Criticamos

Debemos empezar por nosotros mismos. No tiene derecho a criticar quien no sepa criticarse. Más no sólo carece de derecho, sino también de capacidad y el crítico incapaz de criticarse cae en tal situación: piensa que no tiene rivales y lanza sus palabras como nuevas ediciones de “la palabra de Dios”. Al señalar la crisis de la crítica, nos muestra también lo que la autocritica significa en el camino de ponerle fin. “Nuestro deber con el futuro, nuestra obligación con el pueblo, es enseñarles nuestros defectos, es mostrarles nuestra pobreza, nuestra falla, nuestro propio dolor torturante. Así ellos podrán mejorarse y superarnos. Así aprenderán, por nuestra, por nuestra experiencia sin remedio, a llenar los vacíos que nosotros no pudimos salvar”. Hemos dicho autocritica, refiriéndonos, no al hombre que nos dice estas cosas, sino a la generación en cuyo nombre hablamos.

Criticamos el inoperante control de precios, los pulperos los aumentan cada día, no se concibe que el Ministerio de Comercio les permitan que ellos mismos fijen su precio de producción e importación; los parásitos funcionarios de los Ministerios de la Economía son los obligados a analizar el coste de producción, importación, distribucción y su respectiva ganancia. Lo inaudito es que Cadive les suministra dólares a BsF. 4,30, y los pulperos nos los venden a los consumidores a BsF. 22,50 o más.

Criticamos, la no solución del grave problema de la salud en los hospitales públicos, los médicos hacen lo que les da la real gana, sabotean los equipos, roban los insumos, (medicamentos) se burlan de los pacientes, trabajan cuando les sale del forro, mala praxis médica, huelgas, guarimbas y lo triste nadie le pone un parao a tal situación. Exigimos que saquen a los médicos cubanos de los CDI y los trasladen a los hospitales públicos para su bien funcionamiento.

Igual está sucediendo con las universidades autónomas, los rectores y demás autoridades se pagan y se dan los vueltos, (mafia de delincuentes que devora miles de millones de bolívares) estos golpistas no rinden cuentas ante el pueblo que es su empleador, no justifican lo que gastan, son un gobierno dentro del Gobierno.

Nuestra generación tiene una deuda que saldar con el futuro. Detrás de nosotros vienen jóvenes que esperan nuestra voz curtida de experiencia. Sí, debemos decirles a los cuatro vientos y desde todas las cimas: “Sed mejores que nosotros, y sí aspiráis sinceramente a servir a Venezuela, no os conforméis con imitar nuestra insuficiencia”. En ocupar sitios que reclaman mayor aportación de cultura y de responsabilidad. Deben aprovechar, unos más que otros y sin dolo de vuestra parte, las rutas hacederas de un país sin jerarquías y con sentido responsable.

El problema se simplificaría mucho si quienes en verdad valen mucho menos de cuanto se cree, también llegasen a expresiones como esas. Llegar a una posición determinada en la vida política, social, intelectual del país, sin llegar realmente a lo que esa posición significa y entraña: he allí la tragedia nacional. Tal cosa se ha hecho posible por la crisis de la crítica. No sólo en política sino en muchos aspectos, somos “un país sin jerarquías”, empleando el término, no en el sentido de las castas ni de los privilegios —que desde luego nos repugna—sino en el de colocar a cada cual en el sitio que se merece de acuerdo con sus capacidades, con su aporte al progreso colectivo.

Al hablar de “generaciones” no tenemos en cuenta el concepto que generalmente expresa aquí con esa palabra. “Nuevas generaciones”, decimos, aludiendo a los jóvenes, más no sólo a ellos. Creo en la juventud histórica de los pueblos. Es joven todo aquél que, a los quince o a los sesenta, sabe responder al momento histórico, a lo que el pueblo de Venezuela exige de él. Cuando recuerdo la petulancia agresiva de mis compañeros de adolescencia, aprecio en su justo valor la cultura adquirida por nuestro pueblo. La afición al ejercicio, la solidaridad intensa y el conocimiento de la actividad colectiva… han creado una juventud más reflexiva, más ansiosa de conocimientos, menos inclinada a confiar en una suficiencia que sólo existía en la irresponsabilidad del agresor y en la indiferencia o pusilanimidad del agredido… Creo que en verdad nuestro país ha avanzado en su desarrollo cultural y social, como en otros aspectos, y en consecuencia nuestra juventud es más reflexiva y ansiosa de conocimientos.

Pero tampoco debe esto interpretarse como un elogio desmedido de las nuevas generaciones. Muchos son los jóvenes que ya olvidaron la autocritica y se dieron a la adulación y la maledicencia, formas degeneradas de la crítica.

A veces los hombres de una misma generación se separan y sirven opuestos intereses, corriendo peligro el ideal revolucionario. Tal ocurre cuando el régimen político no se compagina con la situación pública. Se recurre entonces, para anular la oposición, al fraude, al engaño, a la demagogia, como sistema político.

Cuando en medio de un ambiente de libertad impera o quieren hacer imperar la mentira como regla de conducta, los fariseos se dan a calcular cuánto pueden derivarse de la mentira, estiman la lealtad como traición y juzgan como calumnia la verdad.

Pero hemos llegado a una hora en que estas caricaturas de virtudes van siendo reducidas a sus verdaderas proporciones. Cuando terminemos la tarea, una nueva vida comenzará para todos.

Dialogo muy interesante entre Colbert y Mazarino, en la Francia de Luis XIV:

Colbert: Para conseguir dinero hay un momento en que engañar (al contribuyente) ya no es posible. Me gustaría señor Superintendente, que me explicara como es posible continuar gastando cuando ya se está endeudado hasta el cuello.

Mazarino: Si se es un simple mortal, claro está, cuando se está cubierto de deudas, se va a parar a la prisión. Pero el Estado… ¡¡¡Cuando se habla del Estado… eso ya es distinto!!! No se puede mandar el Estado a prisión. Por tanto, el Estado puede continuar endeudándose. Todos los Estados lo hacen.

Colbert: ¿Así usted piensa eso? Con todo precisamos de dinero. ¿Y como hemos de obtenerlo sí ya creamos todos los impuestos imaginables?

Mazarino: Se crean otros.

Colbert: Entonces sobre los ricos.

Mazarino: Sobre los ricos tampoco. Ellos no gastarían más y un rico que no gasta, no deja vivir a centenares de pobres. Un rico que gasta, sí.

Colbert: ¿Entonces como hemos de hacer?

Mazarino: ¡¡¡Colbert!!! Tu piensas como un queso gruyere o como el orinal de un enfermo. ¡¡Hay una cantidad enorme de gente entre los ricos y los pobres!! Son todos aquellos que trabajan soñando en llegar algún día a enriquecerse y temiendo llegar a pobres. Es a esos a los que debemos gravar con más impuestos…, cada vez más…, siempre más. Esos cuanto más les quitemos, más trabajarán para compensar lo que les quitamos. ¡Son una reserva inagotable!

¡Gringos Go Home!

¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

¡Venceremos!

manueltaibo1936@gmail.com


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Manuel Taibo


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