Una gran pechuga

La derecha mediática está alarmada a raíz de lo manifestado por el camarada Chávez en su reciente “Aló Presidente” realizado en el Sur del Lago de Maracaibo, con respecto al gasto que incurren algunas damas para “realzar y acrecentar” volumétricamente sus pechos, producto del insaciable y mediático esnobismo corporal, que las lleva no solo arriesgar su precaria estabilidad económica, sino su salud física y mental.

Los medios capitalistas en su desmedido y deshumano proceder, tratan de envilecer las mentes juveniles con modelos de perfección simétrica humana, como fin máximo de vida, para poder “vivir feliz” en esta exigente sociedad de consumo. Si eres fea o feo, perteneces a los más “débiles” ejemplares faunísticos de esta jungla urbana materialista y plástica y tu existencia será muy sufrida, porque estarás sometid@ a una raza superior, que ni siquiera Hitler soñó en sus desvaríos sueños de poder global.

A este insaciable bombardeo de estética siliconada, estamos sometidos todos por igual. A las mujeres, que deben estar primero “buenas” por fuera con sus pechos turgentes, su panza plana, su trasero elíptico y sus piernas largas, antes que preparadas, es decir, un culito parao y unas llamativas lolas tienen mayor importancia que una buena educación. Es decir, debe tener una “buena formación”. En el caso del género masculino, coño te fregaste si tu mollera se va quedando calva (antes era sinónimo de inteligencia) o si tus bíceps y tríceps parecen un bistec colgando y no están desarrollados como los del verdoso “Hulk” y lo peor del caso es, si nuestro abdomen no se parece al de un cocodrilo, sino que tiene la pronunciada curva de la felicidad. Pero, lo más probable es que una siliconada mujer al aparearse con un esteroídico y musculoso varón, no va a dar un niño muy sano y muy bello, porque la genética aunque está muy avanzada, no permite aun cirugía plástica en los cromosomas, para que estos cambios estéticos vayan a quedar dentro del código del ADN. Y lo primero, si pueden o quieren concebir, para no dañar su escultura hecha cuerpo.

En general, según “estudios avanzados de investigación” realizados por los medios consumistas, “la bonitura externa” es ventajosa a la hora de conseguir un buen trabajo, una buena pareja, una buena universidad, un buen asiento en un espectáculo, un buen regalo y también, para hacer una huelga de hambre y no verse famélico, mostrar las nalgas y que parezca una cachetona cara sonriente vertical, pintarse las manos blancas sin parecer payasos (aunque actúen como tales) y por supuesto, hay que tener el infaltable Black Berry para confirmárselo a todo el mundo con un “pin”.

Antes, la felicidad humana era simple, porque la vida era más simple. Pero, esta simpleza no implicaba que se era menos feliz, todo lo contrario, el ser humano es más feliz cuando tiene menos cosas porque preocuparse. Ahora, ser feliz es más complejo, porque alcanzar la felicidad actualmente es más complicado ya que lograr este bienestar implica el tener o no algunas cosas que antes no eran necesarias. Inclusive, esta “hipotética y filosófica” comparación de la felicidad contemporánea con respecto a la pasada que estoy dando, es más enredada de lo que realmente quiero explicar.

Pero en fin, el consumismo desmedido nos atosiga en cada espacio de nuestro pensar y actuar. En cuanto al aspecto y la salud corporal, el medio capitalista de consumo, nos mantiene en una constante lucha por “embolsarnos” dentro del ciclo vicioso del gasto agotador: primero te “venden” comida con alto contenido de carbohidratos: azucares y grasa, revestidos de sabores y colores artificiales. Desde luego, esta ingesta súper calórica aunado al sedentarismo que nos produce el “trabajo inactivo” nos aumenta más la grasa, en proporción a los músculos. Y a veces nos preguntamos: ¿por qué engordo, si me comí lo que salía por televisión con una bebida “light”? Y pendejamente, nos parece un misterio.

Posteriormente, te ofrecen una serie de aparatos de hacer ejercicios con unos tipos y tipas que fungen de presentadores y que “antes” pesaban mas 200 libras (libras no kilogramos) y ahora tienen un cuerpazo, que tu puedes conseguir si utilizas el dichoso artificio. ¡Ah! Pero estos ejercicios con este adminículo son más efectivos si haces la dieta del momento, tomas el té de moda con las pastillas “saca grasas” o te untas el gel que te quema la barriga y te hará sudar hasta las uñas. Y si esto no resulta, acudes al médico para una lipo, engrapado del estomago, un by-pass gástrico y después a otro cirujano para que te estire el “pellejo” y te corte el que sobra, para que te hagas una cartera que lleve tu nombre y no el de Louis Vuitton. ¿Y donde están aquellas tiernas e inocentes quinceañeras que pedían su vals en la fiesta con un grupo de pajes o un viaje de fin de curso? Coño, en el quirófano de algún inescrupuloso cirujano plástico, poniéndose unos globos pectorales, porque no es “normal” ahora que una adolescente no tenga las tetas como mami, que evidentemente, también se las hizo.

Para la canalla mediática era más importante hacer una crítica al pertinente comentario del Camarada Chávez, sobre esta pandemia médica creada artificialmente por las mentes del insano mercantilismo, que la inversión de 450 millones de bolívares que se utilizará en obras para el rescate del territorio surlaguense en lo social y productivo y que redundará en un aporte muy importante para nuestra seguridad agroalimentaria.

El poeta francés Jean de la Fontaine dijo “Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda” porque, en muchos casos la moda misma es sinónimo de estupidez. Pero esta “moda”, que afecta o puede afectar a la mente de un grupo importante de personas (sobre todo jóvenes) se combate con los ya relegados valores familiares, acompañado de una educación liberadora y que esta interacción permita desde la infancia hasta la adultez, conocer el justo valor de las cosas cuando se tienen o no y de crear una actitud pensante de cuáles son nuestras necesidades sentidas y las que nos hacen sentir mal, sin ser necesarias.

Y como recomendación final, les manifiesto que no hay como el agua fría recorriendo el pecho y un buen trote en la plaza, para mantener de manera natural todo en su lugar, hasta que el inclemente tiempo y la combativa gravedad, hagan lo suyo. Pero lo más importante es que este inevitable y natural evento que sucede en nuestro cuerpo, no afecte nuestra mente o nos haga menos felices, porque somos el ejemplo para nuestra imberbe descendencia. Pero, por si acaso, cómprese un rollito de cinta pegante y se amarra sus colgajos, sin que nadie lo note y ni su bolsillo y orgullo sufra. Es todo por hoy.



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Carlos J. Contreras C.


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