que el camarada Chávez el 7 de octubre de 2012. Me decían que eso era cosa de consigna y les respondí que la consigna viene siendo lo más importante luego que se tiene elaborado un programa ya que expresa la síntesis de una línea política bien sea de una organización política o de un Gobierno. Ninguno de mis camaradas del EPA compartió mis criterios aunque sí el camarada responsable de la UPV en Lara. Incluso, la noche del 13 de abril nos reunimos para realizar un último balance antes de amanecer con el proceso electoral encima. En él, expuse que si el resultado era apretado se generarían hechos de violencia y que se debía estar preparados para defender el triunfo del camarada Maduro aunque fuese por un solo voto. Pues, en lo que corresponde al EPA y la UPV de Lara, tal como lo han hecho otras organizaciones que apoyan al proceso, se salió a la calle y se corrieron los riesgos para defender no sólo el triunfo del camarada Maduro sino la vigencia del Proceso Bolivariano. Jamás creí en esas encuestadoras que, por lo corto de la campaña, buscaban desesperadamente asirse de mucho dinero burlándose de los sentimientos y creencias del pueblo venezolanoLas encuestadoras también cometen delitos que deben ser investigados y sancionados: acaso cobrar dinero para engañar con números de una ciencia exacta a un pueblo:  ¿es o no un delito?

Nadie entienda que estoy subestimando o tratando de mermar las capacidades y los méritos del camarada Maduro pero la experiencia histórica ha enseñado, y creo sin equivocarse hasta ahora, que una vez muerto el líder esencial de un Proceso Revolucionario y se hace una elección para elegir un nuevo Presidente, el ganador –siendo del partido del desaparecido líder- disminuye la votación aunque sus concentraciones –por lo menos algunas- hayan superado las cantidades de personas que arrastraba el extinto gobernante en sus actos de campaña. La dialéctica, por más que se lo expliquen y nos volvamos tercos en querer que lo entienda, no acepta nunca jamás que una persona sea igual a otra persona aunque profesen el mismo ideal y luchen en el mismo bando y en los mismos escenarios, aunque no le arranque ningún mérito a ninguno de los dos.

         El apretado resultado electoral del 14 de abril nos da elementos para preguntarnos lo que nunca quisiéramos preguntarnos: ¿Se sostendrán los chavistas en el poder? Sabemos que el problema esencial de todo proceso revolucionario es, sin duda de ningún género, el problema del poder porque, lo dijo Lenin que mucho sabía y enseñó de eso, es lo que determina todo en el desarrollo del mismo, en su política exterior e interior. Lenin escribió un texto denominado “¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?”, refiriéndose a esa oportunidad que se tenía de derrocar a la burguesía en Rusia durante el mes de julio de 1917 pero que si lo hacía chocarían contra un muro que les decía: las condiciones objetivas no están dadas todavía para sostenerse en el poder. Por eso, no se intentó arrancarle el poder a la burguesía en julio de 1917 y se hizo a final de octubre del mismo año cuando se armonizaron las condiciones objetivas y subjetivas para tal finalidad. La gran diferencia entre esa pregunta y la que podemos hacernos los venezolanos en este momento estriba en que los bolcheviques no tenían el poder político en sus manos y los chavistas sí. Pero algo nos enseña la experiencia histórica que nosotros debemos asimilar, calibrar y valorar para asirnos de aquello que nos facilite la superación en beneficio del Proceso Bolivariano.

Me pregunto, entonces ¿Se sostendrán los chavistas en el poder?

No me atrevería dar, en lo inmediato, una respuesta ni del “No” ni del “”, porque ambas representarían una tendencia de radicalismo extremo en este momento de la historia venezolana, porque la primera sobrestima sus propias fuerzas y la segunda subestima las fuerzas contrarias. Mejor me inclino por el término “Depende”, ya que es el más adecuado para llamarnos a reflexionar sobre lo que no debemos hacer que hemos hecho y lo que debemos hacer que no hemos hecho. Una gran verdad, como duendes, nos ronda la cabeza ya que mientras este mundo sea dominado por el capitalismo imperialista no hay lugar en la Tierra donde se encuentre seguro e invencible ningún proceso de transición del capitalismo al socialismo. Eso es un abc de la política.

        A pocas horas de haberse declarado el triunfo electoral del camarada Maduro ya muchos intelectuales y articulistas resteados con el Proceso Bolivariano han expresado la necesidad de radicalizarlo incluso, señalando su rechazo total a cualquier compromiso que no sea entre revolucionarios. Y, en cierto sentido, eso se ha incrementado como el  producto de la necesidad de dar respuesta a las acciones de violencia ejecutadas por la Oposición en su intento de querer demostrarle al país y al mundo que su candidato fue el ganador y no el camarada Maduro. Hablar de radicalismo extremo de un proceso revolucionario con el resultado del 14 de abril es, en mi rústica manera de analizar tanto la situación internacional como la nacional, como actuar no pensándolo. Venezuela es una nación que vive en un planeta donde existen casi o más de 200 naciones, 200 gobiernos, miles de miles de partidos políticos, miles de miles de sindicatos, miles de miles de gremios, clases y sectores sociales algunas con intereses socioeconómicos de carácter antagónicos y otras  importantísimas con carácter semejantes. Venezuela no está ubicada en otro planeta ni vive aislada en una isla solitaria que no posea un mundo exterior que le rodee. No, vivimos en la Tierra y de forma directa e indirecta las realidades del mundo exterior se reflejan en nuestro mundo interior. Eso es, aunque muchos o pocos se venden los ojos y se taponeen los oídos para no reconocerlo, una realidad objetiva que no depende de nuestras voluntades.

         En nuestro país impera, eso no puede quedar por fuera de ningún análisis político y económico –más no de importancia en lo ideológico- la ley del desarrollo desigual que actúa a cada paso que damos, en cada brinco que damos, en cada traspié que damos, en cada sueño que tenemos y en cada proyección y ejecución programática que hagamos. Lejos está todavía el triunfo de la ley del desarrollo combinado porque ésta requiere, entre tantas cosas de valía, el ejercicio de la solidaridad revolucionaria –fundamentalmente- desde los Estados o Gobiernos socialistas. ¿Cuántos de éstos hay y qué poder de influencia  se tiene en el mundo actual?

         Decir en política, por ejemplo, ningún compromiso con nadie que sea enemigo, ningún diálogo con nadie que sea enemigo, ningún acuerdo con nadie que sea enemigo, no hablar jamás con un imperialista, no conversar nunca con la burguesía, es como andar de espalda –con los ojos vendados y los oídos taponeados- a las realidades y necesidades de un país y es, igualmente, como decir que en la lucha de clases no se necesita jamás la política de alianzas. Todas esas consignas tendrían vigencia si nada de lo que acontezca, por un lado,  fuera de nuestras fronteras nos afectara o determinara conductas de Estado, de Gobierno, de Clase, de Partidos y hasta personales y, por el otro, si ganásemos internamente elecciones 9 a 1. Vele la pena recordar la experiencia que vivió la Revolución de Octubre cuando, obligada por circunstancias concretas tanto exteriores como internas, tuvo que aceptar la ayuda de un bandido (imperialismo) para combatir a otros bandidos (imperialismos). Los imperialistas también tienen sus propias contradicciones que deben ser aprovechadas por todo proceso revolucionario.

Entendemos por compromiso en la ciencia política lo que dice el camarada Lenin: “hacer concesiones respecto a ciertas demandas, a renunciar una parte de las reivindicaciones propias en virtud de un acuerdo con otro partido”. Pero una nación o sociedad no está conformada solamente por partidos políticos y éstos jamás están por encima de las clases sociales ni de los Estados. A eso debemos agregarle lo que también nos enseña el camarada Trotsky: “En sociología marxista, el punto de partida de todo análisis es la definición de clase de un fenómeno dado, sea Estado, partido, filosofía, tendencia, escuela literaria, etc. En muchos casos, sin embargo, la mera definición de clase es inadecuada, puesto que una clase consta de diferentes estratos, pasa por distintos estados de desarrollo, bajo diferentes condiciones, o está sometida a la influencia de otra clase. Es preciso tener en cuenta, en ese caso, esos factores secundarios o terciarios para redondear el análisis  y, según nuestra intención, las tendencias en cuenta total o parcialmente. Pero para un marxista, el análisis de un fenómeno es imposible sin una caracterización de clase de dicho fenómeno”.

Si el Gobierno del camarada Maduro dijera, por ejemplo, no haremos ningún compromiso con nadie que no sea chavista o revolucionario, desconoceríamos no sólo la ciencia de la política, a la propia lucha de clases, a la relación entre partidos políticos sino, muy especialmente, a la experiencia histórica. Veamos qué nos dice el camarada Lenin en relación con quienes no hacen compromisos con nadie: “… los compromisos de un partido que lucha son impuestos inevitablemente por las circunstancias y es absurdo renunciar de una vez para siempre <a cobrarse la deuda por partes>. La tarea de un partido auténticamente revolucionario no consiste en declarar imposible la renuncia a cualquier compromiso, sino en saber mantenerse fiel, a través de todos los compromisos –en la medida en que sean inevitables-, a sus principios, a su clase y a su misión revolucionaria, a su obra de preparar la revolución y educar a las masas populares para triunfar en la revolución”. Claro, corresponde al alto Gobierno y a la alta dirección del proceso no sólo analizar, cada vez que sea necesario, tanto la situación internacional como la nacional sino, muy especialmente, extraer de allí las medidas pertinentes que deben ser aplicadas en la práctica social y que generen un real beneficio a la aplastante mayoría de la población independiente de creencias políticas y religiosas. La experiencia histórica no es para imitarla sino para extraer de ella lo que sea necesario y contribuya a enriquecer otros procesos revolucionarios.

El camarada Maduro (como Presidente de la República), los ministros y la dirección política del Gran Polo Patriótico, sin dejar de recopilar análisis y conclusiones de importantes organizaciones populares, tienen la sagrada misión de realizar un buen Gobierno que vaya dando soluciones a las necesidades principales de la sociedad y, especialmente, de las clases y sectores sociales que siempre han sido víctimas de políticas oligárquicas. En esa medida irá logrando mayor participación del pueblo en los asuntos del Estado, del Gobierno y será verdadero protagonista de su destino. Estamos, hay que repetirlo, sumergidos en un mundo donde las garras del imperialismo tratan de abrazar y aplastar entre sus brazos todo intento de transformación económicosocial que genere justicia, libertad, equidad y solidaridad entre los pueblos. Sólo creando justicia, libertad, equidad y solidaridad entre los pueblos podremos derrotar al capitalismo y crear el socialismo pero ello es, esencialmente, internacionalismo muchísimo más que nacionalismo.

 En fin: lo que expongo es sólo una opinión para la reflexión. Es todo.



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Freddy Yépez


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