Creo que Nicmer Evans tiene mucho de razón,… me disculpan

El panorama electoral de las elecciones presidenciales del próximo 14 A es exactamente igual al del 07 de octubre de 2012, en tanto enfrenta a dos grandes candidaturas y lo que éstas ofrecen. Quizás será más en el mediano y largo plazo donde se perfilen, de forma más clara, las circunstancias que pueden definir la continuidad o el fin de la Revolución Bolivariana. El proceso electoral de ahora, contrapone nuevamente al chavismo en el poder, durante 14 años consecutivos, con una oposición que después de innumerables intentos, por distintas vías, apuesta ahora a enfrentar a un chavismo que ha perdido a su líder principal.

La diferencia más importante de hoy es que, por primera vez, después de 14 años, el candidato Hugo Chávez no está en persona, aunque habría que decir que está tan presente como antes y que en buena medida es ésta presencia de Chávez apoyando a Maduro lo que garantiza, por ahora, el triunfo de Maduro frente a Capriles. No ponemos en duda las capacidades y el liderazgo que indudablemente hoy capitaliza Nicolás Maduro, pero hay que reconocer “objetivamente” que ésta primera derrota que le infligirá Nicolás Maduro al candidato Capriles se la deberemos especialmente a la estrategia política maestra con que salió el Comandante Supremo de la escena (discurso del 08-12-2012), respondiendo un poco a esa pregunta, que a decir del maestro Pérez Arcay, le quitó el sueño muchas veces al Comandante en sus últimos años de vida.

Si Chávez estuviese vivo, no se cansaría de repetirnos:“compatriotas evitemos el triunfalismo”. Nicolás y el Comando de Campaña Hugo Chávez deberían preparar un video donde aparezca Chávez reforzando ese mensaje de evitar el triunfalismo. Seguramente que él utilizaría, siempre narrando sus vivencias beisboleras, el dicho aquel de que el partido no termina antes del out 27.

Chávez le diría a Nicolás también que siga empeñado en conectarse con la gente, en mostrarse sencillo y sincero y muy él. Quizás le diría: “Nicolás, mientras más seas tú, más te parecerás a mí”. Porque si algo el pueblo siempre valoró de Chávez fue su originalidad y su naturalidad. Porque lo que debe ser y debe hacer Nicolás es ser sincero con el pueblo: decir lo que piensa y lo que siente, más allá de lo que un “discurso políticamente correcto” le impondría. Muy posiblemente Chávez le diría, “caramba Nicolás de Canciller a Presidente, no me equivoque escogiéndote, vas bien. Sigue adelante, te felicito”.

El reto más grande de Nicolás vendrá después del 14 A. Cuando le toque enfrentar, ya como Presidente electo y con una orientación clara (Programa de la Patria) los destinos de un gobierno presidencialista, donde además de representar a la mayoría del electorado debe gobernar sabiendo que persisten poderes fácticos (económicos, políticos, culturales, sociales, etc.) que al igual que venían haciéndolo con Chávez intentarán desconocer al gobierno y apostarán permanentemente a su caída. Esa será la prueba, después de haber superado la electoral, a que será sometido Nicolás Maduro y la revolución pacífica, al menos como se la imaginó, desde el 1998 Hugo Chávez.

No es verdad que Maduro, ni que lograra ser electo con los 10.000.000 de votos que Chávez tanto aspiró, lograría acallar y neutralizar tan fácilmente ni tan pronto a ese monstruo que se ha opuesto a los cambios y a las transformaciones en Venezuela y que Hugo Chávez con gran maestría supo siempre derrotar.

No nos referimos a acallar a los individuos que acuden a las urnas a pulsar su voto por Capriles, sino más bien al aparato que dirige esa oposición y a la estructura /sistema que con lazos trasnacionales seguirá enfrentado a la Revolución Bolivariana en los años por venir. Más allá de la MUD, de los “Justicieros”, de los de la canalla mediática, pero sin excluirlos a ellos, por su puesto. Hoy atacan a Maduro, tratan de golpearlo y debilitarlo como ayer lo hacían con Chávez. Si el candidato fuera Jaua, pasaría igual, pero si fuera Diosdado o Rafael Ramírez, el guión de la derecha apenas variaría en los nombres.

Pero aún los mayores retos y exigencias hacia la Presidencia de Nicolás no vendrán del seno de la derecha, sino del propio chavismo. Aquí será donde se definirá verdaderamente la continuidad de la Revolución. Ellos no pueden derrotarnos, pero el propio chavismo si puede causar el desmoronamiento de lo que tanto ha costado lograr hasta ahora. Por eso Chávez insistió, en su último discurso, que la unidad es la clave para salvar la Patria, que ahora si tenemos.

La derecha no tiene nada que ofrecerle al pueblo llano. Hoy pone a los artistas que, además de estar al servicio de modelo de sociedad que ellos aspiran restaurar, pretenden que el pueblo humilde les crea ese cuento de que ellos (privilegiados) realmente están interesados en una Patria, una Venezuela de iguales, donde reine el respeto y la aceptación, donde realmente nos toleremos y donde quepamos todos y todas. Una “supuesta” Venezuela de unión y paz que existía antes de Chávez.

Debemos reconocer que Chávez fue fogoso siempre en el discurso y que la derecha en el terreno discursivo siempre supo manejar un lenguaje que ocultaba su odio secular hacia los sectores humildes y pobres. Pero en 14 años, cuando las circunstancias de confrontación lo plantearon la derecha nos mostró sus dientes y sus verdaderas intenciones (golpe de abril 2002, golpe petrolero, guarimbas, intentos de desestabilización, etc.). El pueblo tiene memoria y aunque no está Chávez para recordarnos el lugar de cada quien, quedó su legado y la dirigencia revolucionaria que junto al pueblo deberán seguir derrotando a los enemigos de la revolución.

Chávez vive, la lucha sigue. Viviremos y venceremos. Nicolás Maduro Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela a partir del 15 A 2013.

Carloslunarvelo@hotmail.com



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Carlos Luna Arvelo


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