El hombre de los ojos desorbitados

El hombre llegó a la reunión con los ojos desorbitados. Se podía pensar que era por otra cosa. Pero no. Era que en la noche no pudo dormir, porque no hallaba qué decir al día siguiente cuando un grupo le anunció que apoyaría su candidatura presidencial. En ese desvelo, pensaba y repensaba para decir unas palabras coherentes que dieran respuesta al pedido solicitado y que impactara a la audiencia. Recordó sus años de estudio, pero de ahí no sacó nada, pues fue uno, según se dice, de los peores estudiantes de su generación y hasta se duda si se graduó o no, porque en su record le aparecen unas materias raspadas con 04 y 05 y al parecer no las reparó.

“Pero qué decir”, pensaba, aunque ya había aceptado ser candidato, sin pensar en su futuro político si sufría una derrota aplastante. Pero en eso no meditaba, pues sus asesores gringos, colombianos y venezolanos, tendrían las estrategias suficientes para derrotar a sus adversarios a través de toda la guerra sucia que se pueda realizar en unos comicios de un país latinoamericano, tales como: rumores, incitación a la violencia, mentiras, saboteos, incentivos a la especulación y escasez a través de los medios de comunicación y tantos otras.

El hombre de los ojos desorbitados por la falta de sueño, en vista de que no logró armar las palabras necesarias esa noche, esperó al otro día y entre llamadas y reuniones con sus distintos asesores, comenzó a oír qué decir en la anunciada rueda de prensa, la cual tuvo que ser ya en horas de la noche, pero, al parecer no quedó claro en qué cosas iba a decir.

Llegó la noche y no le quedó más remedio que enfrentar su anuncio y se lanzó con un rosario de ofensas e irrespeto a instituciones, a funcionarios y a familiares de un venerable difunto, sin ninguna sindéresis, que hasta sus pocos adeptos pararon los ojos del asombro y hasta exclamaron: “Dios mío y qué diablos comió este hombre”.

Pero lo más cumbre de todo esto es que al otro día, el hombre de los ojos desorbitados, afirmó que él no había ofendido a nadie. De verdad que tiene la cara bien dura.

emalaverg@gmail.com / @Malavermillo



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Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

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