La Cota Lil

La Jerarquía de Cruz Felipe Iriarte

El que se nos acaba de ir no fue un músico más. No señor. El que se nos acaba de ir es toda una figura de la riquísima sociología musical de Venezuela y del Caribe. Se nos ha marchado uno de los más altos valores de la Crónica y del Pregón en Venezuela, además de un excelente pedagogo. Con su marcha se acrecienta un ejemplo de vida nacida en el azul guaireño y sembrada también frente al mar de sus amores. Como Reverón.

Cruz Felipe

Siempre le conocimos como Cruz, aunque se asienta por ahí que el nombre de pila era Luis. Nacido en La Guaira el 14 de septiembre de 1922, Cruz Felipe (¿cuándo y dónde le rebautizaron así?) surgió de las empinadas cuestas que desembocan en el mar guaireño. Y surgió pobre sin considerar nunca que esa pobreza material fuera un límite para sus ganas de expresión. El maestro fue alumno de Vicente Emilio Sojo, y también de Antonio Estévez mientras trabajaba pegando ladrillos y claveteando maderas para poder estudiar los símbolos en las partituras.

No es para nada difícil deducir que el entorno social de su desarrollo humano fue el alimento que permitió las joyas que ahora nos quedan como legado:

“Me estaba contando Juana/ que su marido José

la deja por la mañana/ sin papelón ni café

y de noche, cuando llega, / me contaba con dolor,

que la regaña y le pega/ sin tener razón.

Cálmate Juana/ y no llores más

de aquí a mañana/ se te olvidarán

todas tus tristezas/ y tu preocupación,

junto conmigo, vivirás/ en una casa con balcón

y así la vida pasarás/ llena de ilusión”.

(Juana y José. Merengue)

El Maestro

Bien pudo Cruz Felipe Iriarte, con toda esa carga de talento, emprender caminos para buscar otro tipo de gloria. Era válido. Algunos pensarán que no se lo creía. Particularmente pienso que por estar seguro de ello fue que optó por desparramar talento y ganas en su tierra natal. Cruz Felipe y La Guaira eran una sola cosa, alma y paisaje. Cotidianidad reflexiva y poesía, gracia del pueblo:

“Mira como baila el merengue/la negrita Dorotea

como su cintura menea/dando pa’lante y pa’trás

ella cuando baila el merengue/cuando mueve la cintura

es con sabrosura como lo baila/ como le da.

Y dice toda la gente/ qué negra tan popular

porque siempre está sonriente/ y no entiende de pesar;

nada padece ni siente/ aunque triste se crea/ no se pone a llorar.

La negra Dorotea/ siempre está alegre/ y quiere bailar”. 

(La Negra Dorotea)

La gloria del Pregón

El pregón, tanto como anuncio oficial de las autoridades en la antigüedad o como expresión popular que acompaña la acción de vender, es tan viejo como las concentraciones urbanas de la civilización con la diferencia de que, mientras el comerciante establecido puede no hacer uso de él, el comerciante ambulante tiene que usarlo, porque depende de su pregón para anunciar su paso y su mercancía.

El asunto está en cuándo y cómo el pregón callejero deja de ser un simple grito de anuncio para tener visos musicales.

En algún momento el pregón abandonó su medio natural, la calle, y se apartó de su primera finalidad, la venta, para convertirse en un género musical. El pregonero va a seguir anunciando su mercancía, pero el pregón como tal pasa a vender también un valor musical.

El pregonero como tal alcanzó su mayor auge entre el final del siglo XIX y la tercera década del pasado. Luego fue desapareciendo paulatinamente de las grandes ciudades. El tránsito intenso, los elevados edificios, la misma inseguridad, y otros sistemas de comunicación y anuncio lo colocaron en situación de moribundo. Se cambió la carretilla y la cesta por la motocicleta, y el 'grito pelao' por el megáfono...

En el selecto grupo de los pregoneros latinoamericanos está, por derecho propio, Cruz Felipe Iriarte:

“Allá viene el frutero/ con su pregón vendiendo las piñas

para las viejas para las niñas/ aquí sentado espero;

Si no puedes comprarme/ no vayas a quedarte Teresa

sin saborear las ricas cerezas/ yo te las puedo fiar.

Cómprame Alejandrina las mandarinas/ que aquí yo vendo,

la guanábana, el coco y el gran jojoto/ también los tengo.

Las naranjas sabrosas/ las pomarrosas también las llevo,

y el mango que a ti te gusta/ la lechosa traigo yo aquí

con la parchita y el melón/ tomates grandes y el ají/

Cambur/ y limón”.

(El frutero) 

La partida

El jueves los guaireños comenzaron a transmitir el mensaje por todas las vías. Ese pueblo amado sabe el valor de comunicar, así sea a los gritos, costero al fin, y pruebas ha dado. Toda la Guaira fue alumna del viejo Cruz Felipe. Todo guaireño apartó su tragedia para pensar en el amado Maestro, por allá cuando las aguas de 1999, rogando que nada le pasara. Rincón arriba...

Este viernes sus alumnos de todas las escuelas, de las academias, de los orfeones y corales, sus vecinos, todos, cumplieron con la cita en el complejo cultural que desde hace rato ostenta el nombre del querido Maestro. Allí la Orquesta Típica de Vargas como vanguardia de otras agrupaciones, hizo lo que había que hacer: Música, música de ángeles para el ángel negro que marcha a dar clases por allá…

Ayer fue sembrado con honor y sencillez. Sin ostentaciones que a él no le hubieran gustado. Lo sabemos.

Quiera Dios obrar el milagro de desalienar a quienes el jueves, con los medios de comunicación como operadores de la alienación, lanzaban ayes por la también sensible muerte de Donna Summer con gran centimetraje mientras Vargas, pueblo valiente, heroico y digno, sabiendo, enviaba mensajes por todas las vías: Se nos fue Cruz Felipe…

Todo lo sentido se atesora en una frase del director de la orquesta Típica de Vargas, Rodolfo Rodríguez: Asumimos esta pérdida con entereza.

Cruz de entereza. Exacto. Y eterno.

Compañeros de Cruz

Agustín Lara: “El organillero”, Don Pedro Flórez: “Traigo de todo”, Moisés Simmons: “El Manisero”, Ignacio Piñeiro: “Échale salsita”, Félix B. Caignet: “Frutas de El Caney”, Aquiles Nazoa: “El amolador”, Francisco de Paula Aguirre: “Claveles de Galipán”, César del Ávila: “El manguero”, Rafael Rincón González: “Pregones zulianos”, Billo Frómeta: “El mielero”, Stelio Boch Cabrujas: “Campesino”, Luis Laguna: “Golosinas criollas”, Rafael Salazar: “El pregón de las flores”, Juan Avilán: “Flores de Galipán”, Benito Canónigo: “El aguacate guarenero”, Guaco: “Pastelero”, Cruz Felipe Iriarte: “El frutero”…

La genialidad expresiva del caribeño, y sobre todo del venezolano, puesta al servicio de la música tiene en el pregón un segmento de historia bien importante, en la que Cruz Felipe Iriarte cuenta.

¿Se extingue el pregón en la medida en que la causa que lo originó desaparece? ¿Qué cuota de identidad se marchará con él?

“Se fue Cruz Felipe Iriarte/ Se abre en el cielo un sendero/ Y San Pedro está anunciando/ señores: llegó El Frutero” (Copla enviada por Adelis Freitez)

lilrodriguez@cantv.net

@lildelvalle



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Lil Rodríguez

Periodista. Defensora de los valores culturales venezolanos y latinoamericanos.

 lilrodriguez@cantv.net      @lildelvalle

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