Diosdado acusa

Diosdado, días atrás, acusó la proximidad de una campaña de desprestigio contra uno de los chavistas más simbólicos, Rafael Ramírez. Dice Diosdado, un hombre serio, creíble, que será una campaña similar a la sufrida por él. Presumimos que se dirán barbaridades en Europa y el Norte con eco en la canalla criolla. Veamos los resultados de la acusación de Diosdado.

 Asombroso: la alerta temprana no ha tenido repercusión. Ramírez parece abandonado por la Revolución, no hay la más pequeña muestra de afecto, ningún funcionario ha mostrado la mínima simpatía por este chavista, por este ser humano hoy amenazado por lo peor del Imperio. Este silencio tiene aroma a complicidad, ¿por qué?

Hay momentos en las Revoluciones en los que las individualidades dirigentes, destacadas, son arrastradas por el caudal de los acontecimientos. Ya no se pertenecen, sino a la historia; son sus víctimas, sus verdugos, instrumentos que ejecutan la sinfonía sin partitura de las circunstancias desaforadas que les son ajenas. En vano tratan de escapar, de imponer su voluntad: siempre el filo de la historia los alcanza y los somete a sus designios. En esas vidas de los predestinados se escribe el libro de la Revolución, su destino talla el sino de la Revolución, sus hechos bosquejan el futuro del proceso, son hombres históricos porque en sus vidas se resume la historia.

Ramírez es uno de estos hombres. Quiso retirarse, ir al anonimato, apartarse del crisol donde se fragua la historia del chavismo. Cree así ser disciplinado, leal, pero los dominantes y los traidores van allá a buscarlo, no le perdonan lo que él es. Para los dominantes no es suficiente la renuncia a su papel histórico, no es suficiente que se aparte, quieren aplastar lo que él puede hacer, y ser: quieren asesinar, ahora, al Chavismo revolucionario que debe ser cambiado por chavismo inocuo, capaz de vender al país a cualquier postor, pisotear la Soberanía.

Ramírez se fue lejos, a los fríos del norte; en silencio, van a buscarlo allá los imperiales y los mezquinos de adentro, nadie dice nada. Los musiues piensan en “un escarmiento a los revolucionarios”; sus antiguos “nocompañeros”, piensan: “un obstáculo menos”. No les fue suficiente que no criticara, que los acompañara en algunos dislates. Su posibilidad de un día denunciar la infamia y ser oído por el pueblo de Chávez, su posibilidad de conducir a los humildes que Chávez dejó en manos de “éstos” y fueron abandonados, esa posibilidad, lo hace peligroso, por eso hay que acabarlo. No basta que se aparte, hay que impedir definitivamente que regrese, hay que destruirlo física y moralmente. Diosdado alerta, y esa alerta es una acusación para todos nosotros: por callar los que debían hablar, por no hacer nada los que debían hacer; es una acusación a Ramírez por permanecer inmóvil, es una acusación al mismo Diosdado, decir y no actuar.

Nosotros tenemos diferencias con la actitud de Ramírez, no compartimos mucho de su conducta, pero ante todo sabemos que Revolución que no defienda a sus hijos es Revolución perdida. Por eso alzamos nuestra voz solidaria con este hijo de Chávez, revolucionario de estirpe, fiel con el Comandante, destinado a ser mucho más de lo que ya es, por eso lo persiguen, por eso le temen. Ojalá Ramírez, ojalá los auténticos hijos de Chávez un día eviten ser cazados como palomitas torcaces y asuman su papel de defensa del legado de Chávez, del Socialismo.

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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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