Embajadores de la Antidiplomacia: La oposición venezolana hace causa común con el uribismo en Colombia

Yo pensé que ya había visto todo lo más inverosímil de la oposición antichavista venezolana. Sin embargo la visita de una nutrida delegación de opositores venezolanos a Bogotá los pasados días 23 y 24 de noviembre, rebasó todo límite de lógica y coherencia política. La delegación venezolana estuvo integrada por una variopinta gama de rencauchados del antiguo régimen bipartidista: Eduardo Fernández y Antonio Ledezma, como figuras estelares, Marco Tulio Bruni Celli; Edmundo Gónzalez Urrutia (Ex Embajador y Jubilado del MPPRE); Felipe Sierra; Fernando Gerbasi (Ex Embajador y también jubilado del MPPRE); Agustín Berrios; Luis Emilio Rondón; Pedro Paul Betancourt; Ernesto Romero y María Angélica Correa (Periodista). También se estaba previsto la presencia del precandidato opositor Leopoldo López, pero quizás una voz esclarecida de su equipo le advirtió de los inminentes riesgos de tomarse una foto con el ex hombre fuerte de Colombia, Álvaro Uribe. Todos ellos invitados por una especie de centro de pensamiento llamado “Internacionalismo Democrático” promovido por el Señor Uribe y su cuestionado asesor José Obdulio Gaviria (Es importante recordar que en un momento dado hasta el congreso estadounidense le reprochó a Uribe la presencia de este personaje en su gobierno).

Sus discursos no pudieron ser más obvios y predecibles: cambio de régimen, transición, ataques a la fuerza armada bolivariana, descalificación del arbitro electoral y la misma muletilla opositora de cada elección: “Ganaremos y Cobraremos”. Revanchismo del más puro y duro. Sin embargo el hecho al cual hoy quiero referirme es al rol que jugaron en este contexto dos personajes: los señores Edmundo Gónzalez Urrutia y Fernando Gerbasi, ambos Ex embajadores jubilados del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores, pero que además en su momento sirvieron como enviados diplomáticos de primer orden al actual Jefe de Estado. Gónzalez, hoy representante de asuntos internacionales de la MUD fue Embajador de Venezuela en Buenos Aires desde el año 1998 al 2003 y Gerbassi estuvo como Embajador en Bogotá y en Roma hasta el 2002. Por ello resulta más que risible que ambos personajes se presenten ahora sin ton ni son, como paladines del antichavismo devenidos en dirigentes políticos, proselitistas de salón.

Uno como humilde observador puede entender que la dirigencia opositora que fue a Bogotá a comer ajiaco y conocer el Monserrate, no cuente con la suficiente cultura política y menos aún la memoria histórica para entender la delgada línea que separa a Venezuela de Colombia en lo que al discurso y praxis política se refiere, así como las complejidades y diferencias sustanciales de ambas sociedades. Pero no se entiende esto en dos hombres formados en las lides de la diplomacia y el trajinar de los asuntos internacionales. Ir de Caracas a Bogotá a sentarse con uno de los exponentes más recientes de un feroz anti-venezolanismo xenófobo en Colombia, como Álvaro Uribe, sin mencionar su ya cuestionable reputación en temas del manejo de la cosa pública, es harto decir. Quizás ambos ilustres ex funcionarios olvidaron que fue durante los dos últimos años de gobierno de Uribe cuando se alimentó en Colombia el más descarnado odio contra sus vecinos, en especial contra Venezuela. Si mal no recuerdo en aquellos tiempos, hasta el Ex Canciller Bermúdez, hizo el ridículo con una especie de “advertencia a viajeros” recomendándoles a los ciudadanos colombianos abstenerse de ir a Venezuela (primero debieron de darse una vuelta por Cúcuta y Maicao a ver como hacían cumplir ese normativa). Este hecho quizás solo tiene precedentes en los tiempos de la hegemonía santanderista tras la disolución de la Gran Colombia, cuando el General Urdaneta y todos los partidarios del partido Bolivariano fueron perseguidos y ajusticiados.

Es probable que los Excelentísimos se defiendan de mis apreciaciones argumentando que la posición de Uribe es una posición frente al modelo de Chávez y su injerencia continental y bla, bla y bla. Sin embargo las frases del ex presidente hablan por si solas. Basta citar su más reciente declaración en una entrevista para RCN: Siempre han encontrado en Venezuela y en este Gobierno venezolano refugio amable, sin riesgos. (Venezuela) es un refugio de terroristas de nuestra patria..." Es decir para el dirigente colombiano “siempre” Venezuela ha sido refugio de los enemigos de su Patria. Por lo visto a nuestros ex diplomáticos poco les interesa si el verbo incendiario y chovinista de Uribe maltrata el nombre de nuestra Patria (sí la nuestra, Venezuela no la de Uribe) y nos coloca ante los ojos sus electores y del mundo como la causa de los todos los males de la hermana república.

Pero esta aberración va más allá. Gracias a una filtración de los diálogos a puerta cerrada de la delegación antichavista con el Señor Uribe, la opinión pública pudo conocer la naturaleza servil de un proyecto opositor entregado ya abiertamente y sin rubor a las causas más oscuras del continente. Increíble pero cierto, lo que siempre se dijo se comprobó: Álvaro Uribe Vélez, estaba allí al frente lanzándole línea directa a la MUD como un verdadero jefe político. El ex presidente los instruyó a encarar al jefe de estado colombiano, su otrora pupilo, Juan Manuel Santos, y a reclamarle públicamente su decisión de mantener relaciones normales y cordiales con Venezuela. Pero aún fue más allá y les exigió a nuestros obedientes opositores “que le hagan un reto a Santos”. Ante esta triste demostración de escasez de soberanía política de estos dirigentes de oposición, no queda más que sorprenderse. Creo que los “ilustres” ex embajadores estaban llamados a orientar a esta delegación e ilustrarles un poco sobre lo que es la razón de Estado, la simbiosis fronteriza de dos países tan singulares como son Venezuela y Colombia, la imbricación sociocultural entre venezolanos y colombianos, pero también las necesarias distancias que nos separan de Colombia en lo que a su evolución política se refiere. El dirigente Liberal Horacio Serpa, definió en una oportunidad a Colombia y Venezuela como “hermanos siameses”; es decir, biológicamente interdependientes pero conductualmente diferentes.

Pero más allá de las razones socio-políticas se debe imponer también los aspectos que se entienden como las “Razones de Estado”; Sí ese tipo de conceptos básicos que gente que se precie de haber ejercido funciones diplomáticas debería entender y manejar. Ese tipo de conceptos que llevaron a Richard Nixon a darle la mano a Mao en 1972; Aquello que hizo que los europeos después de dos guerras mundiales depusieran odios e iniciaran el proceso de integración europea (hoy en crisis por cierto) y así una infinidad de ejemplos carburados por esas razones que enseñan que todo cuanto atente contra la existencia o integridad del Estado-Nación es nocivo y que por tanto se debe neutralizar mediante la negociación y la diplomacia, ya que el costo del conflicto sería insoportable. Fue esa misma razón la que evitó que en 1987, la Fuerza Área Venezolana hundiera en las primeras de cambio la fragata colombiana “Caldas” en el Golfo de Venezuela. Son aquellas situaciones entre Estados en las cuales las posiciones de “suma cero” nos llevan al conflicto, luego a la guerra y finalmente perdemos todos: los de allá y los de acá.

Sin embargo, alguien con sindéresis en la oposición trató de atajar el entuerto, y el día 25 de noviembre, el Presidente de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, mandó (al menos en el discurso público) a Uribe a ocuparse de sus asuntos con Santos y destacó lo positivo que era para ambos pueblos la mejora de las relaciones binacionales. Pero ya era muy tarde, el mal ya estaba hecho y se les vio toda la costura. Ni Gónzalez Urrutia, jefe internacional de la MUD ni Gerbasi, quien dos veces fuera Embajador en Bogotá le advirtieron a los opositores las nefastas implicaciones de involucrar a Uribe en asuntos internos venezolanos y menos aún de involucrar a la MUD en la compleja política interna colombiana.

En las relaciones internacionales hay un viejo dicho que reza así: “en la diplomacia no hay amigos ni enemigos sino intereses” pero al parecer nuestra oposición prefieren en lo internacional practicar una suerte de antidiplomacia en la cual se cultiva las amistades peligrosas por encima del interés nacional de Venezuela y eso tiene sus costos. Seguramente ese costo para la oposición será electoral.


Robinson Zapata T.

 

Internacionalista



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