No queda sino sonreír

Capriles Radonski dijo a finales de su campaña electoral, que nombraría un general activo como Ministro de la Defensa. Rápidamente, el general Rangel, Ministro de la Defensa en ese entonces, le ripostó que no ha debido efectuar esa declaración y que ningún general aceptaría ser ministro de un presidente cuyo programa es “destruir” la fuerza Armada Nacional. No sabemos de dónde sacó Rangel esa información. Pero lo que queremos recordar es que 14 años atrás, en 1998, muy cerca del día de las votaciones presidenciales, Hugo Chávez, candidato entonces de oposición, dijo que designaría como Ministro de la Defensa al General Raúl Salazar, lo que significa que fue mucho más allá, pues mencionó el nombre del futuro designado. El Ministro de la Defensa de la época no efectuó ningún comentario agresivo contra el entonces aspirante. Suerte que tienen algunos candidatos.

Un dirigente del sector oficial, no recuerdo quién, acusó a Capriles Radonski de estar preparando a sus partidarios para el desconocimiento de los resultados electorales y el ejercicio de la violencia, pues se presentaba como triunfador en los comicios presidenciales realizados hace poco. Nada dijo este dirigente político de cuál era el propósito del Presidente y de todo el PSUV, quienes se presentaron como ganadores de calle desde el principio de la campaña, según una serie de encuestadoras que así lo afirmaban. Pareciera que la misma conducta no incitaba a los seguidores del Presidente al desconocimiento de los resultados ni a la utilización de la violencia. Imagino que el candidato opositor ha debido hacer su campaña diciendo que iba a perder y que nunca estaría en capacidad de ganarle a Chávez. Seguramente, un discurso de este tipo no incitaría fantasías de ninguna especie.

Cuando en Venezuela se iniciaron las lides electorales, se votaba con tarjetas de colores que se introducían en sobres blancos, que luego eran depositados en las urnas electorales, nombre que evocaba que allí mismo se sepultaban las esperanzas del pueblo. Acción Democrática era el partido más votado, a través de su tarjeta de color blanco. El verde era de Copei, el amarillo de URD y el rojo del PCV. Mi hermano historiador me dice que una de las primeras denuncias de fraude afirmaba que los sobres tenían un químico que blanqueaba las tarjetas en ellos introducidas, razón por la que AD siempre ganaba. Con el avance tecnológico habido, hoy ya no es un químico en un sobre sino es un programa de computación indetectable el que cambia los votos de los electores. Avanzamos en el uso de la tecnología, pero seguimos siendo muy atrasados en política.

No hubo en la campaña presidencial discusión de fondo sobre la superación del rentismo, la ausencia de desarrollo petroquímico, la inmunidad de jurisdicción, la proporcionalidad electoral, ni la Ley Patriota venezolana.



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Luis Fuenmayor Toro


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