A Capriles lo espera la hoguera

A menos de un mes de las elecciones resulta tonto -por decir lo menos porque pudiera resultar otra cosa- ponerse a discutir si existe o no la mentira. 

La campaña electoral adelantada, por eso que se llama tan  burlonamente, la Mesa de la Unidad Democrática, ha creado ya el universal de que la mentira existe positivamente. MUD donde según disidentes no se puede andar con zapatos, sino en almadreñas… Y si alguna vez la humanidad tuvo alguna vaporosa o pastosa duda sobre ello, ya no debe tenerla más, porque: ¡De bola que la mentira existe! Incluso propongo que antes del 7-O se realice aquí en Venezuela un simposio internacional de mentirólogos procedentes de todas las putas partes de este mundo para que se refocilen en la tierra donde la mentira impera más, sí señor, la tierra donde avasallan todas las mentiras habidas y por haber: las de muchas televisoras privadas, la de muchas radios privadas, las de muchos diarios, semanarios y hasta mensuanarios, amén de los anuarios y lactuarios privados, la de abates católicos con apellidos forzados o auténticos montados o bajados de los púlpitos que por tanto quedan oliendo o mejor “jediendo” también a mentiras, la de profesores universitarios que en vez de buscar la verdad buscan la mentira, la de los psicólogos, masturbólogos, venerólogos, mafiólogos, proctólogos y afines como los dedólogos, la de los abogados, criminólogos, médicos (ginecólogos, obstetrólogos, podólogos, nefrólogos, oftalmólogos, otorrinolaringólogos, gastroenterólogos, sexólogos, cardiólogos), ingenieros, arquitectos, antropólogos, etnólogos, sociólogos, la de los economistas, contadores, llevadores de libros, futurólogos y afines, politólogos, internacionalistólogos, agentes de la CIA y ciaólogos escépticos (y pido perdón por olvidar otros muchos); pero en fin, las de toda mierda, como dicen que decía don Andrés Bello cuando se equivocaba al conjugar pretendiendo ser omniscio. Pero una cosa sí es cierta, y es que el denominador común de estos fuleros apremiantes es el de ser contrarrevolucionarios, por lo que resulta una pena que don Rafael María Baralt no sea aún presidente de la Real Academia de la Lengua Española, porque seguro estoy de que él hubiera patrocinado, con hugochavista empeño, que contrarrevolucionario fuera aceptado como sinónimo de mentira; de mentira monda, coño, y también lironda, coño. (Y creo que no me faltó ningún pertinente coño). 

Porque hay que ver la cantidad de mentiras que han metido impunemente y hasta impúdicamente los contrarrevolucionarios de aquí y de acullá durante estos primeros catorce años de revolución. Ponerse a enumerarlas sería obtener una lista tan larga como el de las especies vivas. ¡Uff, ni pensarlo! La última fue la de la presunta masacre de los Yanomamis. Y al mentir saben elegir muy bien el sustantivo fundamental objeto de la mentira: ¡Masacre! como para insuflarle una connotación espantosa.

Pero el colmo ya de la mentira es la que el jalabovar Capriles (recomiendo por cierto al comandante Chávez no llamarlo más jalabola sino jalabovar, para que se mantenga dentro de la Constitución) cuando, con su habitual desfachatez se presentó en Margarita el 8 de los corrientes, día de la Virgen del Valle, para ofrecerle una nueva visita el 8 de octubre, pero ya como presidente de la República… Y sépase que este iluso pretende llegar a la cima ejecutiva sin utilizar, ni siquiera el alpenstock de mando, y a punta de quimerear. 

¿Pero habráse visto, por San Policarpo de Smirna, semejante compulsión a mentir? "Hasta luego Santa Madre Virgen del Valle. El 8 de octubre regreso a visitarte como Presidente de todos los venezolanos", escribió en la red social twitter. (Este tipo pienso que confunde la red social twitter, con la otra red social “deceiver”…) 

Que le mienta a uno, bueno, ok, nos ve la cara de pendejos; ¿pero qué le mienta a la Virgen del Valle? Ya eso es una herejía, un dislate en este caso de proporciones marianas. Porque digo yo, dentro de mi habitual estupidez: si a Galileo Galilei, por una verdad, casi lo llevan a la candelada, ¿qué le podrá esperar entonces a un individuo (y es una lástima que sea venezolano) que le haya metido tremenda coba a nada más y nada menos que a la Santa Virgencita del Valle? La hoguera electoral, pues.

canano141@yahoo.com.ar



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Raúl Betancourt López


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