Oraciones "sangradas" ante el Papa

Una foto en grande, aparecida en PANORAMA en su primera página i vista por muchos venezolanos, ya que es el segundo diario de mayor circulación nacional, documento gráfico que debe haber aparecido en otros muchos periódicos en el mundo, nos muestra lo conmovidos, adoloridos i arrepentidos rostros, con otros “idos”, del humilde i cándido presidente George W. Bush rezando (se le ve en la boquita como diciendo “father nuestro”), su señora esposa con cara de mártir (lo debe ser); al inefable padre, campeón en firmar sentencias de muerte en su país i admirador del Papa Julio II por guerrero, rígido como si estuviese sentado en un trono sanitario i pensando ¡Cómo se pierde el tiempo en esta tortillaza!; el pícaro Clinton metiéndole la mirada a alguna damita italiana con bello escote i recordando como usaba su ropa interior para calentarse los tobillos i, por último la negra más temible del mundo, con la miraba baja diciéndose: este era el crazy pendejo que no le gustaban las guerras, mientras a mí me encantan, i estoi loca por dirigir la mía. Realmente la foto es conmovedora. George es tan adicto a la meditación, que debe mezclar oraciones con órdenes políticas, evocaciones de ángeles con helicópteros i papa con potato. No se explica, en su mentalidad vaquera, como los italianos aman tanto al Papa, pero lo que le gusta son los spaguettis i toda clase de pastas.

Seguramente que estarían locos por salir de allí, porque verse rodeados con gente, tan de cerca, les angustia; él siempre habla en el congreso, en una tribuna distante del público, en la televisión en tarima o butaca i, hasta cuando lo han ido a entrevistar a su rancho tejano, de techos de cartón, ponen barandas de tubo, no sea que uno de esos periodistas atrevidos, le partan un diente con un micrófono, como puede suceder en ese peligroso país que se llama Venezuela, donde los entrevistados tienen que echarse hacia atrás, a veces casi en posición de esa que los médicos llaman “trendelenburg”, para no tragarse alguna pequeña grabadora. Además, le ha preguntado mui bajito a su padre gran especialista en ver muertos…¿estará bien preparado este tipo? ¿No irá a empezar a oler mal? Por lo pronto en la foto parece que la Condolezza se tapara la nariz con la mitra papal.

Sin embargo, al llegar al hotel, la sacra delegación del Imperio del Norte, conversaron sobre lo acontecido. George observó: −Yo en mis oraciones fui noble con el Santo Padre; rogué mucho a Dios porque le perdonara haber llamado a lo nuestro “capitalismo salvaje”, ya que nosotros lo que menos tenemos es de salvajes cuando El Vaticano i mi Imperio nos parecemos tanto; yo tengo a la CIA i ellos a los jerarcas de la Iglesia. Cuando hasta al Tarzán original de Hollywood, que su creador lo había hecho realmente troglodita, en las últimas películas jugaba ajedrez i reparaba computadoras i lo casamos con Jane. Eso si se llama ayudar a los pobres i sobre todo educarlos; no como ese semisalvaje de Chávez que para educar al pueblo, pone un negrito de Ministro que parece hijo de la que crió a Tarzán. Por eso es que Condolezza se preocupa tanto por ese país. A propósito ¿Qué pediste en tus oraciones, mi arrocito tostado?
Condolezza con esa mirada tan dulce, su mechón alisado i caído i sus dientes de perlas con concha i todo, le respondió: −Si supieras; como vi tanta gente que podía rezar por el Potato, yo me fui mentalmente a otras alturas i rogué…¡por Chávez! ¡Me preocupa tanto!
¡Por Chávez! La señora Bush brincó de su sofá cuando de cambiaba los zapatos i se ponía sus pantuflas doradas. ¡Por ese malandro que le hace coger arrecheras todos los días a mi marido, haciéndoles apuestas!
─No te enojes, dijo con voz de profeta Bush padre; piensa que está allí en esa presidencia, por la “magnahabilidad” de mi hijo; el ha tenido más habilidad que otros para dar golpes de estado, pero lo que pasa es que se necesitan hombres inteligentes en la oposición i parece que en Venezuela esa oposición está cundida de brutos; no ganan una i los agentes de la CIA que hemos enviado, empezando por Shapiro, tampoco han dado la talla. Además, Dios, aunque no somos católicos del partido del Papa, tiene que haber escuchado sus oraciones…mi hijito es un encanto igual al padre! Yo si no recé nada por que no me sé ninguna oración i con ese muerto no he tenido nada que ver. Por eso esa cara de fastidio arrecho en la foto que nos tomaron.
A todas estas, Clinton, que anda soltero, tenía una cara serena, plácida, como entregado a ensueños gratos o recordando número telefónico italianos. ─Yo tampoco recé nada; veía al muerto ¡tan solo i estirado! Que pensé exclusivamente en mí; i vi a una italianita con un tremendo escote i unas piernas hermosas i torneadas sosteniendo un trasero, un cuerpo i una cabeza de diosa que nomás me levanté de la silla le pedí al guarda-espalda que la siguiera i le pidiera el número telefónico ¡Qué Mónica ni qué Monica! Estuve a punto de estirarme también. Ahora es cuando estoi rezando porque se produzca un milagro.

Así, pues, veamos cuanta historia o leyenda existe tras de una foto famosa, mientras pensamos que, de existir eso que llaman alma, el Papa viajero i de la paz, tomado el vuelo de su último peregrinaje, tal vez se angustiaba: si llega esta foto al cielo, antes que yo, seguro que San Pedro me devuelve…¡Miren quiénes están rezando por mí! I aquí en la Tierra, la gente va a creer o descubrir que somos cómplices.


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Roberto Jiménez Maggiolo


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