Revolucionaria mutación de la relación Fuerza de Trabajo - Medios de producción

La Ley de la Conservación de la Energía y el Valor de Cambio 1

“Los valores de uso de las mercancías constituyen el material de un saber especial, de la ciencia y la rutina comerciales. Los valores de uso sólo se realizan en el uso o en el consumo. Forman la materia de la riqueza, sea cual fuere la forma social de esta. En la sociedad que debemos examinar, son al mismo tiempo los SOPORTES materiales del valor de cambio.”

Tomado de Carlos Marx, El Capital, Libro Primero, Cap. I., Subc. I. (Las altas me pertenecen)

Venimos apuntando hacia una novedosa composición orgánica del capital (v/c)2 y hacia el logro de una toma de conciencia general, en primer lugar, común para todos los trabajadores y consecuencialmente para patronos burgueses, que zanjaría las discriminaciones sociales vigentes basadas en el salario, en el valor de cambio, y no en el valor de uso que sería lo más acorde con la naturaleza social de la producción. Esta, como sabemos, sólo consta de recursos y bienes naturales, y de valores artificiales elaborados por los trabajadores actuando de consuno o en rigurosa complementariedad laboral, a pesar de los ingentes y bien sembrados esfuerzos burgueses puestos en práctica con la famosa “división del trabajo” smithiana que se convirtió en   el artilugio burgués organizativo más eficaz para dividir al proletariado en mil pedazos y así frenar y prorrogar la unión espontánea de los proletarios del Mundo, dentro y fuera de la fábrica burguesa. La cooperación del asalariado con sus compañeros, fábrica adentro, hasta ahora ha sido impuesta contractualmente, y de allí la imperiosa necesidad histórica del aparataje estatal burgués (El Estado).

Bien, según el epígrafe, como quiera que el valor de uso sólo se realiza en el uso o en el consumo (sic), el valor, ese que se llama valor de cambio o valor trabajo, no podría menos que realizarse también en su uso o consumo3. Si esto es así, si el valor de uso concluye o se transforma con su uso, eso significa que el valor trabajo desaparece de nuestra vista y sensaciones en general, salvo que estemos mirando y observando vis a vis el proceso técnico involucrado. Tan pronto ocurre la transformación de la materia prima trabajada, A, por el asalariado, para la producción de la mercancía B1, nos enfrentamos a dos modalidades de valores de uso, a dos momentos económicos: un antes y un después, y sólo nos queda entender que el valor de cambio, por trueque o dinero, sólo es una amplificación de la continuidad que caracteriza el vaciado de la energía laboral durante el tiempo de trabajo, fuera de lo cual ya sólo se puede hablar de dos (2) estados de la materia constitutiva de los bienes económicos: la materia prima precedente y el bien terminado, ambos como valores de uso cualitativamente diferentes.

Sigamos: Como sabemos, ese valor de cambio sirve para la factibilización de las transacciones mercantiles preburguesas y burguesas porque, sencillamente, las mercancías del caso “soportan” valor, aunque no son valores4, pero, y es lo preocupante, según demuestra Carlos Marx, sirve también para la explicación científica de la explotación del trabajador asalariado. Sin embargo, ni aun así, ese valor soportado puede servir para que el patrono se yerga por encima de sus benefactores ni lo discrimine socialmente, ya que, a todas luces, además de explotarlo por adueñase de una buena parte del valor que le pertenece en principio al trabajador, a este termina humillando, marginando, empobreciendo y hasta incomprensiblemente, despreciando.

 Y así lo hace el capitalista cuando usa esa riqueza material como un cúmulo de esos “valores de uso sociales”5 que soportan las mercancías, sin ser valores de cambio en sí mismos (sólo se usan como tales), puesto que sencillamente la fuerza de trabajo, a la que se le atribuye ser la fuente de valor, se usa para adecuar materias primas, convertirlas en valores de uso para la satisfacción de las correspondientes necesidades no menos técnicas, y se convierten en mercancías sólo en la medida que esos valores de uso sean canjeables por dinero e indistintamente vendibles a cualquier persona, sin importar para nada la procedencia del dinero usado como medios de pago.

 Si el trabajador potencial no vende su fuerza de trabajo  o no se conforma con el salario establecido, sale de la bolsa correspondiente y pasa al Ejército Industrial de Reserva, donde, a juicio de ciertos críticos de “izquierda”, no solo hay trabajadores disciplinadamente prestos para suplir necesidades emergentes o coyunturales, sino también un excedente laboral estructural indemandable  por quienes podrían explotarlo, y en su lugar: lo transforman en “gentes marginales”, tan despectivamente reconocidos así por  el Filósofo argentino Ernesto Laclau6.

Buena parte de la mezquindad e indolencia de los fabricantes y comerciantes repletos de mercancías invendibles responde, ante el hambre de las personas que pasan frente a sus repletos exhibidores sin comprarles nada, precisamente, a que sus inventarios sólo albergan valores que sólo les sirven para cambiarlos por dinero, valores de cambio y no valores de uso, como tales. Sólo los compradores de esas mercancías ven y aprecian ese valor de uso que terminan cambiando por un dinero que, además de ser valor de uso para el intercambio, es valor ficticio de cambio por excelencia, salvedad hecha de monedas con valor per se. Y así también se explica la facilidad de consumo del dinero en manos de pobres y asalariados, para quienes el dinero sólo sirve como medio de pago por bienes de consumo personal, y no para “comérselo” ni atesorarlo. Como trabajador pobre, entra a la fábrica y así regresa a esta luego de consumir su paga.

 Sabemos que el valor de cambio capitalista expresa el tiempo durante el cual, mediante el uso o aplicación de la fuerza de trabajo del asalariado, se realiza la adecuación de un valor de uso a otro de diferente calidad técnica, y la medida de ese tiempo permite que al nuevo valor de uso se le asigne un nuevo valor para el cambio, promediado y socialmente calculado, como si la mercancía lo poseyera a pesar de ser intransferible. Tal valor de cambio se usa para empobrecer a sus trabajadores, mientras él empresario aboya encima de sobrantes de riqueza material, al lado de atípicas manifestaciones de riqueza en algunos trabajadores no creativos7, quienes, de paso, en estos análisis no pueden tomarse en cuenta por su escaso peso estadístico en cuanto al número de los que logran salir del hueco de la pobreza8. Y esa conducta empobrecedora, discriminatoria y desigualitaria la asumen los propios trabajadores que ganan un mejor salario, tanto con sus colaboradores dentro de la empresa común, como con el resto de los trabajadores. Esta oprobiosa discriminación dineraria salarial es la que ha servido de base en el sistema capitalista para la absurda división de las personas entre ricos y pobres.

Y más allá de la pobreza de los más, y de la riqueza de los menos, se observa que si el trabajador potencial no vende su fuerza de trabajo, o no se conforma con el salario prestablecido por los capitalistas9 simplemente sale de la bolsa de trabajo y pasa al Ejército Industrial de Reserva, donde, a juicio de ciertos críticos de “izquierda”, no solo hay trabajadores disciplinadamente prestos para suplir necesidades emergentes o coyunturales, sino también un excedente laboral indemandable  por quienes podrían explotarlo, y en su lugar: lo transforman en “marginales”, tan despectivamente reconocidos así por  el “ensayista” y “politólogo” argentino Ernesto Laclau10.

En ese Ejército se está operando toda una nueva y auténtica Tercera Revolución Industrial, según hemos adelantado, y que cambiará  la relación: Trabajo proletario-medios de producción. Cónfer:

http://www.aporrea.org/actualidad/a138993.html

 Estas disertaciones se desarrollarán más adelante.

1 http://www.sadelas-sadelas.blogspot.com     marmac@cantv.net

2 Para v/c = salarios/medios de producción

3 “La fuerza de trabajo se realiza por su manifestación exterior. Se afirma y confirma por el trabajo, que por su parte exige cierto desgaste de los músculos, los nervios, el cerebro del hombre, desgaste que debe ser compensado.” Carlos Marx, Ibídem, Cap. VI.

4 Cónfer: http://www.aporrea.org/ideologia/a125977.html  / http://www.aporrea.org/actualidad/a133939.html

5 Carlos Marx, Misma Obra, Cap. y Subc. I. Se trata de valores de uso susceptibles de intercambio por otros (Federico Engels) a tal punto de que cuando los consumidores se abstienen de demandarlos, tal riqueza inmaterial desaparece, lo cual choca dialécticamente contra la conservación de la energía (http://es.wikipedia.org/wiki/Conservaci%C3%B3n_de_la_energ%C3%ADa).

Por eso los fabricantes y comerciantes gastan mucho dinero en publicidad y en todo género de medidas (Pacto o Tratado Comerciales Internacionales, por ejemplo) tomadas para conservar y ampliar su mercado porque en ello le va la conservación de la riqueza mercantil (materia). Lo que no tiene demanda no vale nada, ni siquiera como valor de uso, ya que sus compradores potenciales compran   mercancías por su valor, a condición de que sirvan para algo, como valores de uso y consumo personal o para su reventa. El dramaturgo de comienzos del burguesismo, Moliére, fue tajante al respecto: “Las cosas sólo valen cuando se las hace valer”, lo que traducimos así: hay bienes que pueden ser valores de uso y ser productos del trabajo sin ser valores (de cambio). El caso es, deducimos, que en régimen burgués, los trabajadores crean valores que tienen valores de cambio porque ellos mismos los compran a determinados valores. Se nota que los valores de cambio no se pueden asir, lo que vemos en una mercancía, como valor, es el cambio formal de la materia trabajada cuando la comparamos con la materia correspondiente, o sea, por ejemplo: la harina de trigo y el pan hecho con ella, el anterior y el nuevo valor de uso. Sólo podemos reconocer el valor trabajo como el movimiento del operador sobre la materia prima hacia el resultado de su transformación. La materia prima y el producto nuevo que con ella se crea desaparecen como valor de cambio cuando carecen de mercado, mientras los valores de uso pueden, incluso, seguir valiendo como materias primas, banco de repuestos y afines. Cuando a esta chatarra se la vende, las medidas del valor convencional ceden paso a precios subjetivos según la tiranía de la oferta y la demanda. No obstante, si el valor trabajo es expresión de la aplicación o uso de la fuerza de trabajo, como energía esqueletonervomucular, ¿cómo queda y hacia dónde va esa energía cuando pierde valor monetario?  ¿qué peso material alberga este valor?

6 http://www.youtube.com/watch?v=rmne-fNoJE0

7 Cónfer: www.aporrea.org/ideologia/a137912.html

8 Cónfer: www.aporrea.org/actualidad/a139193.html

9 Cuando se mide la cesta mínima de bienes, se lo hace en términos de unos precios que fija y moldea el mercado regulado   por los empleadores de asalariados. Téngase en cuenta de que cuando el Estado burgués regula precios, lo hace sobre la data de la propia contabilidad empresarial. 

10 http://www.youtube.com/watch?v=rmne-fNoJE0

marmac@cantv.net



Esta nota ha sido leída aproximadamente 3971 veces.



Manuel C. Martínez


Visite el perfil de Manuel C. Martínez para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: