¡Salvemos a la civilización!

El hecho de que se hayan creado y, después, acumulado las armas nucleares y los vectores, por encima de todo límite razonable, da las condiciones para que la Humanidad pueda en lo técnico poner fin a su propia existencia. A su vez, la acumulación en el mundo de material explosivo de carácter social y el querer seguir resolviendo los problemas por la fuerza, por procedimientos propios de la edad de las cavernas, en un mundo totalmente cambiado, hacen posible la hecatombe en lo político. La militarización de las mentes, del modo de vida, debilita, y hasta podría eliminar, los frenos que en lo moral impiden el derrape hacia el suicidio nuclear. Hay algo que no podemos olvidar: el primer paso hacia eso, el más arriesgado, ya se ha dado. El arma nuclear ya se ha utilizado contra el ser humano, y dos veces. Se han establecido documentalmente y reconocido decenas de casos —insistimos, ¡decenas!— en que se consideró seriamente la posibilidad de utilizar esas armas contra otros Estados. Me refiero a ello para mostrar lo cerca que ha estado la Humanidad de un trance sin retorno.

La Primera Guerra Mundial conmovió a sus contemporáneos por la magnitud de los sufrimientos y destrucciones, por la crueldad y el indiscriminado carácter de los medios técnicos de exterminio. Pero por horribles que fueran las heridas causadas en ella, la Segunda Guerra Mundial superó con creces todos los records de la Primera, si en ese caso es válida tal palabra.

Ahora, un solo submarino estratégico porta un potencial de exterminio varias veces superior al de toda la Segunda Guerra Mundial. Y de ese tipo de submarinos hay ya muchas decenas en los mares del Planeta Tierra; además, los sistemas nucleares no quedan reducidos a los sumergibles. La imaginación es incapaz de concebir el infierno, negación del concepto mismo de lo humano, que se produciría si llegara a ponerse en juego una pequeña parte del actual potencial nuclear.

El imperialismo sionista norteamericano anuncia con bombos y platillos que retirarán la mayoría de sus contingentes militares de Irak. No hay castigo para estas hienas aberrantes que asesinaron a más de un millón de personas inocentes; asolaron y destruyeron ese país cuna de la cultura de la civilización, ¿Quién pagará por todo eso? ¿Nadie levantará su voz?, ¿qué nos pasa a los seres humanos? Pero, ¿qué pasa con la vieja Europa? Será verdad la sentencia lanzada contra ella por el don profético de Fedor Dostoievski, que nos enseña a leer con mirada sabia en el boscaje de las almas, que trazó infinitos caminos hacia esta verdad última de que vive el hombre de hoy y nos entregó una medida nueva para medir la hondura de la Humanidad. ¿Qué es Europa? “Un cementerio donde hay tumbas lujosas, pero apestantes de podredumbre, y cuyos despojos no sirven siquiera de estiércol para la nueva siembra”. “Los franceses son unos fatuos y vanidosos; los alemanes, un pueblo vil de salchicheros; los ingleses, son unos mercachifles del sentido común, una raposa artera vil y traicionera; los judíos, orgullo apestoso. El catolicismo, la doctrina de Satanás, ludrubio de Cristo; el protestantismo, la fe de un Estado de razonadores. El Papa, Satanás bajo la tiara. Con todas las ideas de Europa se podría formar un ramillete, seco, marchito, bueno para dejarlo pudrirse en el estiércol”. La otra pregunta es; ¿a dónde trasladarán el imperialismo sionista norteamericano esas tropas que dicen retiraran de Irak?

El Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica quiere desencadenar una Guerra contra la República Islámica de Irán; contra la República Democrática de Corea del Norte, y, también amenazan con invadir a Venezuela. Existen estructuras regionales (ya que desafortunadamente la Organización de las Naciones Unidas no sirve para nada) o de otro género para los contactos intergubernamentales y sociales, que antes no había. En resumidas cuentas, prosigue la búsqueda política de una vía que permita sacar a la comunidad mundial de la “lógica” viciosa que condujo en otras épocas a las guerras. Después de una guerra nuclear desaparecerían todos los problemas, no habría quien se sentara no ya a la mesa, sino ni en torno al tocón, ni a la piedra de las negociaciones. De un diluvio nuclear no se salvaría ni una nueva arca de Noé. Puede que la razón se lo haga comprender a los imperialistas. Aunque hay que tomar conciencia de otra cosa: no cabe esperar que “todo se arregle por sí mismo”, pero todavía en el mundo imperialista no son pocas las personas que piensan precisamente así. No se debe postergar más el asunto; hay que poner las relaciones internacionales, la conducta de los Gobiernos y los Estados a tono con las realidades de la era nuclear.

Sí, efectivamente, la cuestión se plantea así: o las mentes políticas se ponen a tono con las exigencias de la época, o la civilización, y la vida misma en la Tierra, estarán en peligro de desaparecer. En toda labor humana —sobre todo, en política internacional— no se puede perder de vista la contradicción que hoy se impone a todo: entre la guerra y la paz, entre la existencia de la Humanidad y la extinción. Hay que hacer todos los esfuerzos para resolverlos a tiempo a favor de la paz. De que hallemos fuerzas y valor para sobreponernos al peligro que encierra en sí el mundo actual, dependerá no sólo el progreso, del género humano, sino hasta su propia existencia. Y así debe ser, porque estas ideas tienen que ver con lo más importante que puede haber en lo más vital: cómo salvar el futuro de la Humanidad.

En este complejo y contradictorio mundo de hoy, que se encuentra en una encrucijada, se requiere nuevos enfoques y nuevos métodos para abordar los problemas internacionales. Rechazamos el derecho de los dirigentes de cualquier país, sea Los Estados Unidos u otro, a dictar pena de muerte contra la Humanidad. Ellos no son jueces, ni los miles de millones de seres somos delincuentes merecedores de castigo. Por eso es indispensable quebrar la guillotina nuclear. Las potencias nucleares deben salir de su sombra nuclear para entrar en un mundo sin armas nucleares, y así poner fin al abismo que separa la política de la moral humana.

¡Yanquis Ho Home!

¡Liberta para Gerardo!

¡Libertad para los cinco Héroes de la Humanidad!

Salud Camaradas.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria Socialista o Muerte.

¡Venceremos!

manueltaibo@cantv.net



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Manuel Taibo


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