En defensa de la Revolución

“Vamos hacia la libertad acendrando en la alegría la palabra nítida, la verdad alegre como el sol, cuando viene en palabras amigas el recuerdo de Bolívar, para afirmar la fe en la imprudencia bizarra, en esa que va sin cálculos, sin pensamientos en opimos réditos, a apedrear el silencio, a rasgarlo, aun cuando tenga que luchar con los vacíos que, como los de aire, causan descensos al águila viajera en la distancia azul”.

Han desaparecido silencios pero aún quedan muchos cómplices, residuos sombríos que escatiman la verdad y establecen como norma el subterfugio, cuando el buen pueblo anda en busca de clara, dolorosa y alegre, pero siempre clara verdad propicia a la afirmación de viril, de pensamiento, de acción soleada, temida sólo por pusilánimes o por acólitos de la mediocridad envanecida.

Y cae sobre el pueblo, catador de verdades, sobre la palabra veraz, la furia recóndita del rojo-rojito, demagogo, animador infiltrado de farsas, el calificativo que, impotente para destruirlas, busca amenguarlas: cosas… tonterías… Olvidan los que lanzan el epíteto temeroso y artero, que esos idealismos, esos lirismos —como despectivamente los llaman los pseudo-pragmáticos, los oposicionistas y los rojo-rojitos opinan que lo práctico es sólo lo que ofrece ventaja personal—son realidades próximas, verdades que van a desnudarse, invisibles para la ceguera de quienes por torpeza o por disimulo cómplice, se empeñan en hacer coro a la conveniencia de los imperialistas que les han de regalar sus frutos a su propia conveniencia.

Palabras de medios tonos reveladoras de pensamientos informes, sonrisas de disimulo, voces que sólo llenan apariencias, con señales de miedos inconfesables y hay que batirlos con las palabras completas, densas de realidad trascendente, rudas si es preciso, y con la risa de las sinceridades sonoras que no temen los silencios perplejos, que no crecen entre indecisiones con vagas actitudes de halago y complacencia en venta. No siempre al buen callar ha de llamarse Sancho, ni tampoco ha de señalarse a toda hora como quijotada, con burla despectiva, el hablar de convicción socialista firme saneada que no tiembla ante las desventajas.

Sabemos bien cómo anda esto de la ética—y hasta de la estética—en el mercado de valores. Sabemos bien hasta dónde pueden actuar—sin colisiones—las éticas profesionales orinegras de la burguesía y la cívica ética socialista que batalla al sol de propósitos, sin soborno y sin doblez.

Hay sin duda, crisis de conciencias.

La responsabilidad se acuclilla y se trueca por el éxito de los buhoneros oposicionistas y rojo-rojitos, que ya subrayan dolorosamente esta crisis en el tiempo que vamos viviendo. Tiempo admirable, por otra parte, para crear en el pueblo una nueva fe en la fuerza del espíritu revolucionario, en el valor de la rebeldía—dignidad permanente— que no ha de confundirse con la vocinglería burguesa interesada cuando pretende ejercer función democrática.

 Y esa crisis de conciencias ha de domeñarse con palabra forzuda, neta—estética expresión de ética— porque es cobardía envolverse en temores usureros en estos días revolucionarios, cuando el pueblo va acostumbrándose valientemente al sacrificio, cuando se está peleando el libre tránsito por los caminos del futuro. Y eso no se logrará con la seudo-revolución de sensiblerías y de apariencias, de concomitancias de parroquia o de tribu, tan grata a ciertas vanidades aburguesantes, porque no es revolución la mentira–o para decirlo con cortesía burguesa–la economía de la verdad. Y es sobre ésta, plena, lúcida, brillante de desnudo valor y de imprudencia bizarra, donde se podrá elevar la Revolución Bolivariana, la única, la que no da acceso a la mentira, ni al disimulo, ni a la adulteración—ángulos de servilismo—y va contra los mascarones de la feria a darse generosa por la elevación de la jerarquía e empoderamiento vital de nuestro pueblo.

Todo esto íbamos pensando del alba, hacia el nuevo amanecer, salmodiando en la soledad la palabra que queríamos pronunciar con neta conciencia, con tozuda fuerza, cuando llegaron las palabras amigas del Comandante Presidente desde la Asamblea Nacional, expresiones de pensamientos paralelos, o fortalecernos en el combate de la palabra nítida, endurecida, verídica—luminosa como un mármol al sol— contra los vacíos de silencios cómplices, nutritivos sólo para los barateros de la MUD o los rojo-rojitos que compran o venden la entrada para la farsa infecunda.

Junto al aprontamiento de voluntades para engrosar los cuerpos armados que reclame la defensa de la Patria, alistemos otro ejército de voluntarios, donde tengan sitio hasta los lisiados, para luchar contra la invasión imperialista, clamorosa de riego de sangre bravía. ¡No vendrán los bárbaros! ¡Jamás pisarán el suelo de la Patria, si no es para buscar en ella el sosiego de la derrota!

“¡Vivir libre o vivir muerto! Porque es vida la muerte cuando se la encuentra en el camino del deber, mientras es muerte la vida cuando, para proseguir sobre la faz semi-histórica del pueblo venezolano esclavizado, se ha renunciado el derecho a la integridad personal”.

¡Pa’lante Comandante! Lucharemos. Viviremos y Venceremos.

Hasta la victoria siempre y Patria Socialista.

¡Gringos Go Home!

¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

manueltaibo1936@gmail.com



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Manuel Taibo


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