Plomo cerrado

Parlamentarias 2010, una batalla que continúa

La batalla en torno a las Parlamentarias 2010 no ha terminado. Se trata de un tipo de confrontación donde la victoria definitiva depende de los movimientos que hagan los ejércitos en pugna, una vez terminada la batalla que se suponía crucial y que no lo fue.

Las fuerzas revolucionarias pasaron de una posición institucional supuestamente hegemónica, la cual fue producto o secuela de la derrota histórica que sufrieron las fuerzas enemigas en la tetralogía golpe, sabotaje petrolero, guarimba y revocatorio.

El adversario se reagrupó, aprendió, introdujo ciertos correctivos estratégicos y con un poco de ayuda de nuestra parte (plantearle batalla sin estar suficientemente preparados como fue el caso de la Reforma), ha logrado retomar algunas de las posiciones otrora perdidas. Pareciera que el adversario ha aceptado que su meta (tumbar a Chávez) es a más largo plazo, aunque por naturaleza y por circunstancias tiene el imperativo de obtener lo más pronto posible una victoria decisiva. Recordemos la enorme necesidad energética que requiere el imperio y que cada día se hace más crítica, sólo por mencionar una causa.

Podemos concluir entonces que jamás nuestros enemigos podrán tener de su lado la suficiente paciencia estratégica que garantice la eficacia de sus movimientos. Están condenados a cometer graves errores y nuestra estrategia debe centrarse en facilitarle tal situación. Que pisen muchos peines, parafraseando a Zamora.

Esto es un factor que hay que aprovechar al máximo partiendo de las posiciones ventajosas que a todas luces poseemos: un reconocido liderazgo, un enorme ingreso petrolero, sólidas bases para montar un poderoso aparato productivo, un poderoso y unitario partido en construcción, un pueblo cada día más educado y consciente, un aparato mediático susceptible de dar un salto cualitativo, un planteamiento político-ideológico-concreto de largo aliento.

Es menester desenmascarar abiertamente la falsa moral de los seguidores de la contrarrevolución (y por ende, elevar la moral de los nuestros). Se impone destapar sistemáticamente ante la opinión pública la calaña de sus líderes. Una de los errores más graves que nosotros cometimos, fue el no haber puesto al descubierto en su momento, con lujo de detalles y personajes, toda la podredumbre de la Cuarta República. En cambio, como el que no hace le hacen, la mediática escuálida ha intentado, a lo Goebbels y con cierto éxito, descalificar a muchos de nuestros dirigentes.

Cual guerra, se impone destruir las “líneas de aprovisionamiento” enemigas. Sun-Tzu decía que cuando tu enemigo es muy poderoso, quítale algo que él aprecie y lo verás de rodillas. El dinero es lo que más aprecia nuestro enemigo. Por lo tanto, el dinero que reciben del exterior debe ser declarado ilegal y penalizado (en realidad representa una traición a la Patria), acompañando esta acción legal de la propaganda respectiva. Por otro lado, empezando por la Asamblea Nacional, siguiendo por los demás órganos institucionales e incorporando la función contralora del Poder Popular, se impone vigilar de cerca el uso de los recursos que por Ley se le asigna a gobernaciones, alcaldías y demás entes bajo control enemigo. Los medios comunitarios deben, como cañones, ser piezas destacadas en esta tarea. La corrupción debe ser perseguida con peculiar severidad (válido también para la quinta columna interna).

Por otro lado, debemos desarrollar una estrategia logística eficaz que permita mantener en un alto grado de operatividad, tanto a nuestros cuadros, a diversas estructuras del nuevo Estado comunal como, por supuesto, a los proyectos socio-económicos del pueblo. Es insólito observar a cuadros revolucionarios de base maltratados por el burocratismo; o frentes de lucha ideológica como los medios comunitarios abandonados a su suerte; o proyectos socio-económicos paralizados o a paso de morrocoy por la ineficiente planificación del uso de los recursos. Eso no se puede permitir más.

Por otro lado, debe dársele prioridad a la masificación de los proyectos socio-productivos, culturales y deportivos, en barrios y comunidades populares. Estos proyectos deben incorporar a la juventud y convertirse en escuelas técnicas e ideológicas que contribuyan, con el concurso de las políticas generales del gobierno revolucionario, a establecer la superioridad ideológica de nuestro planteamiento sobre la podredumbre ideológica capitalista. La sustentabilidad y sostenibilidad de las fuerzas revolucionarias (al moverse como pez en el agua) será una derivación lógica de esta política.

Es urgentísimo “liberar” inmediatamente, con el uso de la fuerza armada si es necesario (por ejemplo, de la misma milicia local y de la policía comunal), los espacios de nuestros barrios bajo control de un violento enemigo operacional a través del cual la burguesía y el imperialismo obstaculizan el desempeño socio-político de nuestras bases sociales de apoyo, sobre todo en las grandes ciudades del país. Estamos hablando de la delincuencia armada que actúa en los barrios estableciendo un verdadero toque de queda que impide el desarrollo político y comunitario de la gente sana, que es la mayoría. Entendemos que hay causas estructurales que originan este mal, pero no es menos cierto que la delincuencia armada, en el contexto de la confrontación histórica en que estamos, ha devenido, consciente o inconscientemente, en un factor político y como tal debe tratarse. Despojarlo del sustrato político para tratarlo como un mero fenómeno social es, desde nuestro punto de vista, una ingenuidad. El problema es tan grave que, además de inmovilizar al pueblo que ya es bastante grave, existen zonas populares donde la delincuencia armada, en especial el narcotráfico, se ha establecido abiertamente como poder político y hasta se encarga de impartir “justicia” en la comunidad. Esta situación facilita y retroalimenta la penetración paramilitar colombiana.

Debemos promover el surgimiento de cuadros populares que asuman el liderazgo comunitario, desplazando a nivel ideológico la influencia burguesa sobre líderes en formación, y también y no pocas veces, a personeros “populares” especialmente descompuestos. En esta tarea el PSUV tiene un rol fundamental. Por ejemplo, la Patrullas Socialistas, ¿dónde están? ¿en realidad se reúnen y discuten los asuntos prácticos e ideológicos de la revolución? ¿están las Patrullas diagnosticando su entorno inmediato? ¿son las Patrullas faros ideológicos insertos en el tejido social? A nuestro entender, el núcleo fundamental de la Patrulla Socialista debe reducirse a cinco camaradas con participación ampliada no obligatoria y reactivar la figura del Batallón como agregación de Patrullas. En fin, buscar una figura organizativa que impida la elitización del partido pero que tampoco lo coloque funcionalmente a la cola de los sectores menos militantes o lo convierta sólo en una maquinaria electoralista o de cualquier otra índole. Esto último es lo que creemos está pasando, con sus honrosas excepciones. La dirigencia media y nacional del PSUV debe montarse en revisar como está la organización y como está el proyecto de Escuela de Formación, desde abajo hasta arriba y por los lados. Si es necesaria una reorganización profunda, que se haga.

Hay que evitar que el enemigo gane la calle. Esto no implica el prohibirle su derecho a la manifestación. Implica que nosotros pongamos el acento en la acción de calle para romper probables estancamientos. Implica que la acción institucional, dentro de la política de pueblo legislador, debe transformarse en motora de la movilización popular de calle. Esto es crucial. Por ningún motivo debemos perder la calle. En este sentido debemos actuar tipo guerrilla. Pequeñas, insistentes y precisas movilizaciones populares en torno a sitios neurálgicos, que hostiguen al adversario sin provocar enfrentamientos inútiles, ayudando a acumular fuerzas. Utilizar la iniciativa y la sorpresa, aplicarle al adversario los elementos de la guerra de baja intensidad. Dejar las movilizaciones nacionales sólo para ocasiones especiales, pero tampoco abandonarlas. Hay que considerar como una forma de movilización las huelgas y protestas obreras contra empresas particularmente explotadoras, pertenecientes a la esfera burguesa y pro-imperialista, así como las movilizaciones campesinas para terminar de sepultar al latifundio. Cada ataque de la jerarquía católica debe ser respondido por el pueblo católico revolucionario en la calle o en las iglesias. Cada ataque mediático, debe ser respondido con protestas masivas pacíficas a sus puertas. Los estudiantes sin cupo deben movilizarse ante las elitescas universidades del sector público. Que el pueblo aprenda que el socialismo se conquista peleando y que no cae del cielo o desde un Estado paternalista. La fase próxima que se plantea el enemigo es tomar la calle. No hay duda. La estrategia es disuadirlos con demostración de fuerza y movilización popular.

El Comandante-Presidente lo ha dicho, entre líneas. Si la contrarrevolución no hace el daño ahora, no estará en capacidad de hacerlo después debido a la cantidad de planes por desarrollar y a las bases ya echadas para emprender estos planes. Ellos lo saben, agregando presión a la estrategia enemiga que eventualmente mostrará sus puntos flacos por donde contraatacarlos. Sin embargo no podemos dormirnos porque las revoluciones no son determinaciones, son realizaciones de colectivos humanos altamente concientizados y motivados.

PATRIA SOCIALISTA O MUERTE, VENCEREMOS

luis2000aponte@gmail.com


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